Evenmere, la gran mansión, de James Stoddard

Evenmere

Evenmere

La magia en las casas viejas, en las grandes mansiones, se ha tratado de diversas maneras dentro de este pequeño mundo que es la literatura fantástica. Unas veces para sembrar el terror puro y duro como la malsana Mansión Belasco recreada en el clásico La casa infernal de Richard Matheson; otras para incorporar un argumento quizás más próximo a la ciencia ficción –el magnífico cuento, “La casa del doctor Pétalo” de César Mallorquí es un buen ejemplo–; en cambio en ocasiones estos caserones enigmáticos son tratados desde un punto de vista más fantástico, más irreal y mágico. Los pasadizos y las sombras esconden secretos magníficos y las puertas no siempre dan a habitaciones cerradas. El propio autor dedica esta novela a obras como Las crónicas de Narnia o Gormenghast. Las influencias, pues, están ahí y no se esconden. Al final del libro se encuentra un completo artículo de Arturo Villarubia sobre las obras que han influido y encaminado a James Stoddard a la creación de Evenmere, la gran mansión. La cuestión es que Stoddard ha sabido cultivar muy bien la faceta de la casa fantástica en un argumento con elementos clásicos que beben de las mencionadas fuentes y de otras más novedosas, a veces irreales, pero que entran con una facilidad pasmosa en nuestros cerebros.

Evenmere es un gran misterio. Unos dicen que fue construida por Dios, otros que controla el destino de centenares de mundos, incluso del universo entero. Para Carter Anderson es el hogar donde vivió de pequeño, al lado de su padre y de sus criados y para él sólo es un lugar donde jugaba hasta que, por su seguridad, fue exiliado al exterior, en el mundo real.

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La conjura contra América, de Philip Roth

La conjura contra América

La conjura contra América

Da cierta vergüenza reconocerlo, habida cuenta de la posición que ocupa el autor en la literatura norteamericana contemporánea, pero hasta leer la última novela de Philip Roth publicada en España, La conjura contra América, no había tenido apenas contacto con la obra de este interesantísimo escritor, salvo por algunos cuentos recogidos en antologías, alguna entrevista y una adaptación cinematográfica reciente, la de La mancha humana, dirigida por Robert Benton en 2003. Más vale tarde que nunca, me apresuro a decir, porque la lectura de La conjura contra América es una experiencia fascinante, a cuya luz desaparece cualquier atisbo de lamentación por lo que uno no ha leído y triunfa en cambio el entusiasmo del descubrimiento. A la vista de la magnífica novela que nos ha entregado Philip Roth, me viene a la memoria la paradójica reflexión de Martín de Riquer sobre la inmortal creación de Miguel de Cervantes: “qué suerte no haber leído nunca el Quijote, para poder descubrirlo por primera vez”. Esa es justamente mi fortuna, pues gracias al desconocimiento de las novelas anteriores de Roth, he tenido la oportunidad de acceder con toda mi capacidad de admiración intacta al vigoroso mundo narrativo de esta novela.

Una novela que parte de un planteamiento de historia-ficción –un relato de historia alternativa, que tiene algunas de las características de la denominada ucronía–, basado en una circunstancia no demasiado conocida por el gran público: la simpatía de Charles Lindbergh, el héroe americano de la aviación, por la causa del nazismo. La conjura contra América proyecta ese hecho hacia un pasado alternativo, en el que Lindbergh se presenta como candidato republicano a las elecciones presidenciales norteamericanas de 1940, vence arrolladoramente a los demócratas de Franklin Delano Roosevelt y pone en práctica una política aislacionista y de pactos con Hitler, que acaba desembocando en la persecución de los judíos norteamericanos.

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