Los navegantes, de José Miguel Vilar Bou

Los navegantes

Los navegantes

Cuando se habla de fantasía épica es habitual que se expresen algunos reproches contra el exceso de tópicos y convenciones. Es cierto que la mayoría de novelas de este género, en mayor o menor grado, tienden a idealizar personajes y situaciones, a respetar tabúes relacionados con el lenguaje utilizado y la ausencia de escenas sexualmente explícitas… Aunque tengan mala fama, estas convenciones no siempre son negativas. Se trata de recursos que se han impuesto porque se ha comprobado que funcionan, aunque a veces se abuse de ellas. Por lo demás, las convenciones se pueden romper y de hecho se rompen. Son muchos los autores que han adoptado unas técnicas narrativas más modernas desde el respeto a la esencia del género. Sin embargo, pocas novelas debe haber que rompan las convenciones de la fantasía épica de forma tan radical y decidida como Los navegantes.

La novela cuenta la historia de la invasión de Arialcanda por parte del ejército colonial del Imperio Trinisanto. Dirigidos por el ambicioso y megalómano Virrey Veritám, los trinisantos cuentan con ayudas mágicas como la de unos repugnantes seres creados a partir de cadáveres. Frente a ellos, una ciudad antiquísima, considerada sagrada y desconocedora por completo de la guerra. Como Arialcanda es obviamente incapaz de defenderse a sí misma, los reyes vecinos envían en su defensa, más por acallar las críticas por su pasividad ante los trinisantos que por convicción moral, un reducido ejército de criminales y desheredados, destinado a ser despedazado fácilmente por la máquina de guerra trinisanta. Arialcanda está condenada a caer, pero las atrocidades perpetradas por los invasores acabarán despertando el espíritu de lucha de sus habitantes.

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253, de Geoff Ryman

253

253

Un tren parte siguiendo su recorrido, a apenas un par de paradas del final de línea. En su interior 253 pasajeros, cada cual con su propia historia a sus espaldas, sus propios anhelos y sus propias esperanzas y miedos. Sin saberlo, parten muchos de ellos hacia la muerte al descarrilarse el tren en el final del recorrido, y su salvación dependerá únicamente del azar. O, si lo preferimos, del destino. Ryman entreteje las vidas de estos 253 personajes, más todavía si contamos a sus amigos, familiares y conocidos, en 253 cuentos cortos de 253 palabras cada uno, distribuidos a lo largo de los 7 vagones del tren

El libro está concebido para su lectura en formato web, en un tramado hipertextual en el que nadie está aislado, y no es posible entender del todo la historia de ningún personaje sin enmarcarla en el todo superior. Sabemos, desde el primer momento, que este tren descarrilará, y somos conscientes de la cruel ironía que rodea a muchos de los personajes. Vemos cómo una decisión tomada en décimas de segundo los conducirá a la salvación o la perdición. La inmersión es total, en tanto que los personajes de la novela son los mismos personajes que encarnamos en nosotros mismos o nos encontramos en el día a día, con la salvedad de la distancia que separa Londres de nuestras ciudades respectivas, una distancia que empequeñece a medida que percibimos las similitudes entre ellos y nosotros.

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Axiomático, de Greg Egan

Axiomático

Axiomático

Se considera habitualmente a Greg Egan como un autor críptico, cuyo disfrute queda al alcance de una selecta minoría de lectores que se mantiene al día de los descubrimientos en disciplinas tan sugestivas como la física cuántica, la genética o la biotecnología. Matemático de formación y programador de profesión, se caracteriza por plantear tesis con una base científica verosímil y conducirlas, mediante un desarrollo lógico brillante e implacable, a regiones sombrías en el límite de nuestro conocimiento a las que no se nos ocurriría mirar… y no precisamente por nuestro desconocimiento.

Contra lo que cabría suponer, el peso de la narración en su obra no recae, a pesar de su innegable peso específico, en lo tecnológico y lo especulativo. Egan desarrolla sus historias a través de planos largos, necesarios para el estudio racional –de ahí la sensación de distancia y frialdad que transmite– de la evolución de los personajes, cuyos conflictos existenciales son catalizados a través de la tecnología.

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Jjitanjáfora, de Sergio Parra

Jitanjáfora

Jitanjáfora

En estos tiempos de publicación masiva las novelas, si desean mantenerse fieles al espíritu de este término, tienen que aportar alguna novedad –conceptual, formal, retórica, tonal,… – que justifique su toma consideración. Ante esta premisa, no me cabe la menor duda que Sergio Parra ha conseguido con Jitanjáfora algo al alcance de muy pocos: convertir su lectura en una experiencia fresca y estimulante; un genuino punto de ruptura con el discurso dominante en el fantástico español, por no decir europeo o estadounidense, que la aleja de sus corrientes principales para abrir su propio camino. La cuestión a dilucidar es si las licencias que se toma a lo largo y ancho de sus 260 páginas, a veces de forma justificada para favorecer la coherencia interna de la obra, otras me temo que no tanto, son o no razonables y recomiendan su lectura. Vayamos a ello.

Jitanjáfora arranca al más puro estilo el héroe de las mil caras: un perdedor, Conrado Marchale, toxicómano al borde del arroyo sin excesivas esperanzas de rehabilitación, accede a responder, por una módica cantidad de dinero, un cuestionario que le propone  una carta sorprendente. Las preguntas, un presunto sondeo de mercado, resultan tan extravagantes como ¿Qué edad cree tener?, ¿Quién de estos personajes históricos cree que fue una persona inteligente? o ¿Cuál ha sido, a su parecer, la experiencia más traumática que ha padecido en su vida? Y no lo hace nada mal pues casi al instante le ofrecen participar durante un mes en una prueba a realizar en una granja en el campo y que se convierte en un punto de inflexión: pasar dos meses y medio conviviendo con los diferentes animales de corral, metido en sus mismos habitáculos, compartiendo su comida, manteniendo su misma higiene,… alteran la vida de cualquiera. Todo forma parte de un proceso de desprogramación controlado por una sociedad secreta de magos que pretende modificar su percepción de la realidad y explotar sus cualidades singulares.

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Noches de Nueva York, de Eric Brown

Noches de Nueva York

Noches de Nueva York

Gracias a la flexibilidad de la ciencia ficción, los cruces entre ésta y el resto de los géneros de la literatura “popular” han sido frecuentes desde los albores del fantástico. Entre dichos cruces, uno de los que ha cosechado frutos más jugosos es el de la ci-fi y la literatura policíaca o el género negro. Desde las novelas y muchos de los cuentos sobre robots de Asimov, hasta uno de los Cantos de Hyperion, pasando por relatos tan redondos como “The Barbie Murders” y su continuación “El pregonero”, de John Varley, la mezcla de los escenarios futuristas en los que se mueve la ciencia ficción con los caracteres de la novela negra ha dado mucho juego (en cine, no tenemos más que acudir a Blade Runner para comprobar hasta dónde puede llegar un cóctel con Dick y Chandler como ingredientes principales). En Noches de Nueva York, Eric Brown utiliza de nuevo esta mezcla con resultados, como veremos, algo dispares.

Noches de Nueva York es la primera novela de la Trilogía Virex  (no me pregunten  por qué la trilogía lleva ese título, porque el nombrecito de marras no aparece ni una sola vez en toda la novela). Su autor, Eric Brown, es un desconocido por estos lares, a pesar de llevar publicando desde 1987 y tener ya en su haber unas cuantas novelas y multitud de relatos, tanto de ciencia ficción como juveniles.

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