La clave de una estructura

Refugio El Gobalar

Hay vacíos elocuentes en estas historias. En los cuentos “El hombre que volvió”, de James Tiptree, Jr.; en “Savior”, de Nancy Kress; y en la novela Apocalipsis suave, de Will McIntosh. En estos textos presenciamos esa locuacidad de la elipsis. Pero también la paciente minuciosidad de los autores, su contención narrativa.

Los tres jalonan su narración con grandes espacios en blanco, con inmensos y sugestivos intervalos elípticos que el lector rellena en su imaginación. Cada hueco es un salto al futuro. Esta estructura narrativa le permite al autor acelerar el ritmo y decidir qué es lo relevante, para nosotros, en el transcurso de la historia. Pero también tiene que saber medir el peso de lo que narra para que todo quede compacto y tenga sentido, para que el relato, con sus huecos, se sostenga –equilibrado– con la colaboración activa del lector. El sentido de la maravilla varía así con cada uno de nosotros.

Especialmente útil es este tipo de estructura intermitente para las historias postapocalípticas. Como lo postapocalíptico es algo que se arrastra en el tiempo, esta estructura multiplica el impacto del derrumbe, va pautando el creciente declive de la civilización. La gracia de estas historias es ver cómo evoluciona todo. Si, por ejemplo, la película Un lugar tranquilo, de John Krasinski, hubiera seguido por esas vías en lugar de estancarse en una casa –literalmente– más sentido de la maravilla, más aventura y supervivencia hubiéramos visto. Más futuro destrozado. Esos vacíos agigantan lo (poco) que vemos.

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Los Mandible, de Lionel Shriver

Los MandibleUn minuto antes de la oscuridad, Apocalipsis suave, Cenital… las novelas sobre un colapso surgidas al viento de la última crisis económica han sido numerosas y variadas. Entre todas he encontrado el mayor atractivo en las centradas en las catástrofes personales, aquellas con el foco puesto sobre la parte de la historia que, creo, permite un desarrollo más equilibrado y cercano. En esta vertiente se puede encuadrar esta novela donde Lionel Shriver parte de una futura debacle económica de EE.UU. para radiografiar su impacto sobre una familia de clase media-alta de la costa Este: los Mandible. Cuatro generaciones que le sirven a la autora de Tenemos que hablar de Kevin para tratar nuestra propia postura ante los avatares socioeconómicos de los últimos años a través de los grupos de población claves: los promotores, los baby boomers, los milennials y los hijos de estos últimos, destinados a sobrevivir en unos EE.UU. que poco tienen que ver con los que conocieron sus abuelos.

Shriver sitúa Los Mandible dentro del campo de la literatura prospectiva. La mayor parte de su extensión tiene lugar en un período de un par de años a partir de 2029, el momento en el cual el país padece la decisión de un grupo de potencias extranjeras de abandonar el dólar como moneda patrón. Las medidas articuladas para capear la tormenta monetaria se vienen abajo y el presidente toma esa decisión tan debatida cada vez que Grecia necesita renegociar las condiciones de su rescate: no pagar su deuda soberana. Desde ahí la trayectoria es un cuesta abajo y sin frenos, paños calientes ni medias tintas mientras EE.UU. se convierte en un estado fallido donde cualquier parecido con el actual estatus quo es mera coincidencia.

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Apocalipsis suave, de Will McIntosh

Apocalipsis suaveLos futuros cercanos tortuosos atraen más que los luminosos. Sin conflicto no aparece la tensión y sin esa tensión la historia importa menos que el decoro en una fiesta organizada por Freddie Mercury. Basta observar lo ocurrido con las utopías, tan de moda a finales del siglo XIX, tan vestigio de una época pretérita ahora tenida como escasamente narrativa por el gran público… en el caso que el gran público se acerque a ellas. Mientras las novelas sobre el fin del mundo han perdurado hasta auparse como una de las temáticas más arraigadas y exitosas.

Si se atiende a la evolución del género en los últimos 30 años, es curioso cómo con el auge del cyberpunk a mediados de los 80, aquel futuro oscuro de ciudades superpobladas, control por corporaciones opresivas y catástrofes ecológicas de diversa índole era capaz de espolear una ligera fe en algún tipo de salida a sus particulares ratoneras. Sus mundos estaban en pésima forma pero a la civilización parecía quedarle cuerda. Con el nuevo milenio, esta perspectiva se ha cubierto de un pesimismo creciente. Una vez dejado atrás el pánico a la bomba vivimos los años del hundimiento energético, el cénit de las pandemias, el apocalipsis zombie… Ya sea por el afán de hacer proyecciones verosímiles o conjurar los miedos dominantes, el colapso goza de la salud de Mick Jagger.

La premisa de Apocalipsis suave es contar esa crisis huyendo de acontecimientos catastróficos. Relatar la caída de la civilización en EEUU, y por extensión todo occidente, a la manera de un pequeño deslizamiento de tierras. Desde un futuro cercano sumido en una permanente crisis económica hasta la creación de una comunidad capitidisminuida donde los residuos de nuestra sociedad tienen la oportunidad de perdurar en un porvenir incierto con la única certeza de la reducción de expectativas.

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