| Fantasmas |
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| Escrito por César Mallorquí | |
| lunes, 04 de junio de 2007 | |
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Palahniuk es un escritor excesivo, en el sentido de que su narrativa se basa en un constante ir más allá de los límites. Su prosa, sencilla y rítmica, deviene en una suerte de pugilismo que aspira a transformar cada frase en un crochet o un uppercut, como queda patente en El Club de la Lucha con la declaración de amor de Marla a Tyler/Jack: «Me gustaría tener un aborto contigo», uno de los diálogos más espeluznantes que jamás he leído. En gran medida, la garra de Palahniuk –y Palahniuk es un escritor con mucha garra– se basa en el exceso, pero al mismo tiempo es esa vocación de exceso lo que en ocasiones acaba lastrando sus historias. A veces, ir demasiado lejos es lo mismo que no ir a ninguna parte. Fantasmas, el último libro de Palahniuk publicado en España, no es una novela, sino un fix up; es decir, una serie de relatos cortos unidos por una historia troncal que les da continuidad, al estilo de los Cuentos de Canterbury. Así pues, el libro se divide en tres partes diferenciadas: la historia-eje –la más larga con diferencia–, veintitrés relatos cortos y otros tantos poemas que preceden a cada cuento. Dado que los poemas están traducidos y la edición no incluye el texto inglés, me abstendré de opinar sobre ellos. Comencemos pues por el relato central, al que llamaremos “Fantasmas” –aunque no tiene nombre–, y que constituye el gran error del libro. Narrado en un estilo que oscila entre el humor negro, el absurdo y el grand guignol, “Fantasmas” cuenta la historia de un grupo de escritores noveles que, liderados por un anciano, se encierra durante tres meses en un teatro abandonado para redactar, cada uno de ellos, su obra maestra. Al poco el anciano muere, se acaba la comida y el grupo se entrega a una desquiciada carrera de atrocidades, que van desde la automutilación hasta el canibalismo, pasando por el asesinato, la zoofilia y la tortura. Y eso es todo. La tesis –lo que la gente está dispuesta a hacer por el éxito y la fama– queda clara desde el principio. A partir de ahí, la trama intenta avanzar acumulando barbaridades, pero lo cierto es que se estanca al cabo de pocas páginas, porque el exceso es tan desmedido que actúa más como anestésico que como revulsivo. Después de presenciar cómo los personajes se amputan los dedos, se matan entre sí o se comen viva a una chica, al lector acaba importándole un bledo lo que suceda. El relato no inquieta: irrita. Y, lo que es peor, aburre mortalmente. Reconozco que, en su momento, tuve que suspender durante unas semanas la lectura del libro, porque esa historia axial, pese a estar escrita con la mejor prosa de Palahniuk, me pareció sencillamente cargante. Nota: esta reseña fue publicada originalmente en La tormenta en un vaso Título: Fantasmas A la venta en la tienda de Cyberdark Reseña de José Antonio del Valle en Bibliópolis |
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