Historia y antología de la ciencia ficción española, selección de Julián Díez y Fernando Ángel Moreno (1 de 2)

Historia y Antología de la ciencia ficción españolaDesde que Domingo Santos abriera el fuego hace más de 30 años con Lo mejor de la ciencia ficción española, son varias las antologías que han glosado diversas épocas de la ciencia ficción española. Juanma Santiago hizo un sucinto repaso de estos libros en un artículo para Lecturalia escrito a raíz de la publicación del más reciente: Prospectivas. Todos ellos, incluyendo el generalmente olvidado De la Luna a Mecanópolis, prefirieron centrarse en un período de tiempo concreto, restringiendo su búsqueda, su propuesta, a unas pocas décadas. Si no me falla la memoria, hasta el momento no se había afrontado la tarea llevada a cabo por Julián Díez y Fernando Ángel Moreno en esta Historia y antología de la ciencia ficción española recién publicada por Cátedra: glosar en un único volumen las diferentes épocas de la ciencia ficción en España, añadiendo un extenso estudio sobre el género fuera y dentro de nuestras fronteras. Una labor de selección e integración con múltiples riesgos de los cuales los antólogos han salido bien parados.

Si tengo que destacar un aspecto de este libro por encima del resto es la labor de síntesis. Los relatos escogidos deparan un certero recorrido por las fases que ha atravesado la ciencia ficción en España: la relativa popularidad de sus comienzos, que llevó a autores como Azorín, Galdós o Blasco Ibáñez a hacer sus pinitos en él; el auge décadas más tarde de la literatura de a duro y la aparición de escritores-lectores aficionados en los 60 y 70; la generación de los 80-90 curtida en los últimos coletazos de Nueva Dimensión, los fanzines y colecciones como Ultramar, Nova o Miraguano; la predominancia de los autores masculinos entre los que han cultivado el género con más regularidad;…

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Gerotron 2050, de Juan Ibarrondo

Gerotron 2050En 2005, mirando lo que nos podría suceder, pensando en el mañana, Juan Ibarrondo publicó Retazos de la Red (Bassarai, Vitoria, 2005). Situado varios siglos por delante de nuestros días, se trata de un volumen que reproduce un libro de Historia que reconstruye el pasado de su mundo ficcional (que se corresponde con nuestro futuro inmediato) de una forma pormenorizada y exhaustiva, con carácter enciclopédico (de hecho, a pesar de no estar articulado el texto por entradas, aunque sí por epígrafes, se titula Enciclopedia de Asís). Posee un acercamiento muy completo y detallado que atiende a elementos políticos, económicos, ecológicos y sociológicos (vestimenta, deportes, costumbres…) siempre con una perspectiva histórica y erudita: se recogen y se explican los acontecimientos incorporando documentos y ofreciendo cuadros, gráficos y esquemas así como algunos pares de escenas relatadas. Finalmente, presenta una utopía ecologista e igualitaria, que constituye la conclusión de todo ese proceso. Sin embargo, este singularísimo y ambicioso trabajo de cuatrocientas páginas resulta muy interesante como ejercicio especulativo, también para el propio género de la ciencia ficción, pero, sin duda, no estamos hablando de una novela.

Algunos años más tarde, el autor regresa a ese contexto con Gerotron 2050. Esta se presenta como una precuela de aquella, aunque permite una lectura independiente sin problemas. De hecho, Gerotron 2050 matiza y equilibra Retazos de la Red hasta el punto de que funciona mejor sin conocer a su predecesora, puesto que la información aparece de manera más comedida, bien enhebrada con el relato, como expondremos a continuación, y permite dosificar las revelaciones jugando con la intriga y la curiosidad del lector.

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Ancillary Justice, de Ann Leckie

Leckie_AncillaryJustice_TP-692x1024Creo que ésta es la primera vez que escribo la crítica de una novela sin haber logrado terminarla (bueno, confieso que los últimos capítulos de Robopocalipsis o cómo se llamara aquello, me los leí en diagonal). Y es que he tenido que abandonar la lectura de Ancillary Justice a pocos capítulos del final, ya viéndome muy desfondado, hasta el punto de que me estaba provocando un curioso bloqueo de lector, una mezcla de hastío, enfado, sentimiento de culpa y rechazo a la palabra escrita. Algo similar a lo que le sucede a mi madre, que cuando era niña no tenía otra cosa que potaje de berzas para comer casi todos los días y ahora no soporta ver una berza ni en pintura.

Quizá me he adelantado demasiado con una valoración que debería ir al final del tocho, pero como estimo muchísimo el escaso tiempo del lector le ahorro un click: Ancillary Justice me ha parecido un tostón del quince. Dicho esto, y si todavía le quedan ganas, tras el salto de página van las desquiciadas argumentaciones.

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Luz, de M. John Harrison

LuzCreo que es útil esta tendencia de convertir las ideas-fuerza en un mantra, para que queden claras. La dialéctica de moda hoy tiende a perder de vista lo fundamental y a embarullar, con el fin de no avanzar. Es mejor que un punto quede muy claramente definido aunque suponga mayor pobreza retórica.

Así que he aquí un mantra para empezar: lo anómalo, repetido suficientes veces, termina por convertirse en normal. Lo anómalo sólo tiene sentido si es excepcional.

La publicación de Luz en castellano, allá por 2003, me pilló en el típico momento de mi vida en el que empezar un libro que no se entiende hasta bastantes páginas más adelante no termina de ser lo más adecuado. Luego ya no era un libro de actualidad, y la verdad es que me daba pereza ponerme con una novela a la que iba a tardarle en sacar el jugo. Pero todo llega.

El libro está bien, aunque la espera no ha valido especialmente la pena.

En la crítica, hay una serie de tentaciones que siempre están ahí y en las que es difícil no incurrir. A la que me enfrento yo en esta ocasión es a la de ejercer de aguafiestas, la de llamar la atención llevando la contraria. Una novela que ha gustado a muchas personas cuyo criterio aprecio… no es para tanto. ¿Y si la hubiera leído yo primero, habría hecho saltar las señales de alarma para anotarme el tanto de que estábamos ante el advenimiento de la nueva cf por parte de un autor de trayectoria atractivamente maldita? No, creo que no. Hay muchos elementos en la forma de hacer de Harrison en este libro que no me gustan. Pero lo que sí es cierto es que esos elementos no deben hacerme perder de vista las cualidades de Luz. Seguramente no tantas como sus panegiristas han señalado, pero evidentes.

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Arcana mundi, de Elizabeth Bear

Arcana mundiHace poco más de un año escribía sobre cómo se podía hacer una edición directamente para el mercado electrónico a raíz de la aparición de Fata Libelli, sello que ya ha cumplido su primer aniversario publicando relatos directamente en ebook. Por ahora las antologías temáticas no me han atraído lo suficiente, pero las colecciones de autor que llevo leídas me han parecido bastante recomendables. Presentan nombres prácticamente inéditos en nuestro país y recuperan algunas de sus mejores obras breves más recientes; una pequeña recompensa para los aficionados a las extensiones breves. El último nombre en sumarse a Tim Pratt, Peter Watts o Reggie Oliver es Elizabeth Bear. Si hacemos caso a su ficha en La tercera fundación, hasta Arcana mundi apenas se habían traducido cuatro relatos. Escaso bagaje para una autora prolífica, con una veintena de novelas a su espalda y varios relatos finalistas de los premios Hugo, Nebula, Locus, Sturgeon…

En los siete cuentos aquí recogidos hay un poco de todo: postapocalíptico, space opera, fantasía clásica, biopunk, fantasía contemporánea… Sin embargo, como ocurre cuando hay criterio, no estamos ante balas de francotirador, cada muestra una singularidad en sí misma, sino que se pueden encontrar conexiones entre ellos. Uno de los temas persistentes en Arcana mundi es el de la soledad y cómo Bear la conecta con la necesidad de seguir adelante; un sentimiento vivido generalmente a nivel personal por los protagonistas pero también, en dos relatos, llevado al extremo de ser compartido por toda la especie frente a un universo tan propicio para la vida como para verla desaparecer. La perspectiva de Bear, cuando es positiva, quiebra esa soledad con encuentros con personajes de todo tipo, entre los que se incluyen inteligencias no humanas o animales de compañía, mientras que cuando se mantiene en un cierto pesimismo, se torna irreversible; un pozo del cuál resulta imposible escapar aun cuando se intente llenar de diversas maneras.

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Ven y enloquece y otros relatos de marcianos (2ª edición), de Fredric Brown

Ven y enloqueceFredric Brown es un autor muy considerado por sus novelas de género policíaco, con un largo numero de publicaciones entre los años cuarenta y mediados los sesenta. Sin embargo es su narrativa breve, y en concreto la centrada en ciencia ficción, la que más se le reconoce. Hace una década Gigamesh recuperó en cuatro volúmenes todos sus relatos y novelas de ciencia ficción. El primero de ellos, ahora reeditado, contiene veintisiete relatos cortos, de no más de quince o veinte páginas en su mayoría, que suponen el inicio de su idilio con este género y que, posteriormente, le llevaría a escribir novelas como Universo de locos o Marciano vete a casa.

Ven y enloquece contiene relatos escritos originalmente entre los años 1941 y 1949. Esta presentación cronológica de su literatura breve, y el hecho de tratarse de una recuperación completa sin prescindir de cuento alguno, tiene el inconveniente de, en algunas ocasiones, ofrecernos dos o tres relatos que comparten temática de manera evidente, pareciendo variantes unos de otros, cuando lo más probable es que por motivos sociales y/o personales, esos fueran los temas de moda en el momento de su escritura. Sin embargo, exceptuando esto, Ven y enloquece es una auténtica maravilla en su despliegue de temas y argumentos. Influenciado por la época en la que fueron escritos, Fredric Brown se atrevía con tramas bélicas, carreras espaciales, contactos alienígenas o apocalipsis mundiales donde, por ejemplo, la electricidad tenía que dejar de usarse por parte de la humanidad, buscando una fuente alternativa o, directamente, volver a los orígenes.

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Su cara frente a mi, de Luis Ángel Cofiño

Su cara frente a miTras El cortafuegos y Perros bajo la piel, la tercera obra de Luis Ángel Cofiño posee también un alto contenido de especulación social y de crítica política, aunque no siempre aparezcan de manera central en el transcurso del volumen. Se trata de una novela correcta, de ritmos bien equilibrados, rica en estructura y en diversidad de registros y líneas de tensión, que da como resultado una amalgama de subgéneros bien armonizados.

El libro ensambla distintos tiempos, lo que permite obtener una panorámica de lo ocurrido en su mundo ficcional a lo largo de muchos años. La narración está impulsada por la acción, por la intriga de especulación científica, por el desarrollo de la peripecia de la protagonista y hasta por algún pasaje puntual de pura space opera. La carrera espacial, en la que en un segundo plano Cofiño plantea una crítica al imperalismo, que trata de encubrir públicamente sus intereses comerciales y colonizadores, sirve asimismo de hilo conductor.

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Echopraxia, de Peter Watts

EchopraxiaAntes de abordar la tarea de resumir y comentar Echopraxia, y sólo para aquellos que no estén familiarizados con la obra de Peter Watts, diremos que es biólogo marino, que después de ejercer como tal unos cuantos años dio la espantada (parece que el malmeter de la industria no le dejaba conciliar el sueño) y se puso a escribir, y que en su obra suele abordar, entre otros, temas relacionados con la ciencia y sus limitaciones, la religión, la reciprocidad (o más bien la falta de ella) entre conciencia e inteligencia, el libre albedrío y la evolución, todos ellos pasados por un tamiz científico (como no podía ser de otro modo), aunque no del todo cientifista.

Una de las particularidades que hace que Watts sea uno de los autores de ciencia ficción más interesantes de los últimos años es que es capaz de producir obras de cierto calado mental y con cierta tersura filosófica, y al mismo tiempo, aparte de la mera enjundia y la mera profundidad, plantear estas inquietudes sobre un armazón narrativo que podemos tildar, sin ningún tipo de pudor, como popular (entendido el término en su sentido friquista imperante en nuestros días), y que podríamos resumir así a bote pronto, y ciñéndonos concretamente al díptico Firefall1, como el cóctel no del todo excepcional que obtendríamos si mezcláramos el cine de terror espacial al estilo Alien: el octavo pasajero, los vampiros depredadores de una película como 30 días de noche y los zombis desnortados de un Romero o un Fulci (aclaro que no hay zombis en Visión ciega). Pero, como decimos, esto sólo sería una burda aproximación, unos torpes brochazos para orientarnos un poco, porque, claro está, ni los alienígenas, ni los vampiros, ni los zombis de Watts tienen mucho que ver con los alienígenas, los vampiros y los zombis a los que nos tiene acostumbrados el cine/literatura/cómic/vídeo-juego de terror al uso. Los monstruos de Watts sí son excepcionales, como también es excepcional el tratamiento que hace de los temas clásicos de la ciencia ficción. Watts no se ha inventado nada, pero ese cóctel, espolvoreado con montañas de datos y unos cubitos de acción trepidante, presentado con rigor científico (o al menos con un buen barnizado de rigor) y un estilo descarado no exento de lirismo (un lirismo tecnoide), hacen del canadiense un autor fuera de lo común.

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Los últimos, de Juan Carlos Márquez

Los últimosLa nueva novela de Juan Carlos Márquez se titula Los últimos y está encuadrada dentro del subgénero de ciencia ficción postapocalíptica, revitalizado los últimos años tras la repercusión de La carretera. Ya sabéis, historias con individuos andando sobre una Tierra devastada, enfrentados a la naturaleza hostil, la condición humana en su estado salvaje y a sus miedos más profundos.

Estructurada en 35 breves capítulos que abarcan desde unas cuantas líneas a cinco páginas, la novela se lee en apenas dos horas. En las primeras diez líneas llega una ola de fuego procedente del sol y mata a todo ser viviente que no estuviese a resguardo. En los seis días siguientes la vida en la Tierra perece y los contados supervivientes malviven saliendo poco de sus casas y portando incómodas máscaras y bombonas de oxígeno.

Los calamitosos protagonistas son una familia que vive en los habituales suburbios norteamericanos (casita con sótano y jardín). La primera parte de Los últimos narra su periplo en la Tierra, su convivencia con los demás supervivientes, los avances que realiza el ejército para mejorar sus vidas, el enfrentamiento a la soledad, los peligros que surgen, su huída a Disneylandia…; la segunda, menos crepuscular aunque sea el intento de sobrevivir en Marte cuando todo apuntaba a la pronta extinción, cuenta las experiencias de estos personajes en el planeta rojo, sus expediciones, sus nuevos temores, la procreación…

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Aceldama, de Francisco Jota-Pérez

AceldamaLo primero que debo comentar es que me considero seguidor y admirador de la obra de Francisco Jota-Pérez. Llevo casi una década leyendo sus libros y pocas veces me he sentido decepcionado. Así que al entrar, o sumergirme, en Aceldama sabía que su estilo y temática me interesaban. Digo esto porque veo aconsejable una breve documentación previa sobre la obra y estilo de Francisco Jota-Pérez antes de su lectura. Me atrevo a afirmar que nadie acaba sus libros con indiferencia: o encantan o se sale rebotado.

Aceldama es la Barcelona de un futuro no demasiado lejano, teñida de un punto onírico y gran subjetivismo por parte del narrador. Es una sociedad donde la tecnología ha avanzado más allá de la comprensión del ciudadano y el desasosiego resulta inherente. La ciudad va camino de lo incierto, y el autor en vez de narrarlo al detalle decide pincelar con decenas de apuntes que desconciertan y provocan ensoñación. Él deja pistas y es el lector quien decide si indagar y/o entender. Existen demasiadas referencias (alquimia, psicogeografía, nanotecnología, boxeo) y la labor de los protagonistas es convertirse en piezas esenciales para entender el mensaje y sometimiento a la psique que supone entrar en el enjambre Barcelona/Aceldama.

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