| Metropol |
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| Escrito por Ignacio Illarregui Gárate | |
| lunes, 19 de febrero de 2007 | |
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Tras un incidente en el que un uso ilegal de plasma ha producido varios muertos y una destrucción considerable, una funcionaria que trabaja para la Compañía, Aiah, descubre el depósito desconocido desde el que se originó la trasgresión. Ante ella se plantea el dilema de si debe notificar su posición o, por el contrario, ocultarlo y sacarle todo el partido que su vida le ha negado. Aiah pertenece a los barkazil, una minoría étnica con escasas posibilidades económicas, y no ha podido estudiar la «magia» que posibilita el manejo de plasma. Jugándose su futuro a una carta, toma la opción b) e inicia un nuevo curso vital que le devuelve la ilusión que había perdido. Éste es, grosso modo, el argumento de Metropol, la segunda novela de Walter Jon Williams traducida al español, una década después de la frenética y un tanto alocada Hardwired. Una historia en la que enhebra un discurso sobre la alienación o la responsabilidad que deben tener los que detentan el poder y lo enlaza con un manfiesto alegato liberal. El planeta/ciudad, su aislamiento por medio de la barrera, el control que la Compañía hace del Plasma, la fragmentación y la discriminación social,... conforman una metáfora sobre cómo la burocracia y el anhelo de control pueden llegar a coartar el progreso, la libertad o la imaginación, conduciendo a un total estancamiento. Estancamiento del que Aiah, protagonista absoluta, lucha por salir a la vez que es tentada por el poder, el dinero o el sexo.
Lo mejor de todo es que Williams realiza este desarrollo argumental y de caracterización olvidándose de las convenciones genéricas. Así, dibuja un escenario que bebe de la mejor ciencia ficción sociológica, una trama próxima a la novela negra y un toque de fantasía que experimenta, sobre todo, con la ambigüedad de si los hechos sobrenaturales tienen o no explicación. El mayor problema que plantea está en que Metropol carece de un acercamiento grandilocuente o efectista a lo «maravilloso». La narración es una obra de personaje: sigue a Aiah de principio a fin, sin separarse de ella, y es condenadamente fiel a dicha aproximación. Su modus vivendi, sus dilemas, sus emociones, su obsesión con la visión de la mujer en llamas,... suponen el hilo conductor de una historia que une el mundo exterior y el interior y, a la postre, resulta tan congruente como lineal o, por momentos, previsible. Previsibilidad en la que es importante un mal del que ni autor ni editor son responsables. Como tantas otras novelas que quedaron colgadas en el pasado, se hace necesario juzgarla en su contexto: el de hace diez años. No se puede negar que ahora mismo hay dos o tres títulos ya traducidos que se mueven en un terreno muy parecido y que han llevado este planteamiento varios pasos más allá. El propio texto de promoción de la cubierta trasera lo reconoce tácitamente cuando dice que con Metropol Williams «se adelantó al movimiento new weird». Pero no conviene perder de vista que desempeña con gracia su papel de pionera ni que resulta una narración congruente, bien planificada y notablemente rematada, que depara una más que grata lectura. Bien por Bibliópolis y este sano ejercicio de recuperación. Título: Metropol A la venta en la tienda de Cyberdark |
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En un planeta con una superficie urbanizada por completo y donde una barrera impenetrable impide escapar al espacio, el plasma se ha convertido en la energía que alimenta la civilización; una sustancia con propiedades aparentemente sobrenaturales que emana de las construcciones y puede ser controlada para conseguir aquello que se desee. Sin embargo su acceso está limitado por La Compañía del Plasma, una entidad que monopoliza su extracción, distribución y uso. Los intentos de quebrantar ese dominio son castigados con penas severas, y aunque hay un mercado negro el riesgo que se corre resulta demasiado alto.
Enfrente sitúa el Emprendedor, el empresario dispuesto a sacrificarlo –casi– todo por inducir la revolución que saque a la sociedad del parón en que se halla mientras obtiene el mayor beneficio posible: el metropol Constantine. Un manipulador de tomo y lomo que ha salido indemne de los fregados en los que se ha metido a costa de sacrificar los peones que le han permitido auparse a su posición. Circunstancia que se acentúa con el desenlace, un apasionante tour de force que coloca a cada personaje en su lugar. 


