Kallocaína, de Karin Boye

KallocaínaNo habría leído Kallocaína si no fuera por la insistencia del traductor Manuel de los Reyes, que lo ha recomendado en varias ocasiones en las redes sociales. Un detalle imprescindible para la difusión de los libros de muchas editoriales con limitaciones para poner en marcha la máquina de promocionar libros repartiendo toneladas de ejemplares entre los sospechosos habituales. Y bien merece esa oportunidad. Es breve, ágil, está repleto de sabrosas lecturas y, por si fuera poco, supone un pequeño descubrimiento. En un mercado absolutamente decantado hacia las novedades nos pone ante una obra con aspiraciones a clásico olvidado publicado hace 75 años.

Escrito por la escritora sueca Karin Boye, Kallocaína es una distopía concebida con posterioridad a Nosotros y Un mundo feliz, y varios años antes a 1984. Desde este punto, digamos, histórico su relevancia es notable porque además comparte numerosos aspectos con la célebre novela de George Orwell. El más evidente, su voluntad crítica con los regímenes totalitarios, especialmente el comunismo soviético. La narración tiene lugar en una sociedad absolutamente controlada por el estado donde la voluntad individual no existe y la planificación se extiende a todos los niveles imaginables. Por ejemplo los hijos son separados de sus familias para ser educados en campamentos especiales. Mientras los ciudadanos (conmílites) viven en urbes orientadas específicamente a desarrollar algún proyecto concreto (ciudad de la química, ciudad de las artes…). El estado tiene un control casi omnímodo sobre las acciones y pensamientos de todos ellos. Las delaciones son habituales, las entrevistas deben ser mantenidas delante de testigos que puedan dar fe de lo que se ha dicho y la intimidad en el hogar no existe puesto que un sistema de vigilancia controla cualquier conversación.
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El laberinto de la Luna, de Algis Budrys

El laberinto de la lunaEl laberinto de la Luna pertenece a uno de los subgéneros más atractivos de la ciencia ficción, al menos para mí: el de “hemos encontrado un sitio extraterrestre que ni idea de cómo va”. Más concretamente, a la línea “y, además, ojito que da calambre”. El ejemplo más conocido de esta temática es sin duda Picnic extraterrestre, la obra maestra de los Strugatski, y otras novelas memorables al respecto son Pórtico, de Frederick Pohl, o El hombre en el laberinto, de Robert Silverberg. Hay sentido de la maravilla en dosis puras tanto en el concepto de lo incognoscible de una inteligencia extraterrestre como en la ejecución del tema por parte de estos maestros.

Budrys pasó por allí antes. Esta novela es de 1960, y resulta tremendamente moderna en cuanto a su esquema y conclusión. No habrá las lamentables concesiones que Pohl llevó a cabo en las sucesivas continuaciones de Pórtico, los cada vez menos apreciables volúmenes de la Saga de los Heechees. Aquí tendremos un habitáculo extraterrestre (no un laberinto: los problemas en la traducción empiezan por el mismo título) cuyo misterio quedará abierto. Un lugar que se empeña en matar a la gente que entra en él de formas totalmente caprichosas.

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The Peripheral, de William Gibson

The PeripheralComo todo lector de bien, cuando supe que The Peripheral, la última novela de William Gibson, estaría ambientada en el FUTURO se me subió el hype por las nubes, babeando como un perro de Pavlov ante la palabrita mágica de marras. Resultaba además una decisión intrigante, si había abandonado la ciencia ficción en Mundo espejo porque ya resultaba innecesaria para analizar un mundo que ya parecía de cf, ¿qué empujaba a Gibson a especular sobre el futuro de nuevo? Pero sobre todo, lo que me intrigaba era si Gibson recuperaría algo del crédito perdido con las dos últimas novelas del ciclo de Blue Ant. Confieso que, como persona que aún no se ha repuesto de la lectura de Neuromante hace ya más de veinticinco años, deseaba que así fuera. Lamentablemente, Gibson ha regresado al género con sus defectos y virtudes fuertemente acentuados y los últimos no han podido hacer que olvidara los primeros.

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El imperio de Yegorov, de Manuel Moyano

El imperio de YegorovConfieso que soy seguidor del Premio Herralde de Novela. Cada año estoy atento a los ganadores y finalistas por si hay alguno de mi interés. Suele ser una fuente de sorpresas, es de los pocos premios grandes que todavía se permite arriesgar en sus elecciones y lo hace con buen criterio. En esta ocasión un buen amigo me hizo llegar el libro finalista de la última edición, El imperio de Yegorov, de Manuel Moyano. Tras leerlo en dos tardes puedo reafirmar mis ideas.

El imperio de Yegorov es una historia sobre el ansia de vivir eternamente y la corrupción del poder. Tras encontrar en un aislado ecosistema de Papua-Nueva Guinea la fórmula para no envejecer, una empresa decide comercializarla a estrellas de cine y personas poderosas. Es una fórmula tramposa, necesita tomarse constantemente o se fallecerá antes de una semana. Partiendo de esa base, nace el deseo por guardar el secreto, la sumisa y persistente necesidad de los clientes, el afán de poder y un análisis del sistema capitalista: ¿qué no estarían dispuestos a dar o hacer las personas más poderosas por alargar su vida?

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¡Universo!, de Albert Monteys

¡Universo!

Cuando hace unas semanas Albert Monteys subió a twitter unas páginas de adelanto de su nuevo proyecto, un tebeo de ciencia ficción titulado ¡Universo!, mi reacción fue algo tal que así; “¡Monteys haciendo ciencia ficción! ¡Y no es de humor! ¡¿Cómo se atreve?! ¡Pero Monteys, saca otro Calavera Lunar de una vez!, ¡hazme de reír!”. Soy el lector que nadie querría tener.

Pero quizá no sea tan sorprendente que Albert Monteys, en mi opinión uno de los tres o cuatro mejores autores de tebeos de humor que hay en España (y tenemos muchos y muy buenos), haya elegido la historieta de ciencia ficción para su nueva aventura en solitario, puesto que se trata de un género al que ya ha acudido en el pasado, por ejemplo con Calavera Lunar nº 237 (1996) o aquel intento de editar un necesario tebeo infantil por parte de El Jueves, Carlitos Fax (2005). En este caso, además, el proyecto se publica en formato electrónico e irá apareciendo en www.panelsyndicate.com, la web donde Brian K. Vaughan y Marcos Martín llevan publicando The Private Eye durante algunos años con suficiente éxito como para ampliar su oferta invitando a Monteys a incorporarse a la web.

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Taksim, de Juan Sardá

TaksimEn esta pésima novela, Juan Sardá profundiza en algunas de las líneas económicas del capitalismo de consumo de nuestra sociedad neoliberal a la vez que intenta armar una obra que pivota alrededor de personajes pretendidamente redondos y fuertes, pero que fracasa debido a sus incoherencias, a su falta de ritmo y de tensión y a la fallida construcción de sus protagonistas.

La posición de arranque resulta bastante desconcertante. Con sólo siete años de diferencia, ubicándola en 2018, Sardá especula con la III Guerra Mundial en una secuencia de acontecimientos verdaderamente inverosímil. Estos sucesos, además, se hallan sólo apuntados en un par de páginas, a modo de introducción al presente del mundo ficcional (situado setenta años más tarde), en el que de nuevo resultan increíbles las supuestas consecuencias de la violencia de esa III Guerra Mundial (en la que se lanzan bombas atómicas alegremente, pero sin provocar una catástrofe medioambiental) con el mundo resultante muy similar (en el plano ecológico, sociológico e ideológico) al actual. Sin embargo, Sardá plantea que, tras la aniquilación de la sociedad actual, surge un nuevo orden mundial regido por un neoliberalismo extremo (denominado «corporativismo»): «Así nació un nueva era en la que los ciudadanos se convirtieron en accionistas y su capacidad de decisión dependía de su poder adquisitivo». Desde ese punto de partida tan endeble (¿era necesaria esa guerra para la implantación de ese «nuevo» sistema, tan similar al que vivimos?. Esto incluso podría anular el efecto de una hipotética proyección de la sociedad vigente, puesto que el mundo ficcional, por tanto, no resulta como consecuencia de una proyección de las tendencias económicas y sociales contemporáneas, sino que es fruto de una serie de acciones muy poco creíbles), la expresión más gráfica de esa sociedad (quizá la única que da el autor) es que los países, las ciudades y todos los espacios públicos poseen el nombre de empresas, quienes actúan sin ningún tipo de control público, en un entorno privatizado por completo.

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Historia y antología de la ciencia ficción española, selección de Julián Díez y Fernando Ángel Moreno (2 de 2)

Historia y antología de la ciencia ficción españolaLos dos primeros relatos de Historia y antología de la ciencia ficción española provienen de una forma de entender la literatura en las antípodas de nuestro tiempo. “Cuatro siglos de buen gobierno” es una buena muestra de las narraciones que escribía Nilo María Fabra. Una ucronía a la (muy) antigua usanza concebida con la intención de aliviar aquel sentimiento de decadencia de la patria tan extendido entre la intelectualidad española de finales del siglo XIX; una historia de España alternativa cuyo punto de ruptura se sitúa en la sucesión de los Reyes Católicos. En una veintena de páginas Fabra reconstruye 400 años de Historia repletos de decisiones que mantienen nuestro país en ese primer plano de la política mundial que, desde su óptica, jamás debió abandonar. A pesar de sus carencias literarias, “Cuatro siglos de buen gobierno” despierta en mi la misma condescendencia con la que escucho las gestas deportivas que se relatan entre sí los niños del colegio cuando suben del patio después del recreo.

Mucho más satisfactorio es el brevísimo “El fin del mundo”, de Azorín (1911). Con una prosa exquisita, el autor de La voluntad cuenta la extinción de la humanidad a partir de uno de los miedos luditas por excelencia: la muerte de la pasión, el genio, cualquier ansia… a manos de la homogeneidad lograda por la acción de ciencia y tecnología. Esa aniquilación del deseo de vivir lleva al último hombre vivo a explorar las consecuencias de su desaparición en una cadena de pensamientos que bordean el solipsismo. Me queda la duda de si su último párrafo, que introduce una interpretación hasta entonces ausente, era estrictamente necesario.

Aparte de su calidad, “El fin del mundo” sirve para dar testimonio de cómo grandes escritores españoles de finales del XIX y comienzos del XX se acercaron a este género proyectivo para abordar inquietudes que no podían tratar desde el ensayo o con sus obras eminentemente realistas. En este sentido, es difícil negar que esta tradición es bastante más escueta y “pobre” que la anglosajona, pero su breve inclusión en la antología sirve para recordar que aquella España de hace un siglo no fue un campo baldío para la ciencia ficción.

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Las torres del olvido, de George Turner

Las torres del olvidoEn alguna ocasión ya he comentado que una de las dificultades de reseñar de manera justa una obra literaria de ciencia ficción es la de ser capaz de distinguir entre las distintas cualidades que se deben juzgar. La obvia, como el valor de los toreros, es la calidad como producto literario, artístico. A partir de ahí, la especificidad del género requiere de una cierta originalidad, si no en el tema, al menos en su tratamiento; verosimilitud y vuelo imaginativo.

Hay una más, especialmente polémica, y de la que los escritores de cf suelen abominar como de la peste en tanto acostumbra a centrar el interés de los medios de comunicación cuando se acercan a nuestro género: su acierto profético. De ahí la atención que despierta en los últimos tiempos la distopía; en un periodo de incertidumbre, buscar predicciones sensatas acerca del futuro es casi una necesidad inevitable, por mucho que resulte estéril.

Una y otra vez, en mi labor como periodista, sabedores mis clientes de mi proximidad al género, he recibido en algún momento la propuesta de hacer algo sobre “los aciertos de la ciencia ficción”. Es curiosísimo: siempre me lo han pedido como si fuera algo superoriginal. Y sistemáticamente han quedado decepcionados ante mi respuesta: son pocos, son casuales, no son el propósito de la cf. El nuestro es un género que ha dedicado buena parte de sus propuestas más serias a llevar a cabo admoniciones, no profecías. “Si esto sigue así…” no es lo mismo que “esto será así”. Entre otras cosas, porque una novela que tuviera un propósito completamente profético, y algún ejemplo hay, resultaría terriblemente aburrida.

Todo esto me sirve para decir que estamos ante un caso bastante singular, porque el principal interés de Las torres del olvido es que seguramente es la novela de cf que me ha transmitido más seriamente la sensación de encontrarme ante una obra diseñada con precisión absoluta para reproducir el futuro que nos tememos hoy. Esto implica, en efecto, que nos encontramos por momentos ante una novela aburrida; en numerosas páginas es excesivamente discursiva, casi víctima del tipo de torpezas que suelen cometer los autores externos al género cuando se introducen en él, aunque no sea el caso de Turner, pese a que en España esta obra se haya reeditado numerosas veces fuera de colección especializada.

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Historia y antología de la ciencia ficción española, selección de Julián Díez y Fernando Ángel Moreno (1 de 2)

Historia y Antología de la ciencia ficción españolaDesde que Domingo Santos abriera el fuego hace más de 30 años con Lo mejor de la ciencia ficción española, son varias las antologías que han glosado diversas épocas de la ciencia ficción española. Juanma Santiago hizo un sucinto repaso de estos libros en un artículo para Lecturalia escrito a raíz de la publicación del más reciente: Prospectivas. Todos ellos, incluyendo el generalmente olvidado De la Luna a Mecanópolis, prefirieron centrarse en un período de tiempo concreto, restringiendo su búsqueda, su propuesta, a unas pocas décadas. Si no me falla la memoria, hasta el momento no se había afrontado la tarea llevada a cabo por Julián Díez y Fernando Ángel Moreno en esta Historia y antología de la ciencia ficción española recién publicada por Cátedra: glosar en un único volumen las diferentes épocas de la ciencia ficción en España, añadiendo un extenso estudio sobre el género fuera y dentro de nuestras fronteras. Una labor de selección e integración con múltiples riesgos de los cuales los antólogos han salido bien parados.

Si tengo que destacar un aspecto de este libro por encima del resto es la labor de síntesis. Los relatos escogidos deparan un certero recorrido por las fases que ha atravesado la ciencia ficción en España: la relativa popularidad de sus comienzos, que llevó a autores como Azorín, Galdós o Blasco Ibáñez a hacer sus pinitos en él; el auge décadas más tarde de la literatura de a duro y la aparición de escritores-lectores aficionados en los 60 y 70; la generación de los 80-90 curtida en los últimos coletazos de Nueva Dimensión, los fanzines y colecciones como Ultramar, Nova o Miraguano; la predominancia de los autores masculinos entre los que han cultivado el género con más regularidad;…

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Gerotron 2050, de Juan Ibarrondo

Gerotron 2050En 2005, mirando lo que nos podría suceder, pensando en el mañana, Juan Ibarrondo publicó Retazos de la Red (Bassarai, Vitoria, 2005). Situado varios siglos por delante de nuestros días, se trata de un volumen que reproduce un libro de Historia que reconstruye el pasado de su mundo ficcional (que se corresponde con nuestro futuro inmediato) de una forma pormenorizada y exhaustiva, con carácter enciclopédico (de hecho, a pesar de no estar articulado el texto por entradas, aunque sí por epígrafes, se titula Enciclopedia de Asís). Posee un acercamiento muy completo y detallado que atiende a elementos políticos, económicos, ecológicos y sociológicos (vestimenta, deportes, costumbres…) siempre con una perspectiva histórica y erudita: se recogen y se explican los acontecimientos incorporando documentos y ofreciendo cuadros, gráficos y esquemas así como algunos pares de escenas relatadas. Finalmente, presenta una utopía ecologista e igualitaria, que constituye la conclusión de todo ese proceso. Sin embargo, este singularísimo y ambicioso trabajo de cuatrocientas páginas resulta muy interesante como ejercicio especulativo, también para el propio género de la ciencia ficción, pero, sin duda, no estamos hablando de una novela.

Algunos años más tarde, el autor regresa a ese contexto con Gerotron 2050. Esta se presenta como una precuela de aquella, aunque permite una lectura independiente sin problemas. De hecho, Gerotron 2050 matiza y equilibra Retazos de la Red hasta el punto de que funciona mejor sin conocer a su predecesora, puesto que la información aparece de manera más comedida, bien enhebrada con el relato, como expondremos a continuación, y permite dosificar las revelaciones jugando con la intriga y la curiosidad del lector.

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