La casa del callejón, de David Mitchell

La casa del callejónAunque tiene novelas más convencionales, David Mitchell se ha labrado su fama a golpes de narrativa fragmentada. A partir de historias interrelacionadas en diverso grado ha articulado argumentos y visiones del mundo observadas desde una mirada tan heterogénea y fascinante como su enfoque de los géneros. Escritos fantasma, El atlas de las nubes y Relojes de hueso (que no he leído todavía) integraban una visión multipolar que, en cierta forma, ha marcado su carrera al mismo nivel que su esmero en la elección del narrador, su voz o el tono de su discurso. Este conjunto de pautas vuelven a ser esenciales en La casa del callejón, una novela construida a partir de cinco relatos separados por lapsos de nueve años, cada uno abordado por un narrador singular.

Mitchell entra de lleno dentro del territorio de las historias de casas encantadas al plantar en una ciudad inglesa una mansión de encaje imposible, inadvertida para el común de los mortales salvo en pequeñas ventanas temporales en las cuales se manifiesta para atraer a sus víctimas. Resolver el enigma detrás de Slade House, las presencias que la habitan, la naturaleza de sus víctimas y sus periódicas apariciones es la clave de una obra enormemente accesible.

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La maldición de Hill House, de Shirley Jackson

La maldición de Hill HouseMerced a sus adaptaciones a la gran pantalla (Robert Wise, 1963; la manifiestamente olvidable de Jan de Bont, 1999), La maldición de Hill House pasa por ser la obra más conocida de Shirley Jackson. Y junto a La casa infernal forma la dupla regente en el trono de la gran novela de casa encantada contemporánea. Tal consideración se debe a cómo manejan una serie de elementos recurrentes en estas historias: el grupo de investigadores reunidos para experimentar los sucesos paranormales; la caracterización de cada personaje se enriquece al ritmo de los encuentros con esas manifestaciones; se profundiza en el conocimiento del pasado de la mansión y sus antiguos habitantes… Sin embargo, a diferencia de la novela de Matheson (y los delirios de la adaptación de de Bont), La maldición de Hill House destaca por sus excelentes retratos psicológicos y su deliberada ambigüedad.

Dentro del grupo de exploradores de lo extraño, la posición central la ocupa Eleanor “Nell” Vance. Una mujer que vivió durante su infancia un supuesto suceso paranormal y, tras pasar años enclaustrada al cuidado de su madre, es incapaz de valerse por sí misma, sojuzgada a la voluntad de su hermana y su cuñado. Aunque La maldición de Hill House está contada en tercera persona, el narrador de Shirley Jackson sigue a Nell en todo momento. Es a través de ese acercamiento subjetivo mediante el cual entramos en contacto con el resto de personajes y sus experiencias en la mansión. Esta perspectiva deliberadamente sesgada fuerza al lector a preguntarse sobre la interpretación de numerosos acontecimientos, conversaciones o las relaciones entre unos personajes perfilados con maestría.

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