Mestizos, de Stephen Graham Jones

MestizosEntre los monstruos que la sociedad casi asocia más al mundo del cine que a la literatura destacan Drácula o el de Frankenstein. Mientras, otros han ido quedándose por el camino en los últimos tiempos, como pueden ser la momia y el hombre lobo. Aun así, sea por aparecer en contadas películas o por ser parte de la cultura popular, estos personajes siempre están entre nuestra referencias.

Este era uno de los pensamientos que me rondaban la cabeza al entrar en Mestizos, la novela de Stephen Graham Jones que ha publicado Biblioteca de Carfax y en la que desde el primer momento acompañamos a un personaje de una familia de hombres lobo y su complicada supervivencia. Porque este libro tiene varias tramas, pero la que planea sobre las demás es la manera de mantener el día a día cuando sufres esta particularidad.

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La joven ahogada, de Caitlin R. Kiernan

La joven ahogadaYa he comentado alguna vez cómo me apena lo ocurrido con Insomnia de Valdemar, el último intento sostenido de lanzar una colección centrada en el terror más o menos contemporáneo. Quizás porque sus dos primeros libros no eran los más adecuados para atraer al comprador, pero sobre todo porque la selección no ha sido la que uno esperaría de una colección de terror. Nada más lejos de intención quitar mérito a su equipo editorial; llevo leídos la mitad de los títulos y, salvo una pequeña decepción, me han parecido obras valiosas con un buen número de cualidades a destacar. Pero también la concepción del terror de dos de ellos (La guardia de Jonás y esta La joven ahogada) no se constriñe a lo que hoy en día se suele entender como tal. Una diversidad que hace de la heterodoxia su principal virtud… y su talón de Aquiles frente a un público aficionado adicto al sota, caballo y rey.

La joven ahogada es un artefacto posmoderno, la pseudo novela escrita por India Morgan Phelps (Imp) en la cual desnuda su pasado y su personalidad a través de una narración heterodoxa. Entre sus recuerdos de una etapa oscura de su vida se dan cita cuentos, biografías de artistas, posibles interpretaciones de sus obras o múltiples disgresiones sobre el arte de contar historias. Esto, que bien podría haber sido un guirigay incomprensible, queda férreamente dosificado por Caitlin R. Kiernan. El despliegue del relato, desde cuando Imp comienza contándonos la enfermedad mental de las mujeres de su familia hasta cuando el lector descubre todo lo que hay detrás de los extraños encuentros vividos en los años previos, se realiza a través de una secuencia en la cual apenas un par de capítulos en pleno ataque de locura pueden llegar a hacerse excesivos.

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