¿Qué ediciones de clásicos de la ciencia ficción queremos?

El hombre en el castilloHace un par de semanas Ekaitz Ortega escribía en su blog sobre cómo una serie de editoriales enfoca la reedición de libros más o menos clásicos. En su argumentación comparaba dos posturas: la actualización de los originales mediante nuevas traducciones frente a las ediciones recauchutadas con traducciones provenientes de tiempos y/editoriales menos cuidadosos. Su casus belli: la nueva edición de los tres libros del Universo Bas-Lag de China MIéville por parte de Ediciones B recuperando los textos publicados por La Factoría de Ideas. Un ejercicio que comparaba a sostener un edificio de lujo con vigas defectuosas.

Mientras leía sus palabras no podía dejar de pensar en una exaltación a la enésima potencia de esta actitud: cómo algunas editoriales reimprimen de manera incansable traducciones con muchas décadas a sus espaldas. Libros que prácticamente ya nadie reseña porque o no interesan o, si llegaron a ser leídos (supongo), lo fueron durante la adolescencia y, por tanto, no se observan bajo la lupa aplicada a títulos más contemporáneos. (Pequeñas) Vacas explotadas sin piedad cuyos rendimientos no se utilizan para subsanar una edición en muchos casos poco admisible a estas alturas del siglo XXI. Una idea sobre la que ya he escrito en varias ocasiones, realimentada por mi reciente relectura de El hombre en el castillo en la traducción de Manuel Figueroa para Minotauro.

Tal y como se puede comprobar en la ficha del libro en La Tercera Fundación, esta edición de 1974 es la única en castellano y ha sido utilizada desde entonces en multitud de ocasiones. Un mínimo escrutinio de las primeras páginas deja al descubierto un texto vetusto y mohoso, pobremente vertido al castellano en el cual perviven anécdotas como que al Golden Gate de San Francisco se le llame la Puerta de Oro. Con pasajes confusos donde se hace difícil precisar si ya estaban allí (la redacción original de Dick podía ser caótica, cosa de no contar con la colaboración de editores tal y como los entendemos hoy en día) o se han colado por el camino. Basta testar las traducciones más recientes de este autor para apreciar la diferencia.

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Recomendaciones día de la lectura 2016

Día de la lectura

El sábado se celebra un evento marcado a fuego en el calendario por editoriales, autores y libreros: el día de la lectura. Una jornada en la cual los libros toman la calle para darse un pequeño y merecido baño de masas. Las novedades que apuntan hacia este momento son legión, preparadas para aprovechar el viento fresco de miles de compradores empujados por la efémeride, los medios de comunicación y el tradicional 10% de descuento.

Dispuestos a participar de la fiesta, hemos preguntado a un grupo de lectores sus recomendaciones entre libros de ciencia ficción, fantasía o terror. Para centrar esa tarea delimitamos la selección a una novedad, un clásico y un título “libre”, con flexibilidad en la interpretación de cada etiqueta. El resultado son 24 libros de muy diversa procedencia entre los cuales resulta fácil encontrar títulos tentadores para cualquier lector. Si alguien se siente atraído por nuestra propuesta y le apetece participar con sus sugerencias, los comentarios están abiertos. ¡Únete y añade tus recomendaciones!

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Planos del otro mundo, de Ryan Boudinot

Planos del otro mundoEn cuestión de poco tiempo, Pálido Fuego se ha transformado en una de mis editoriales de referencia. Gracias a la publicación de Vollmann, Coover, Wallace y un interesante abanico de autores, muchos desconocidos para mí, me mantengo atento a su catálogo y las novedades por las que apuestan. Del autor de Planos del otro mundo, Ryan Boudinot, no conocía nada, lo mismo que de una obra en cuya contraportada se compara con casi una veintena de referencias que van desde Chuck Palahniuk a Philip K. Dick, China Miéville o los hermanos Coen. En fin, de vez en cuando apetece entrar a ciegas en una novela.

Leer Planos del otro mundo exige abandonarse a la narración y creer en la historia desde las primeras páginas. En el primer capítulo se presenta a Woo-jin, campeón mundial de lavaplatos que trabaja en una franquicia de hamburguesas y vive en un lugar desolado de Norteamérica. Comparte caravana con su hermana, una mujer horriblemente obesa a la que pagan por extraerle componentes de su cuerpo. Una tarde al regresar del trabajo encuentra un cadáver y, tras informar a la policía, al día siguiente vuelve a encontrar el mismo cadáver. En realidad es otro distinto, pero según la autopsia es idéntico al primero; en la hora de la muerte y cada detalle de su cuerpo es una réplica exacta.

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Terra Nova vol. 3

Terra Nova vol. 3El tercer volumen de Terra Nova, publicado hace aproximadamente medio año, supone en algunos aspectos un avance respecto al volumen anterior. Por ejemplo a la hora de atraer la atención de sus posibles compradores, con una ilustración de cubierta bastante más adecuada para un público alejado del (micro)fandom. Sin embargo, en lo que a la selección se refiere, la cosa me ha parecido más desigual. La mitad del volumen se fía a tres relatos largos/novelas cortas, situados de manera consecutiva al final y gran parte de la valoración está condicionado por la impresión que produzcan. En mi caso particular, dos me han parecido tan tan flojos que han amargado mi percepción de la antología, con tres o cuatro relatos entre lo mejor de 2014. Especialmente por uno, sin duda entre lo peor publicado con diferencia y, para más inri, ganador de aquel curioso certamen ideado por los editores de la colección para dinamizar la participación de autores hispanos.

Comenzando por los no escritos en castellano, Terra Nova vol. 3 se abre con “El héroe” “El jugador”, de Paolo Bacigalupi. El autor de La chica mecánica explora la influencia que los padres tienen en sus hijos a través de un periodista de Laos emigrado a EEUU. Para indagar en esa conexión, encadena dos narraciones en paralelo: en la principal cuenta su labor mientras se relaciona con la redacción y las noticias, en un entorno donde el peso de las redes sociales y la interacción con los lectores lo domina todo. Mientras, en la “secundaria” se retrotrae a su infancia en Laos y la caída en desgracia de su padre; cómo sus principios estaban por encima de cualquier otra consideración. El clímax en este plano da pie a la resolución en la cual queda claro que es fiel hijo de su padre.

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Nocturnos de Viriconium, de M. John Harrison

Nocturnos de ViriconiumEste es el típico libro que te cuesta seguir, que no entiendes de la misa la media y, sin embargo, no puedes parar de leer. Oscuro, opresivo, denso, hipnótico… M. John Harrison en estado puro, en trámite de clausurar una de sus obras más conocidas y, a la postre, el clavo, la tapa y nueve décimas partes del ataúd de su futuro comercial en España.

Como los dos volúmenes anteriores, la mayor parte de sus doscientas y poco páginas contiene una novela. La última de la secuencia de Viriconium: “En Viriconium”; el contrapunto a “La ciudad pastel” y “Tormenta de alas”. Si aquellas, a su aire, mantenían una serie de características asimilables como fantasía heroica, ésta es arena de otro costal; una fantasía urbana deudora de J. G. Ballard y su manera anticlimática de tratar la realidad y los personajes en su deambular por cualquiera de sus paisajes urbanos o posturbanos.

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Sobre cómo hacer una edición en condiciones directamente para el mercado electrónico

Libros con destino

Libros con destino

Hace un par de semanas comentaba cómo no se debía hacer una edición directamente para el mercado del libro electrónico. Hoy quiero comentar un ejemplo mejor orientado que, creo, alumbra un posible camino para la edición en formato digital… si realmente existe un modelo de negocio viable. En este punto reconozco que me resulta complicado argumentar contra el gran miedo de la industria más reacia a entrar en él, debido los escasos libros en formato electrónico que compran las personas que conozco. No obstante o se entra ya a establecer el mercado, con todas las consecuencias, o se perderá de manera definitiva la oportunidad que se debía haber aprovechado hace cuatro o cinco años cuando arrancaba el tema. Pero me estoy aventurando en terreno pantanoso…

Fatalibelli es una editorial digital especializada en literatura de ciencia ficción, fantasía y terror que apuesta por un modus operandi en las antípodas del camino que siguen el 99% de las editoriales profesionales: nada de edición en papel, precio muy competitivo (alrededor de 5 euros) y fuera cualquier tipo de DRM (ese sistema “anticopia” que pone palos en las ruedas de los que quieren comprar libros fuera de los ecosistemas cerrados de Amazon o Apple). Además apuestan claramente por la narrativa breve de autores extranjeros, un formato particularmente interesante para la edición digital. Te llevas tu lector de 200 gramos, tu teléfono, tu tablet… y te lees un cuento en el trayecto de ida y vuelta al trabajo, mientras esperas a tu niño a la puerta del colegio, en esa media hora que tienes antes de dormir…

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Embassytown, de China Miéville

embassy

Embassytown

Ojocuidao!, la reseña que está a punto de leer destripa la novela sin vergüenza ninguna, revelando varios elementos claves de la trama. Si es de los que gusta de sorprenderse con los libros y de leer reseñas bien escritas, razonadas, sin faltas de ortografía y patadas a la entrepierna del castellano, por favor, no continúe .

Confieso que no soy seguidor de China Miéville, dato importante a tener en cuenta antes de que se decidan a seguir adelante. Quizá harían mejor en buscarse otra reseña en la que el autor sepa de lo que escribe, porque lo que les voy a contar no son más que opiniones sin fundamento e información nivel becario de periodismo. Verán, es que soy el típico lector resentido, La estación de la calle Perdido no me gustó. Hala, ya lo he dicho. Sí, tiene toneladas de ambiente y estupendas extravagancias de nueva carne victoriana, pero China no deja de restregártelas por la cara (¿cuántos sinónimos de “apestoso” tiene el idioma inglés?), y como argumentista me parecía pobre (la cansina sucesión de falsos finales resultaba eh, ejem, er, ¿cansina?). Algunas cosas molaban, como el concepto de jugar a ser Dickens en un Londres fantástico y decadente, pero la cosa no acababa de cuajar; bregar con la abigarrada prosa de Miéville era muy cansado y yo estoy ya muy mayor. Pues eso, que no me gustó. Y como soy consciente de mi edad, de que la vida pasa en un suspiro y que cada libro leído significa otro adoquín en nuestro accidentado tránsito a la otra vida, pasé de él y de todo lo que se publicase con su firma. La New Weird llegó detrás en tropel, piqué con varias obras, alguna me gustó, la mayoría no, y no presté mucha atención a la evolución del subsubsubgénero en general y China Miéville en particular.

Hasta que, por motivos profesionales, me encuentro con Embassytown. Una vez leída, la distancia temática y estilística respecto a Perdido es abismal. Estamos ante una incursión en la ciencia ficción setentera, humanista, la más interesada en las ciencias blandas, LeGuin sobre todo, quizá Tiptree Jr, con un pelín de  Gene Wolfe y sus reflexiones sobre el colonialismo, las palabras y su relación con la realidad (La quinta cabeza de Cerbero y el Libro del Sol Nuevo), y las novelas sobre el lenguaje y la estructura social de Watson (Empotrados) o Delany (Babel 17, Tritón). Ciencia ficción como ciencia ficción fantástica, es decir, empleando parafernalia de género para extrapolar y examinar un tema concreto desde la distancia y la extrañeza, como si se realizara un experimento con un sujeto en distorsionadas condiciones de laboratorio.

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City of Saints and Madmen, de Jeff VanderMeer

City of Saints and Madmen

City of Saints and Madmen

Hace unas semanas, leí un artículo que establecía un paralelismo entre el estado de Nueva Orleans tras las inundaciones del huracán Katrina y la ciudad imaginaria de Bellona tal como la describía Samuel Delany en Dhalgren, víctima de un cataclismo sin especificar y teatro de la disolución de la moral y las costumbres. Delany, pues, refrendaría la reputación profética del género irreal, convertido con el paso de los años, y en ocasiones como esta casi a su pesar, en una ficción bastante más relevante que cualquier sueño de sus detractores. Pero, por otro lado, Delany sería un precursor del empleo de la ciudad como escenario fundamental de mucha fantasía moderna, donde la urbe se convierte en un espejo de aspiraciones, en un reflejo surreal de nuestro medio ambiente cotidiano, desde la Viriconium de M. John Harrison hasta la Nueva Crobuzon de China Miéville o la Ambargrís de Jeff VanderMeer.

Ambargrís, como Bellona, es una «ciudad del miedo», obsesionada por el recuerdo de un hecho traumático, el «Silencio», en el que todos sus habitantes se volatilizaron durante una expedición fluvial de su gobernante y su ejército. El enigma, atribuible o no a los «gorras grises», habitantes originales de la ciudad exterminados durante la colonización y refugiados bajo tierra, pesa sobre la conciencia colectiva de los habitantes, y podría o no ser una de las claves de los estallidos de violencia durante el Festival del Calamar de Agua Dulce, celebrado cada año. El ambiente decimonónico y decadente de la ciudad, lleno de pintoresquismo grotesco, arquitectura ruinosa y secretos atroces a punto de revelarse, supone una creación única en el fantástico contemporáneo, por su manera de unir paranoia contemporánea y exquisitez anticuaria que no desentonaría entre los venerables abuelos editados por Valdemar en la colección El club Diógenes.

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