Aniquilación, de Jeff Vandermeer

Aniquilación

Recuerdo que una reseña de Joan Carles Planells a la antología de Robert Bloch Escalofrrríos comenzaba con una frase del estilo: “Este libro debería titularse Bosteeezos”. Le he dado vueltas a cómo empezar este texto sobre Aniquilación con un chiste en la misma línea, a lo que el título de esta novela invita tanto como su contenido, pero temo que ninguna de mis ocurrencias estaría a la altura del maestro.

Me llama la atención lo poco que se ha escrito sobre lo que supone este libro. Porque es algo así como la respuesta desde el interior del género a bastantes tendencias imperantes. Porque, seamos claros: en un mercado editorial benévolo como nunca en la historia con los géneros fantásticos, George R.R. Martin es el único de la familia, de LOS NUESTROS, que ha pillado cacho de verdad. Que si Patrick Rothfuss, que si Suzanne Collins, que si Max Brooks; advenedizos a los que leen por todas partes gente que verdaderamente no entiende del asunto. Bueno, Sapkowski también es un poco de los nuestros, pero lo suyo sigue otro derrotero distinto.

El pedigrí de Jeff Vandermeer, que se lo lleva currando unos cuantos añitos, está en cambio fuera de toda duda: escribió en fanzines, está casado con la que fuera editora de Weird Tales, ha sido finalista de unos cuantos premios del género e incluso ha ganado alguno. Hasta ha enseñado en Clarion. Es, definitivamente, uno de los nuestros. Pero también es un tipo avispado. Así que ha construido un producto a medida para conseguir esos lectores de fuera, aprovechando además que tiene un pie muy bien puesto dentro. Como ha confirmado ganando el Nebula con esta novela.

El problema es que se le ve demasiado el plumero.

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El laberinto de la Luna, de Algis Budrys

El laberinto de la lunaEl laberinto de la Luna pertenece a uno de los subgéneros más atractivos de la ciencia ficción, al menos para mí: el de “hemos encontrado un sitio extraterrestre que ni idea de cómo va”. Más concretamente, a la línea “y, además, ojito que da calambre”. El ejemplo más conocido de esta temática es sin duda Picnic extraterrestre, la obra maestra de los Strugatski, y otras novelas memorables al respecto son Pórtico, de Frederick Pohl, o El hombre en el laberinto, de Robert Silverberg. Hay sentido de la maravilla en dosis puras tanto en el concepto de lo incognoscible de una inteligencia extraterrestre como en la ejecución del tema por parte de estos maestros.

Budrys pasó por allí antes. Esta novela es de 1960, y resulta tremendamente moderna en cuanto a su esquema y conclusión. No habrá las lamentables concesiones que Pohl llevó a cabo en las sucesivas continuaciones de Pórtico, los cada vez menos apreciables volúmenes de la Saga de los Heechees. Aquí tendremos un habitáculo extraterrestre (no un laberinto: los problemas en la traducción empiezan por el mismo título) cuyo misterio quedará abierto. Un lugar que se empeña en matar a la gente que entra en él de formas totalmente caprichosas.

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