Worlds Enough & Time, de Dan Simmons

Worlds Enough & TimeA estas alturas de siglo XXI, con Dan Simmons ya por encima de los 70 y en pleno proceso de ver reeditados en España parte de sus libros, continúa siendo incomprensible la ausencia de traducciones de alguna de sus colecciones de relatos. El autor de Los cantos de Hyperion o La canción de Kali no se ha prodigado en el terreno breve tanto como en el de la novela, donde ha convertido el «tocho» en el centro de su labor. Sin embargo, incluso cuando escribe alejado de la excelencia de sus primeros relatos (Prayers to Broken Stones) consigue piezas notablemente urdidas, capaces de sacar un rédito considerable a temas universales como el sentimiento de pérdida o la muerte, una constante en su literatura. Algo de nuevo evidente en la lectura de Worlds Enough & Time, donde añade una dimensión que no pillará de improviso a los lectores de El Terror o la inédita The Abominable: la búsqueda de sentido a esas aventuras más grandes que la vida, hasta el punto de poner en peligro la propia existencia.

Worlds Enough & Time reúne cinco relatos largos/novelas cortas publicados entre 1995 y 2002. Al menos tres son ciencia ficción y pasarían a ser cuatro si se consideran como tal las historias sobre poderes mentales. Este predominio de la ciencia ficción frente al terror pone sobre aviso ya del cambio de tornas respecto a Prayers to Broken Stones y puede verse como una manifestación más de cómo el «veneno» de la ciencia ficción le entró fuerte a Simmons a finales de los 80 para quedársele en la sangre. La quinta pieza, «The End of Gravity», es un texto en la línea de lo que pudimos leer en «The Offering»; un tratamiento de guión para una película encargada por un productor ruso sobre las motivaciones de los cosmonautas que tomaron parte en la carrera espacial, sin conexión con ficciones previas y con una clara orientación mainstream. Quizás por esto se gane el derecho de ser lo más sorprendente entre el repertorio de Worlds Enough & Time.

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Viaje a Arcturus, de David Lindsay

arcturussHe de confesar que en lo que a literatura fantástica se refiere, soy anglófilo de pro. Siempre he tenido debilidad por los escritores de las Islas Británicas, autores por cuyas cabezas bullía lo extraño y maravilloso, aderezado con una considerable carga de mala leche y humor cabrón, todo ello escondido bajo una fachada de buenas maneras, formalidad y stiff upper lips. Aparte de la insularidad geográfica y mental, o la falta de luz solar que obliga a pasar el día metido en casa leyendo o en el pub cavilando majaderías para pasar el rato, la teoría más convincente es que la culpa de todo la tiene la influencia de Stonehenge y los túmulos, crómlech y pedruscos neolíticos varios que abarrotan las Cinco Naciones como catalizadores del pasado druídico, mágico y esotérico que ni los romanos pudieron dominar del todo. La religión y las convenciones sociales no pueden reprimir completamente este océano arcano del subconsciente que por algún lado tiene que salir, ya sea por lo artístico o por lo criminal. La tradición es larga, desde Jonathan Swift hasta M. John Harrison pasando por Mary Shelley, Lewis Carroll, William Hope Hodgson, Arthur Machen, Robert Aickman o J.G. Ballard, los escritores de las Islas están muy piraos y por tanto, molan. Y dentro de esta venerable tradición de escritores iluminados entraría el escocés David Lindsay y su asombroso Viaje a Arcturus.

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