Las nieblas de Everness, de John C. Wright

Las nieblas de Everness

Las nieblas de Everness

Las Nieblas de Everness es el segundo volumen que cierra la duologia de La Guerra de los sueños, de John C. Wright. Lo primero que podemos observar en esta novela es el cambio en la edición respecto a la primera entrega. No sólo encontramos un nuevo traductor y una estilo de letra diferente –por cierto, mejorada–, si no que además la cubierta también «canta» si la comparamos con la primera novela… ¿O no? Porque aquí es donde empiezo a mirarme el libro con cierta suspicacia. Si uno busca un poco por internet puede encontrarse con dos diseños de cubierta diferentes dependiendo de en qué librería/tienda virtual busque el libro: un diseño siguiendo la línea del primer volumen, «fino», de un azul difuminado con la misma imagen que su predecesora… y otro –el que nos ocupa– de fondo negro, más basto, donde la imagen queda decapitada por arriba, el título y el autor se encuandran abajo… y que despide un aire como a incompleto. Lo más preocupante es que si miramos las páginas de las dos «versiones» diferentes vemos que un volumen tiene 384 páginas mientras que el otro 368. Así pues, ¿faltan páginas en una de las ediciones?

Pero mejor centrémonos en el libro, cosa que no es fácil. Estos días hará más o menos un año que leí El último guardián de Everness, la primera parte de esta duología que narraba la intensa relación entre el mundo de los sueños y nuestra realidad inmediata. Una aventura épica donde las fuerzas del mal, de la oscuridad, luchaban para entrar en nuestro mundo y donde una saga familiar estaba encargada de vigilar su llegada para despertar las fuerzas de la luz, las cuales según la profecía las vencerían. Nada de nuevo sobre la mesa pues, pero el hecho que un autor como John C., Wright, conocido más en el ámbito de la ciencia ficción, intentara dar una nueva visión sobre el eterno enfrentamiento del bien contra el mal, me llamaba la atención.

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El circo del Dr. Lao, de Charles G. Finney

El circo del Dr. Lao

El circo del Dr. Lao

Dándonos una vuelta rápida por las librerías podríamos llegar a la conclusión de que por fin disfrutamos de algo parecido a la normalización del mercado editorial de género fantástico. Al menos esa es la sensación que da la variedad de lo publicado en este momento –otra cosa es, ay, que se venda–. No sólo recibimos puntualmente las últimas novedades e hypes anglosajones, o lo más selecto del fantástico europeo incluido el del terruño, sino que además se están recuperando clásicos ocultos del género al-margen-de-dragones-y-elfos que uno pensaba que quedarían para siempre en el limbo de los inéditos o nunca reeditados: Entrebrumas, La nube púrpura, Riddley Walker, El tapiz del Sinaí y ahora ésta reedición de El circo del Dr. Lao –ya publicada hace muchos años por Bruguera–, la extraña y divertida novela corta de Charles G. Finney escrita durante los años de la gran depresión norteamericana.

En un caluroso y polvoriento mes de agosto llega a la insignificante ciudad de Abalone, Arizona, el circo del Dr. Lao. El acontecimiento despierta el interés de los habitantes del villorrio, microcosmos de policías ignorantes, funcionarios grises, abogados pedantes, inspectores de emigración, matrimonios de provincias, maestras reprimidas, fontaneros en paro y demás paisanaje. Todos se disponen a visitar el circo, pero sus expectativas de recuperar emociones vividas en la infancia se ven pronto defraudadas. Éste no es un espectáculo corriente: no hay payasos, ni acróbatas, ni malabaristas, ni elefantes amaestrados. En vez de eso se exhiben criaturas mitológicas supervivientes de una edad antigua y mágica: el famoso filósofo Apolonio de Tiana, adivinador y poderosísimo mago, un anciano sátiro, una Medusa, la Quimera, un huevo de Roc, una Serpiente Marina, un maravilloso Perro Verde, la Esfinge, y un oso. O un ruso. Incluso dispone de un picarón espectáculo de peepshow donde los adultos más atrevidos podrán ser testigos de cómo un gran dios africano recibe en sacrificio a una atractiva mujer noruega.

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El cura, de Thomas M. Disch

El cura

El cura

Tal vez sea el momento de poner fin a esta anomalía que rodea al juicio sobre Thomas M. Disch. Sí, a casi nadie se le escapa que es un gran escritor. Pero ¿en cuántas ocasiones se le coloca en el listado áureo de los grandes de la literatura fantástica? El cura viene a demostrar que Campo de concentración, 334, Los genocidas o En alas de la canción –menudo listado, caray– no fueron casualidades. Que el hecho de que la obra de Disch no tenga una continuidad fácilmente reconocible como la de otros autores más valorados no supone desdoro alguno a su trabajo; es más, quizá debería ser un jalón adicional para el reconocimiento.

Dicho esto, El cura, como será fácilmente deducible del arranque entusiasta, me pareció una obra tremendamente interesante. Y muy difícil de definir, como la mayor parte de las novelas relevante con elementos fantásticos que se publican últimamente. De hecho, esos elementos fantásticos de la obra ni siquiera queda claro finalmente que lo sean. Aunque se subtitule «novela gótica», El cura no es fácil de encajar como terror a la manera habitual. El calificativo gótico, sin embargo, resulta adecuado en una interpretación más literal, si nos dirigimos a la sustancia de su origen: sí que hay momentos desasosegantes, hay personajes siniestros que se acechan entre las bambalinas del relato hasta hacer notar su oscura presencia. También hay un cierre feliz, puesto que los finales abiertos y encogetripas son más bien un recurso contemporáneo, y en Maturin, Shelley o Lewis finalmente los malvados son castigados y los protagonistas dejan atrás, sin posibilidad de secuela, los peligros que les acechaban.

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El último guardián de Everness, de John C. Wright

El último guardián de Everness

El último guardián de Everness

A John C. Wright se lo conoce en este país por la trilogía La edad de oro, una serie de ciencia ficción publicada por Bibliópolis hace más de dos años que ha tenido buenas críticas y que, sinceramente, me atrae bastante. Ahora, de la mano de Berenice, nos llega su propuesta entorno a la fantasía: La guerra de los sueños, serie que consta de tres volúmenes y el primero es éste, El último guardián de Everness. Un título altisonante que esconde una historia de fantasía épica donde la imaginación del autor se vuelca por completo aunque de forma torrencial. Pero mejor me explico poco a poco.

El último guardián de Everness es la historia de siempre pero explicada con un toque personal. Me refiero a la vieja lucha entre el bien y el mal, la luz y la oscuridad, la virtud y el pecado. Galen Guarpasos es el último de los guardianes de Everness, que vigila día tras día la llegada del enemigo final a través de sus sueños. Cuando eso ocurra hará sonar el cuerno de plata que despertará las fuerzas de la luz y provocará la creación de un nuevo mundo, pues el viejo será destruido en la batalla definitiva.

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Dudo errante, de Russell Hoban

Dudo Errante

Dudo Errante

Casi sin hacer ruido e ignorada por la mayoría de la afición, apareció el año pasado en el mercado editorial patrio Dudo Errante (Riddley Walker) de Russell Hoban, el clásico intraducible de culto por excelencia y una de las más importantes obras de ciencia ficción del siglo XX, de esas que, según el perverso lugar común, «trascienden el género». No exagero. Aparte de recibir el John W. Campbell Memorial y figurar en Las cien mejores novelas de ciencia ficción de David Pringle, también aparece en el famoso Canon occidental de Harold Bloom y fue saludada por Anthony Burgess con un flamboyante «la literatura como debería ser ». Casi ná. A pesar de tantas fanfarrias la obra permanecía en el limbo de los inéditos hasta que la editorial Berenice logró convencer a Russell Hoban para que autorizara y supervisara la traducción de su obra, algo a lo que el propio Hoban se había negado siempre dada la dificultad –incluso sinsentido– de la empresa. Por tanto estamos ante la primera traducción de Riddley Walker a otro idioma que no es el inglés.

Publicada originalmente a principios de los ochenta, Dudo Errante es una vuelta de tuerca al clásico tema de la supervivencia de la civilización en un futuro postnuclear, alejado de casposos –y divertidos– guerreros de la carretera y más cercano a los planteamientos de clásicos como Cántico por Leibowitz. Escrita en primera persona en un idioma degradado, Dudo Errante narra la peripecia de un muchacho de doce años, Dudo, por los restos de una Inglaterra de dos mil trescientos años en el futuro. Una Enlaterra sumida en una nueva edad de hierro, donde la historia se ha convertido en mito y los Mistros ejercen la labor de gobierno y propaganda política, representando mediante guiñoles diferentes variaciones de la leyenda de Eusa, mítico personaje causante del Gran Pum y los malos tiempos que vinieron a continuación. El mismo día en que Dudo Errante accede a la vida adulta ve morir a su padre, heredando su puesto de nexo –figura de la tribu encargada de interpretar para el colectivo las representaciones de títeres– para acabar huyendo de su aldea, guiado por un extraño impulso tras encontrar un guiñol del Sr. Punch tirado en una zanja embarrada. A partir de ese momento trascendental, Dudo vaga por toda Enlaterra recorriendo los pasos del Zirqulo del Loco, enredándose en una nebulosa trama que recuerda a una primitiva carrera de armamentos tejida alrededor de la búsqueda del Poder arcano y destructor.

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