Recomendaciones lectoras para esta Navidad… o para cualquier otro momento

Ahora que estamos inmersos en esa pequeña bacanal del consumo llamada Navidad, alentada por las miles de listas con sugerencias para hacer regalos, no hemos podido resistirnos a poner nuestro pequeño granito de arena para contribuir a la recuperación económica. Hemos preguntado a siete aquilatados lectores (Elia Barceló, Gabriella Campbell, Eva Díaz Riobello, Julián Díez, Alfonso García, Santiago L. Moreno y Ekaitz Ortega) por tres libros para regalar, recibir, leer durante estas Navidades… o cualquier otro momento del año. Tres títulos que merezca la pena ser disfrutados independientemente de su género o su temática, la nacionalidad de su autor o la editorial en que estén publicados. El resultado son estas opciones de lectura, un listado en el cual la práctica totalidad de títulos están disponibles en papel o en formato electrónico. Esperamos que alguno de ellos sean un descubrimiento y podáis disfrutarlos en los próximos días, semanas, meses…

¡Feliz sol invicto!

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Bajo la piel, de Michel Faber

Bajo la piel

Bajo la piel

Isserley conduce por las carreteras de Escocia buscando algo que el resto de la gente acostumbra a evitar: autoestopistas. Con un cuidado extremo observa a los que se encuentra en su camino, da un par de pasadas por delante y, si cumplen sus requisitos, se detiene a recogerlos. Se pueden imaginar que poco importa el destino: siempre van en su misma dirección. Sin embargo su suerte no está todavía echada. Comienza entonces un análisis más exhaustivo. ¿Viven en familia? ¿Tienen trabajo? ¿Alguien los echará en falta si decide “llevárselos”? Mientras se inicia una conversación llegan los únicos fragmentos en los que el narrador se aleja de Isserley para centrarse en lo que observan sus “presas”; unos párrafos en los que somos más conscientes de sus singularidades. Su peculiar apariencia física; ese cuerpo recorrido por incontables cicatrices que apenas acierta a disimular; un busto generoso, siempre a la vista a modo de anzuelo; su directa y un tanto pueril forma de manejar la charla. Entonces, de vuelta a Isserley, llega el juicio definitivo. El momento de decidir si son o no apropiados; si existe o no riesgo en tomarlos; si debe apretar el botón escondido en el salpicadero del vehículo para dormirlos o si debe dejarlos en algún arcén de las Highlands sanos y salvos.

Este es el inicio de Bajo la piel. El relato de una práctica que se repite una docena de ocasiones, contada con la misma asepsia con la que su narrador observa los actos y pensamientos de Isserley. Hay mucha frialdad y claustrofobia detrás de su rutina y los rituales a los que se aferra en una realidad en la que debiera haber sido una presa y donde, sin embargo, medra como un eficiente depredador. Asimismo es un baluarte para sus compañeros, un trabajador indispensable del que dependen sus congéneres pero al que observan como un bicho raro. Llegar hasta su posición implicó demasiados sacrificios.

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