La guardia de Jonás, de Jack Cady

La guardia de JonásEstoy un poco cansado de la diatriba etiquetas sí vs etiquetas no; uno de los chascarrillos periódicos en cualquier mesa redonda que lleve por título “Los límites de la literatura fantástica”, “Los géneros al inicio del siglo XXI” o “La hibridación como arma de choque ante la fiebre Z”. Son demasiados años en presentaciones o tertulias de diversa índole escuchando a autores cansados de cargar con esa marca de caín llamada gé-ne-ro. Independientemente de la opinión sobre el tema, hordas de lectores buscan esas referencias meridianas cuando van a comprar cualquier libro. Quieren una historia policíaca, de la revolución francesa, de naves espaciales, de aldeanismo raruno… aunque tienen un peligro…

Tomen como ejemplo La guardia de Jonás, número uno de la nueva colección de terror contemporáneo creada por Valdemar: Insomnia. Supongo que sus lectores, atraídos por la casa, la cubierta, el texto de cubierta trasera, esperan una historia de fantasmas en alta mar; algo relacionado con ese horror insondable que tan bien trabajó W. H. Hogdson o nos deslumbró en esa pedazo antología que lleva por título Mares tenebrosos. Pues bien. Como tantas otras veces, aquí han obtenido o van a obtener otra cosa. Relacionada, tangente, no necesariamente contradictoria, pero en otro sistema de referencias; leer La guardia de Jonás como una novela de terror ofrece los mismos réditos que buscar en Centauros del desierto una historia sobre la guerra de secesión. Tal y como cuenta en la introducción, Jack Cady puso en esta novela una serie de experiencias personales mientras sirvió en la guardia costera de EE.UU. en el litoral de Nueva Inglaterra a mediados del siglo pasado. Esta es una historia de marinos, un canto de amor a un microcosmos, el barco, enfrentado a una de las manifestaciones más hostiles de la naturaleza.

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Reina del crimen, de Megan Abbott

Reina del crimenNo abundan traducciones de novelas criminales norteamericanas protagonizadas por personajes femeninos. Aunque existen contraejemplos, su bajo-mundo parece reservado a machos alfa y/o perdedores con diversos grados de testiculina, en no pocas ocasiones compartiendo páginas con uno de los clichés más arraigados: la femme fatale. Dispuestos a zarandear el tópico, en su clausurada colección de literatura popular junto a Valdemar, Es Pop publicó tres novelas escritas y protagonizadas por mujeres: A la cara, de Christa Faust, Poesía cruel, de Vicky Hendricks, y esta Reina del crimen, de Megan Abbott. La idea era poner en circulación una serie de escritoras olvidadas por las grandes colecciones y, a la vez, ofrecer un punto de vista fresco y novedoso, alejado de los estereotipos en un género a veces excesivamente entregado a ellos.

Es curioso que esta reseña aparezca justo después de la de Alif el Invisible; la historia de Reina del crimen es otro bildungsroman con toques (tardo)juveniles. Su narradora relata su iniciación en el mundillo del hampa de la mano de una superviviente de la época dorada de la mafia de los años 30 y 40: Gloria Denton, la reina del título. En su confesión hay fascinación por el oropel del dinero fácil y los garitos de la aristocracia del crimen, pero también se respira el peligro de quien juega con fuego y al arrepentimiento de quien se introduce en un callejón sin salida.

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Alif el invisible, de G. Willow Wilson

Alif el invisible

Alif el invisible

Hola. Había escrito una reseña muy graciosa sobre Alif el invisible, en la que me choteaba de mí, de la crítica, los críticos, los lectores y de Ratatouille, pero tras dos semanas de atracón de twitter, leyendo miles de opiniones opinando sobre otras opiniones, me he replanteado una serie de cosas en mi vida (yo me entiendo) que me decidieron a descartar aquella primera crítica (graciosísima, insisto) y reescribirla de nuevo. Para que vean la profesionalidad y entrega del que esto escribe, ni en mi trabajo diario le ponía tanto empeño. Así me va, claro.

Alif el invisible, es la primera novela de la periodista y guionista de tebeos G. Willow Wilson. Se trata de un young adult de cariz fantástico, ambientado en un hipotético reino árabe del Golfo Pérsico. Un emirato, para ser más exactos, una dictadura cuya maquinaria de control sobre la población se mantiene bien engrasada gracias a la prosperidad que proporciona la abundancia de petróleo. El argumento se puede resumir muy rápidamente; es un bildungsroman de libro. Un joven hacker llamado Alif, IT support de otros hackers y activistas opositores al régimen, se ve perseguido por los servicios de seguridad del emirato a cuenta de un misterioso libro que le entrega su ex-novia y que podría revolucionar la programación informática de formas desconocidas, poderosas e imprevisibles. Por supuesto, este objeto mágico, de caer en manos del gobierno, significaría la creación del sistema informático de espionaje/control definitivo, que aniquilaría para siempre el movimiento opositor/hacker que aspira a un cambio imprescindible en una sociedad anquilosada.

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Los dientes de los ángeles, de Jonathan Carroll

Los dientes de los ángelesLos dientes de los ángeles es la cuarta novela de Jonathan Carroll que leo y profundiza en la ligera decepción que me supuso El museo del perro. Quizás sus dos primeros libros me dejaron una impresión equivocada; El mar de madera y, sobre todo, El país de las risas me parecieron apasionantes historias donde lo fantástico irrumpía la vida cotidiana de sus protagonistas. Además Carroll construía comunidades pobladas de personajes entrañables en su extravagancia; excepcionales cajas de resonancia tanto para los protagonistas como para sus inquietudes. Los dientes de los ángeles es fiel a lo primero pero prescinde de lo segundo. Olvídense de personajes con carisma, sus interacciones o situaciones potentes. Todos ellos han sido reemplazados por múltiples historias y anécdotas más próximas a las narraciones de autoay… terapéuticas a lo Jorge Bucay. Un cambalache que sólo puedo ver como una pérdida.

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Los nombres muertos, de Jesús Cañadas

Si me lo permiten, voy a comenzar con una pequeña «batallita» de fan. No me imagino lo que supone para un escritor dedicar un libro a uno de sus lectores. Sí entiendo mejor de la diferencia entre un simple garabato, más o menos parecido a una firma, y una palabras personalizadas. Sin embargo también tiene su atractivo una frase hecha que el escritor ha dejado y dejará en un porrón de libros cuando, de alguna manera, resume la parte de su narrativa que más te agrada. En este sentido recuerdo como si fuera ayer lo que Tim Powers escribió en mi edición de La fuerza de su mirada durante su visita a la Semana Negra en 2003:

This secret explanation. Cheers!

Es imposible condensar en menos palabras la peculiar manera de entender la Historia de Powers, una consecuencia de la acción de criaturas preternaturales, magia, oscuros complots… sobre personajes históricos más o menos cruciales. Teorías de la conspiración fruto de una imaginación enfermiza, de esa que no te importaría nada que estuviera detrás de los estúpidos enigmas regurgitados por Íker Jiménez y su tropa de freaks en Cuarto Milenio. Además, con ese cheers al final de la frase, captura la pasión de sus personajes por el alcohol.

Todo Powers en cuatro palabras.

Algo así podría poner Jesús Cañadas en las dedicatorias de ésta, su segunda novela. En Los nombres muertos se puede encontrar mucho de esa pasión por la historia dentro de la Historia y las explicaciones endiabladas. Aunque en este caso particular, su historia entre más a fondo en el campo de la ficción, la pirueta metaliteraria y la literatura pulp.

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Así es como la pierdes, de Junot Díaz

Así es como la pierdes

Junot Díaz no es un narrador prolífico; en su haber sólo cuenta con una novela, La maravillosa vida breve de Óscar Wao, y dos colecciones de relatos. Así es como la pierdes es la última de ellas, traducida hace unos meses y un tanto decepcionante. Apenas tres o cuatro de sus nueve relatos escapan de la mediocridad. El resto son meras repeticiones de un lugar común devaluado con cada iteración. Historias tan escasas de frescura y de sentido que ponen en tela de juicio cualquier proceso de selección que hayan podido atravesar.

El relato clave para entender Así es como la pierdes es «Guía de amor para infieles”. La historia de un hombre que engaña y pierde al amor de su vida para, durante cinco años, quedar marcado por su recuerdo. La manera elegida por el protagonista para desplegar su mapa de relaciones fracasadas resulta sumamente atractiva, con esa sorna caribeña tan característica de Díaz en la cual se suceden ingenio y autocrítica. Merece especial atención la imposibilidad del dominicano medio para mantener una relación monógama; un imperativo sociocultural, si no genético, observable tanto en su narrador como, sobre todo, a través de su mejor amigo: Elvis. Un antiguo soldado «felizmente» casado que mantiene una pseudofamilia paralela en la República Dominicana. Hay gotas de desarraigo, del peso de roles heredados y mucha añoranza de la vida tal y como debiera haber sido y no fue.

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