Tiempo profundo

Tiempo profundo

Me gustan mucho las antologías temáticas; esa reunión de relatos y novelas cortas alrededor de una idea más o menos peregrina surgida de la mente del seleccionador de turno. Vale, muchas veces dan lugar a libros a la deriva por la proverbial irregularidad de las colecciones. Sin embargo cuando el antólogo está inspirado y, además de los Nombres (así, con mayúscula) o la voluntad de llegar a una cierta extensión, mantiene unos criterios de calidad y fidelidad a su punto de partida, consigue un volumen como este: una recopilación que sirve de inspirada presentación de lo que Luis G. Prado entiende por ciencia ficción trans.

Tiempo profundo transporta al lector hacia universos donde la humanidad ha trascendido su estado actual y domina su entorno a un nivel ahora apenas soñado. Se desplazan planetas o sistemas enteros y se controla el ciclo de las estrellas, acelerándolo o retardándolo a voluntad; las nanomáquinas recrean los mundos o el propio cuerpo con un coste mínimo; la personalidad se almacena o se transmite digitalmente permitiendo viajes por el vacío prácticamente sin gasto energético;… Gran parte de lo que, por ejemplo, Michio Kaku glosaba en La física de lo imposible elevado a la enésima potencia y presentado sobre un abismo todavía mayor: escalas colosales de tiempo y/o espacio. Entre dos párrafos los personajes se desplazan docenas de años luz, secuencias correlativas están separadas por cientos de millones de años, en un punto y seguido transcurren milenios… El famoso tiempo profundo establecido por Hutton en el siglo XVIII, estirado hasta lo indecible.

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Lo mejor de 2013

Una vez que C ha recuperado momentum, retomamos una idea que ya abordamos en los años 2007 y 2008: la habitual lista con los mejores libros de fantasía, ciencia ficción, terror, fantástico, raruno, protopeterpunk, llámelo X… publicados durante el año anterior en España. Hemos preguntado a docena y media de aquilatados lectores por una novedad que mereciera tal privilegio y escribieran un breve comentario. Diez de ellos aceptaron el envite y he aquí reunidas cada una de sus recomendaciones

  • Ad Astra – Peter Watts
  • Cuentos completos de J. G. Ballard
  • Cuentos para Algernon, Año I – Varios autores
  • El cerco de la iglesia de la Santa Salvación – Goran Petrovic
  • El ladrón cuántico – Hannu Rajaniemi
  • La bomba número 6 – Paolo Bacigalupi
  • La casa de hojas – Mark Danielewski
  • Máscara – Santislaw Lem
  • Osama – Lavie Tidhar
  • Reyes de aire y agua – Jesús Fernández Lozano

A pesar del limitado número de títulos seleccionados, el listado reproduce a pequeña escala el variado y heterodoxo espectro editorial: colecciones especializadas, proyectos personales amateurs, sellos «generalistas», iniciativas conjuntas de dos editoriales diferentes, editoriales grandes, editoriales pequeñas… Incluso tenemos un libro publicado originalmente en México. Por otro lado, seis de los diez títulos son colecciones o antologías de relatos. Como se ha visto en otras listas que se han ido publicando, caso de los premios otorgados por La tormenta en un vaso, 2013 ha sido un año especialmente marcado por el género breve. No tengo del todo claro si este entusiasmo de los “especialistas” es compartido por los lectores de base, pero la duda no resta importancia al hecho en sí: los aficionados a las distancias cortas estamos de enhorabuena, esperemos que por mucho tiempo.

Ignacio Illarregui Gárate

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El ladrón cuántico, de Hannu Rajaniemi

El ladrón cuántico

El ladrón cuántico

Como todo ser humano, tengo mis debilidades. En lo que a la literatura se refiere, una de las muchas recae en mi predilección por las editoriales que tienen una línea más o menos clara; sellos que dejan entrever la personalidad de su editor. Una «marca» que, sin ser excluyente, va más allá de la temática, de seleccionar novelas con premio o la búsqueda de meros pelotazos. Un compromiso con una visión de la narrativa, no presente en todos y cada uno de los títulos pero sí fehaciente en una mayoría suficiente, que invita a conocer libros sobre los que apenas tienes información.

Ya he hablado alguna vez de mi sintonía con la visión de Paco Porrúa y su Minotauro o con Alejo Cuervo, su etapa detrás de Martínez Roca o gran parte de los primeros años de Gigamesh. Y con independencia de las diferencias de criterio o los borrones que se pueden encontrar, me ocurre otro tanto de lo mismo con Luis G. Prado y sus sellos Bibliópolis, Marelle y Alamut. Además tiene algo que cada vez echo más a faltar en este mercado editorial repleto de retruécanos, medias verdades y colaboradores disfrazados de lectores de base que vocean y vocean como si no tuvieran relación alguna, sin ningún tipo de autocrítica. Acostumbra a hablar claro, dar los datos objetivos (que puede) y vender sus productos como lo que suelen ser.

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