Su cara frente a mi, de Luis Ángel Cofiño

Su cara frente a miTras El cortafuegos y Perros bajo la piel, la tercera obra de Luis Ángel Cofiño posee también un alto contenido de especulación social y de crítica política, aunque no siempre aparezcan de manera central en el transcurso del volumen. Se trata de una novela correcta, de ritmos bien equilibrados, rica en estructura y en diversidad de registros y líneas de tensión, que da como resultado una amalgama de subgéneros bien armonizados.

El libro ensambla distintos tiempos, lo que permite obtener una panorámica de lo ocurrido en su mundo ficcional a lo largo de muchos años. La narración está impulsada por la acción, por la intriga de especulación científica, por el desarrollo de la peripecia de la protagonista y hasta por algún pasaje puntual de pura space opera. La carrera espacial, en la que en un segundo plano Cofiño plantea una crítica al imperalismo, que trata de encubrir públicamente sus intereses comerciales y colonizadores, sirve asimismo de hilo conductor.

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Echopraxia, de Peter Watts

EchopraxiaAntes de abordar la tarea de resumir y comentar Echopraxia, y sólo para aquellos que no estén familiarizados con la obra de Peter Watts, diremos que es biólogo marino, que después de ejercer como tal unos cuantos años dio la espantada (parece que el malmeter de la industria no le dejaba conciliar el sueño) y se puso a escribir, y que en su obra suele abordar, entre otros, temas relacionados con la ciencia y sus limitaciones, la religión, la reciprocidad (o más bien la falta de ella) entre conciencia e inteligencia, el libre albedrío y la evolución, todos ellos pasados por un tamiz científico (como no podía ser de otro modo), aunque no del todo cientifista.

Una de las particularidades que hace que Watts sea uno de los autores de ciencia ficción más interesantes de los últimos años es que es capaz de producir obras de cierto calado mental y con cierta tersura filosófica, y al mismo tiempo, aparte de la mera enjundia y la mera profundidad, plantear estas inquietudes sobre un armazón narrativo que podemos tildar, sin ningún tipo de pudor, como popular (entendido el término en su sentido friquista imperante en nuestros días), y que podríamos resumir así a bote pronto, y ciñéndonos concretamente al díptico Firefall1, como el cóctel no del todo excepcional que obtendríamos si mezcláramos el cine de terror espacial al estilo Alien: el octavo pasajero, los vampiros depredadores de una película como 30 días de noche y los zombis desnortados de un Romero o un Fulci (aclaro que no hay zombis en Visión ciega). Pero, como decimos, esto sólo sería una burda aproximación, unos torpes brochazos para orientarnos un poco, porque, claro está, ni los alienígenas, ni los vampiros, ni los zombis de Watts tienen mucho que ver con los alienígenas, los vampiros y los zombis a los que nos tiene acostumbrados el cine/literatura/cómic/vídeo-juego de terror al uso. Los monstruos de Watts sí son excepcionales, como también es excepcional el tratamiento que hace de los temas clásicos de la ciencia ficción. Watts no se ha inventado nada, pero ese cóctel, espolvoreado con montañas de datos y unos cubitos de acción trepidante, presentado con rigor científico (o al menos con un buen barnizado de rigor) y un estilo descarado no exento de lirismo (un lirismo tecnoide), hacen del canadiense un autor fuera de lo común.

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Los últimos, de Juan Carlos Márquez

Los últimosLa nueva novela de Juan Carlos Márquez se titula Los últimos y está encuadrada dentro del subgénero de ciencia ficción postapocalíptica, revitalizado los últimos años tras la repercusión de La carretera. Ya sabéis, historias con individuos andando sobre una Tierra devastada, enfrentados a la naturaleza hostil, la condición humana en su estado salvaje y a sus miedos más profundos.

Estructurada en 35 breves capítulos que abarcan desde unas cuantas líneas a cinco páginas, la novela se lee en apenas dos horas. En las primeras diez líneas llega una ola de fuego procedente del sol y mata a todo ser viviente que no estuviese a resguardo. En los seis días siguientes la vida en la Tierra perece y los contados supervivientes malviven saliendo poco de sus casas y portando incómodas máscaras y bombonas de oxígeno.

Los calamitosos protagonistas son una familia que vive en los habituales suburbios norteamericanos (casita con sótano y jardín). La primera parte de Los últimos narra su periplo en la Tierra, su convivencia con los demás supervivientes, los avances que realiza el ejército para mejorar sus vidas, el enfrentamiento a la soledad, los peligros que surgen, su huída a Disneylandia…; la segunda, menos crepuscular aunque sea el intento de sobrevivir en Marte cuando todo apuntaba a la pronta extinción, cuenta las experiencias de estos personajes en el planeta rojo, sus expediciones, sus nuevos temores, la procreación…

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Aceldama, de Francisco Jota-Pérez

AceldamaLo primero que debo comentar es que me considero seguidor y admirador de la obra de Francisco Jota-Pérez. Llevo casi una década leyendo sus libros y pocas veces me he sentido decepcionado. Así que al entrar, o sumergirme, en Aceldama sabía que su estilo y temática me interesaban. Digo esto porque veo aconsejable una breve documentación previa sobre la obra y estilo de Francisco Jota-Pérez antes de su lectura. Me atrevo a afirmar que nadie acaba sus libros con indiferencia: o encantan o se sale rebotado.

Aceldama es la Barcelona de un futuro no demasiado lejano, teñida de un punto onírico y gran subjetivismo por parte del narrador. Es una sociedad donde la tecnología ha avanzado más allá de la comprensión del ciudadano y el desasosiego resulta inherente. La ciudad va camino de lo incierto, y el autor en vez de narrarlo al detalle decide pincelar con decenas de apuntes que desconciertan y provocan ensoñación. Él deja pistas y es el lector quien decide si indagar y/o entender. Existen demasiadas referencias (alquimia, psicogeografía, nanotecnología, boxeo) y la labor de los protagonistas es convertirse en piezas esenciales para entender el mensaje y sometimiento a la psique que supone entrar en el enjambre Barcelona/Aceldama.

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Tiempo profundo

Tiempo profundo

Me gustan mucho las antologías temáticas; esa reunión de relatos y novelas cortas alrededor de una idea más o menos peregrina surgida de la mente del seleccionador de turno. Vale, muchas veces dan lugar a libros a la deriva por la proverbial irregularidad de las colecciones. Sin embargo cuando el antólogo está inspirado y, además de los Nombres (así, con mayúscula) o la voluntad de llegar a una cierta extensión, mantiene unos criterios de calidad y fidelidad a su punto de partida, consigue un volumen como este: una recopilación que sirve de inspirada presentación de lo que Luis G. Prado entiende por ciencia ficción trans.

Tiempo profundo transporta al lector hacia universos donde la humanidad ha trascendido su estado actual y domina su entorno a un nivel ahora apenas soñado. Se desplazan planetas o sistemas enteros y se controla el ciclo de las estrellas, acelerándolo o retardándolo a voluntad; las nanomáquinas recrean los mundos o el propio cuerpo con un coste mínimo; la personalidad se almacena o se transmite digitalmente permitiendo viajes por el vacío prácticamente sin gasto energético;… Gran parte de lo que, por ejemplo, Michio Kaku glosaba en La física de lo imposible elevado a la enésima potencia y presentado sobre un abismo todavía mayor: escalas colosales de tiempo y/o espacio. Entre dos párrafos los personajes se desplazan docenas de años luz, secuencias correlativas están separadas por cientos de millones de años, en un punto y seguido transcurren milenios… El famoso tiempo profundo establecido por Hutton en el siglo XVIII, estirado hasta lo indecible.

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Delirios de grandeza, de Santiago García Albás

Delirios de grandezaHasta el momento, existe una cierta unanimidad alrededor de El rey Lansquenete, probablemente el título de ciencia ficción española más destacable del año. Una obra en la frontera entre el relato largo y la novela corta, cuidada tanto a nivel formal como de fondo en la cual destacan su narrador y un desenlace del todo coherente con su desarrollo. Había expectación sobre si su autor, Santiago García Albás, sería capaz de mantener el nivel en las otras tres Cybersiones que quedaban por publicar; historias sin relación argumental y escritas a lo largo de varios años para ser presentadas al premio Alberto Magno. Pues bien, tras leer Delirios de grandeza las expectativas no se quiebran; si bien no me parece tan redonda como El rey Lansquenete, ha logrado una historia sólida y de un calado notable..

Marcos Solarza se gana la vida vendiendo paquetes de Sensolux; unos módulos que enriquecen la experiencia perceptiva de sus usuarios con todo tipo de sensaciones olfativas, visuales, gustativas… Hombre de recursos, tan zalamero como ambicioso, es un astuto “depredador” en un entorno difícil de precisar porque habita una realidad construida gracias a la interacción de los diferentes usuarios que coinciden en un determinado lugar, cada uno contribuyendo según su “nivel” socioeconómico, viviendo y transmitiendo su propio grado de “excelencia”. Sin embargo su carrera queda truncada y se ve obligado a sobrevivir como un doblecero; los parias que han perdido sus complementos y experimentan el mundo tal y como es.

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Nacido de hombre y mujer y otros relatos espeluznantes, de Richard Matheson

Nacido de hombre y mujer y otros relatos espeluznantesNo recuerdo ya cuántos años hemos esperado para ver este libro a la venta. Por lo menos seis han pasado desde que Gigamesh regalara Los primeros cuentos como ejemplar promocional el día de la lectura. La parsimonia cotidiana en la santa casa. Sea como fuere, hace unos meses llegó a las librerías el primer volumen de los dos destinados a recoger los cuentos fantásticos completos de Richard Matheson, el escritor estadounidense fundamentalmente conocido por las adaptaciones al cine y la televisión de novelas como Soy Leyenda, El increíble hombre menguante o La casa infernal y relatos como “Duelo” o “Pesadilla a 20000 pies”. Una inestimable labor de recuperación ahora mismo solo al alcance de editoriales como esta o, en otro orden, Valdemar; sellos preocupados por invertir en un catálogo con personalidad y mantener una política de edición a la contra de modas y pelotazos puntuales.

Nacido de hombre y mujer y otros relatos espeluznares recoge cuarenta y dos cuentos publicados entre 1950 y 1954, lo que podríamos llamar el primer vuelo de Matheson; unos primeros pasos en el mundo de la escritura profesional en plena burbuja editorial en el mundo de las revistas de relatos de EE.UU.. Una época en la cual había una multitud de cabeceras donde los escritores con un poco de arte podían vender casi cualquier relato que escribieran. En parte, esta circunstancia explica la heterogeneidad de un volumen donde junto a cuentos memorables y otros más normalitos existen varios más que mediocres, cuando no sepulcrales, que podrían haber mejorado con un poco de labor editorial antes de su primera publicación.

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The Islanders, de Christopher Priest

The IslandersHa pasado una década desde que Saldotauro publicara La separación, la última novela de Christopher Priest traducida al castellano. Desde entonces apenas hemos visto en nuestras librerías varias reediciones de algunos de sus títulos: El prestigio a raíz de su adaptación al cine; El mundo invertido, recientemente saldado por los inefables editores de La Factoría de Ideas;… Esta sequía tiene explicación. Durante casi una década, Priest estuvo enfrascado en la escritura de dos obras aparecidas en 2011 y en 2013. Todavía no he leído la última de ellas, The Adjacent, pero entiendo bien por qué ninguna editorial se ha animado a traducir The Islanders. Al handicap de Priest como escritor en tierra de nadie entre el género y el mainstream, o sus tradicionales bajas ventas en España, se une la particularísima idiosincrasia de The Islanders, una obra tan endémica como endogámica.

Éste es el regreso del autor de El glamour a su Archipiélago del Sueño, un lugar narrativo que, si no me equivoco, no tocaba desde que escribiera La afirmación. En sus páginas Priest se da un impúdico autohomenaje durante el cual toca la mayoría de temas a los que se ha entregado durante sus casi cincuenta años de carrera: su inquietud por la veracidad de los narradores; cómo afectan a la vida las obsesiones y las crisis de identidad; el doble y todas las confusiones asociadas a su figura; la inmigración y el cinismo con el cual se trata en nuestro viejo mundo… Tampoco se limita a retornar a una geografía específica o un trasfondo común a La afirmación o relatos como “La negación”, “Rameras” o “El observado”. A lo largo de toda su extensión, Priest siembra referencias, explícitas e implícitas, a gran parte de su obra hasta el punto de, por ejemplo, presentar una nueva versión de El hombre transportado, el truco de magia central de El prestigio, esta vez con el sobrenombre de “The Lady Vanishes” (a la sazón, una de las películas más divertidas de Hitchcock). No es necesario ser un avezado Priestólogo para apreciar las virtudes de The Islanders. Estamos ante una especie de huevos de pascua que enriquecen las múltiples historias que conforman el conjunto. Pero si apunto estas ideas al comienzo de esta reseña es para dejar claro lo siguiente: solo recomendaría The Islanders a un lector familiarizado con las obras más importantes de este autor.

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Milenio negro, de J. G. Ballard

Milenio NegroMilenio negro, o Millennium People, fue la penúltima novela escrita por J. G. Ballard. Publicada en 2003, es una obra que muestra con exactitud lo que llevamos de siglo. Al igual que tantas otras novelas escritas tras el 11S, ha abandonado cualquier optimismo al definir la sociedad contemporánea y afrontar sus ciudades y barriadas, el individuo perdido y carente de ambiciones vitales, la incomprensible y destructiva economía, la banalidad de la vida una vez superada la falacia del consumismo para encontrar la felicidad…

David Markham es un psicólogo especializado en relaciones laborales. Alguien apático y no demasiado hablador que pierde a su ex mujer tras la explosión de una bomba en un aeropuerto. Aunque se sospecha de distintos grupos terroristas, el atentado carece de autoría y David decide investigar por su cuenta. Así comienza un catártico recorrido por las revueltas sociales que empiezan a aparecer en Inglaterra y sus grupos más subversivos. Participa en manifestaciones de toda índole, algunas casi ridículas, y tras pasar por el juzgado al ser pateado por amantes de los gatos, un extraño grupo de personajes nihilistas se fija en él. En su aprendizaje, mantiene charlas ideológicas con gurús de los movimientos sociales, es manipulado para posicionarse en su mismo punto de vista, una tarde realiza encuestas por un barrio acomodado realizando preguntas incómodas que atacan la filosofía de vida de sus habitantes… Después, de forma más participativa y menos observadora, empieza a apoyar las revueltas de Chelsea Marina, epicentro de la explosión violenta iniciada por la clase media inglesa.

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Iris, de Edmundo Paz Soldán

Iris

Empecemos con una perogrullada: la Historia en las escuelas se estudia de manera secuencial. Continuemos con otra: cualquier curso académico se asemeja más a un reloj de cuerda que a uno de cuarzo. Así, los retrasos acumulados durante el año suelen terminar con el currículo podado, nueve de cada diez veces en el mismo punto: al final. El ejemplo más tradicional, y sangrante, es el de cualquier Historia de España, con su desembocadura a la altura de la Segunda República y dejando con pinzas los últimos tres cuartos de siglo. El período más importante para entender esta España que tanto nos duele hoy en día. Paralelamente, algo se trabajan los fenómenos colonizadores del último medio milenio, si se tiene suerte se mencionan los procesos descolonizadores de la segunda mitad del siglo XX, pero jamás se llegan a tratar las prácticas neocolonizadoras. Un fenómeno sin el cual es difícil comprender medio globo terráqueo en la actualidad.

Cambiemos de tercio. O no tanto. La ciencia ficción contemporánea hace ímprobos esfuerzos por parecerse a los protagonistas de The Big Bang Theory o IT Crowd. Tantas veces encerrada en sus iconos, gadgets state of the art, teorías científicas punteras y los dilemas morales derivados de todo ello. Sin embargo, cuando se habla de fenómenos colonizadores, la ciencia ficción no solo no ha vivido a sus espaldas sino que, en cierta forma, se ha nutrido de ellos para construir algunas de sus “funciones” más recordadas. Qué son si no las historias de invasiones alienígenas o, dándole la vuelta al calcetín, las narraciones en las cuales nuestros descendientes asuelan otros mundos. Ese choque entre civilizaciones para lograr recursos, de explorar sinergías y sentimientos a ambos lados del conflicto, de culpa y redención para sus protagonistas, alimenta una parte sustancial de La guerra de los mundos, El señor de la luz, Rakhat, La última misión de la compañía, Los genocidas, Hyperion... La entrega más reciente de esta secuencia es Iris, de Edmundo Paz Soldán, una formidable alegoría de todos estos procesos, pasados, presentes y futuros.

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