De noche, bajo el puente de piedra, de Leo Perutz

De noche, bajo el puente de piedraRodolfo II fue uno de los monarcas más extravagantes del Sacro Imperio Romano Germánico. Tras ser educado en el reino de España, el castellano se convirtió en su lengua habitual. Su pasión por las artes le llevó a ser tanto un mecenas incomparable como un quebradero para las finanzas de un Imperio incapaz de soportar su ritmo de gasto. A su alrededor se aglutinaron desde astrónomos como Tycho Brahe y Johannes Kepler a alquimistas como John Dee o el charlatán de Edward Kelley. En la Praga donde estableció su corte convivían católicos, protestantes y judíos en un delicado equilibro que terminaría saltando por los aires a los pocos años de ser desplazado del trono en uno de los conflictos más sangrientos de la ya de por sí sangrienta historia europea: la Guerra de los Treinta Años.

Éste es el sustrato del cual Leo Perutz se nutre para levantar De noche, bajo el puente de piedra. En su labor exprime el inagotable potencial de aquella Praga a caballo de los siglos XVI y XVII y compone un mosaico donde conviven caballeros de la nobleza de Bohemia, los sirvientes del palacio, los comerciantes de la ciudad, el gran rabino, un alquimista caído en desgracia, un judío cuya fortuna evita la bancarrota del Imperio y el propio emperador. Una especie de vidas cruzadas en un panorama temporal de varios lustros que acierta a caracterizar la diversidad social de un lugar único donde, además, lo real y lo maravilloso conviven y se realimentan. Esta presencia decisiva del fantástico en el tejido de una mayoría de los relatos se convierte en una de las señas de identidad decisivas del libro. Especialmente por cómo mezcla tradiciones judías con cristianas.

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Parasyte, de Hitoshi Iwaaki

Aprovechando que Planeta tiene prevista su publicación en castellano para este próximo octubre, es un buen momento como cualquier otro para  recomendar Parasyte, un manga de terror, ciencia ficción y unos cuantos géneros más, que fue serializado desde 1988 a 1995 en la revista para jóvenes adultos Afternoon, y que ha vuelto a gozar de cierta popularidad gracias a una adaptación al anime y otra a imagen real, ambas estrenadas en el 2014. No es de extrañar este redescubrimiento, Parasyte, el manga original, es uno de los tebeos más adictivos que he tenido el placer de echarme al rostro. Y que además no se extiende demasiado, ocho volúmenes en la edición norteamericana de Kodansha del 2011, para una historia perfectamente cerrada que no se estira artificialmente y que siempre va al grano.

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La polilla en la casa del humo, de Guillem López

La polilla en la casa del humo

Tal vez debería comenzar pidiéndote que leas el libro antes que esta reseña. No me entiendas mal, no voy a realizar grandes spoilers (por lo menos no realizaré spoilers que puedas reconocer antes de leer el libro) ni voy a desvelarte ningún giro extraordinario (sobre todo, porque el autor no trabaja con giros simplones). Pero sí que voy a intentar destriparte La polilla en la casa del humo.

Y si lees el libro, sabrás que destripar es la mejor palabra a la que puedo recurrir.

En primer lugar, La casa de las polillas de humo es una experiencia de inmersión. Todo ocurre bajo tierra, pero bien podría ser bajo el agua. La repetición es un arma adecuada para crear una sensación de asfixia, para bien o para mal, y Guillem tiende aquí a utilizarla para el bien, si tu idea de bien es leer a un personaje despreciable que vive en un mundo despreciable.

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Criaturas abisales, de Marina Perezagua

Criaturas abisalesCon el peso de los blockbusters, siempre en el centro de la actualidad literaria del «mundillo», es difícil llevar la cuenta de los libros eclipsados a su paso, especialmente de narrativa breve. Da igual si se habla o no de ellos «fuera» de los muros. Con independencia de su calidad, viven en el margen como si no existieran. No siempre fue así. Durante los años de existencia de los premios Xatafi-Cyberdark se puso el foco sobre títulos que, de otra manera, habrían volado por debajo del radar del fandom. De nuevo, parece haber motivos para el optimismo. Así entiendo el espacio dedicado en webs especializadas a libros como Distancia de rescate, de Samanta Schweblin o, más recientemente, Las cosas que perdimos en el fuego, de Mariana Enríquez. No obstante, por debajo del umbral de percepción continúan incontables obras tan estimables como la de Marina Perezagua, reunida en Leche y esta Criaturas abisales. Una perturbadora colección de relatos en el terreno que va de lo disonante a lo siniestro.

Para describir cómo Perezagua se acerca al fantástico sirva de ejemplo «Iluminaria», uno de los 14 relatos aquí recogidos. En él una pareja crea una máquina capaz de aprovechar la energía del movimiento de su actividad sexual para generar electricidad, agua caliente… Se describen sus hábitos y cómo se enfrentan a la dificultad de lograr la cantidad suficiente para ser autosuficientes en una cotidianidad que retrata la relación mediante un lenguaje lírico sin caer excesos. El tono es íntimo y se inclina hacia el pesimismo: el uso del instrumento cartografía etapas de pasión y desencuentros, la ilusión se degrada por la rutina y la complicidad deviene en un estertor donde irrumpen la mentira y la incomunicación. Perezagua abandona al lector en un poso amargo bañado en un macabro sentido del humor compartido por el resto de piezas de Criaturas abisales como «Gabrielle» o «La impenetrable».

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Las casas de los rusos, de Robert Aickman

Las casas de los rusosComo lectores habituales de la página y por tanto personas con criterio y buena memoria, recordarán que la última reseña que publiqué en C fue un desvarío plagado de ditirambos acerca de Cuentos de lo extraño, de Robert Aickman. Embriagado por la sensación de poder al comprobar que la reseña obtuvo un par de «me gusta» en tuiter, me dediqué a darle la brasa al sufrido y principal responsable de la página, amenazándole con dejar de respirar si no le pedía a Atalanta un ejemplar de prensa de Las casas de los rusos alegando mi condición de submileurista y padre de familiaEl caso es que, contra todo pronóstico y en vez de mandarme a hacer puñetas como habría hecho cualquiera, Nacho solicitó una copia de prensa y Atalanta, muy amablemente, nos lo envió. Y el problema es que, después de dar la lata a todo el mundo con el libro de marras… resultó ser una relativa decepción. ¿Qué podía hacer? ¿cumplir mi sueño de salir a por tabaco o a cazar pokemones y desaparecer? ¿mentir como un bellaco? ¿dar la cara? La opción «cazar pokemones» era la que, en un principio, partía con más posibilidades, pero finalmente prevaleció mi sentido de la responsabilidad, que tantas veces se ha interpuesto entre lo que quiero y lo que debo hacer. Así que voy a contar sinceramente lo que me ha parecido el libro y que salga el sol por Antequera.

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