Adrift on the Sea of Rains, de Ian Sales

Adrift on the Sea of Rains

Adrift on the Sea of Rains es la primera entrega del Apollo Quartet, conjunto de cuatro novelas cortas que Ian Sales está publicando a través de su editorial, Whippleshield Books, destinadas a fomar una tetralogía sobre la carrera espacial en general y el proyecto Apollo en particular. A tenor de lo leído en la página web de la editorial, se trata una revisión de la mitología y el drama de la carrera espacial, alejada de los fuegos artificiales de la space opera  y del patriotismo optimista que alimentaba cierta cf clásica, la de los héroes heinlenianos de mandíbula cuadrada, eficientes, monolíticos, hechos de una pasta especial, the right stuff, los elegidos para la gloria.

La acción transcurre durante los años ochenta de una realidad alternativa en la que el programa espacial norteamericano no se detuvo tras el Apollo 17, es decir, no sólo se llevó a cabo el gran acto simbólico de llegar a la Luna, sino que se continuó con su “conquista”. Pero en esta línea temporal, una vez apagados los ecos del alunizaje, el desinterés del público, la falta de fondos y un progresivo calentamiento de la Guerra Fría, convirtieron la carrera espacial en un asunto únicamente militar. Los norteamericanos han logrado construir una estación espacial, la SS Freedom, para controlar la estratosfera y una base lunar, la Falcon Base, enterrada en el subsuelo de la planicie conocida como el Mar de las Lluvias, Mare Imbrium. Allí es donde nuestro protagonista, el capitán Vance Peterson, y sus compañeros quedan abandonados a su suerte tras contemplar impotentes cómo se desata la guerra nuclear, llevándose por delante toda la vida del planeta Tierra, dejándolo arrasado y sin vida, como el lugar en el que han quedado atrapados. Ya no hay nadie en casa para recibirles en condiciones y la única esperanza es esa idea loca extraída muy acertadamente del fértil y fascinante mundo magufo-nazi. Se trata de The Bell (más conocida en los círculos de entendidos como Die Glocke) una wunderwaffe encontrada al final de la II Guerra Mundial en Silesia, oculta durante años en un almacén militar norteamericano y acarreada hasta la luna de tapadillo, poco antes de que se desatara el apocalipsis nuclear. Este artefacto es capaz de navegar por los procelosos universos cuánticos arrastrando con ella el lugar en el que se encuentra ubicada, es decir, la luna entera, hasta encontrar la familiar estampa de un planeta azul sobre el horizonte lunar en vez de la calavera grisácea que los astronautas divisan desde Falcon Base. Así que ahí están los pobres, racionando agua y comida, accionando el armatoste nazi sin éxito y funcionando a base de pequeñas rutinas. Hasta que un día…

He de reconocer que la primera vez que leí este relato, se me atragantó. Ian Sales es un pajero de la carrera espacial de tomo y lomo, se nota que adora el tema, que es lo suyo, que se lo pasó pipa y que quizá no haya sabido cuando parar. Un ejemplo muy claro de la fiebre que se apoderaba de Sales mientras escribía el relato; en mi cacharro electrónico de leer, el epílogo, con un glosario de acrónimos, una cronología de la carrera espacial alternativa, descripciones de todos los vehículos espaciales y aviones a reacción, y bibliografía consultada, ocupa veinticuatro de un total de setenta y cinco páginas.

Así que los que estén familiarizados con las amargas mieles del hard ya se estarán imaginando lo que se van a encontrar; descripciones extremadamente detalladas de cohetes, módulos de aterrizaje, módulos de comando, vehículos lunares, velocidades, propulsiones, fuerzas gravitatorias, consumos de combustible, pesos, masas, aceleraciones, fricciones, en fin, la locura. El nivel de detallismo en las explicaciones científicas se traduce en párrafos trufados de acrónimos y términos técnicos cuya lectura se asemejaría a ver una película del primer Tarantino en la que se hubieran sustituido los tacos por los pitidos de la censura.

Pero recordando mi epifanía con Blindsight de Peter Watts, intuí que ahí había algo más que un fanático pajeand…, digoooooo, volcando sus obsesiones sin más. Así que lo intenté de nuevo, pero esta vez armado con una chuleta de acrónimos y una voluntad de hierro. Y la experiencia lectora fue diferente y mucho más reveladora. Siguiendo la tradición de evocar emociones y sensaciones con metáforas posibles únicamente en la cf (el efecto “el cielo sobre el puerto tenía el color de un televisor sintonizado en un canal muerto”) pero llevándolo al extremo. Mediante la detallada descripción del funcionamiento de toda esa tecnología, Sales crea una atmósfera de pálida nostalgia por una perdida era espacial, por la increíble aventura y la locura de unos hombres que salían al espacio en poderosos cohetes y frágiles y espartanos módulos de aterrizaje, ahora varados en la luna, generando un lenguaje, un tono particular, áspero y excesivo, en algún momento hermoso, y siempre único y original.

Digo original porque además del minucioso trabajo de documentación científica, late con fuerza la sutil disección de la psicología de Vance Peterson, el capitán de la misión, ése héroe capaz y eficiente, que siempre sabe lo que tiene que hacer y que dará siempre el primer paso en presentarse voluntario para la misión suicida que salvará a sus hombres. Disección elaborada a base de detalles dispersos a lo largo de la narración, que se atisban como formas que se mueven bajo el hielo de la desesperanza en la que están atrapados los personajes, hombres taciturnos que anotan concienzudamente las inútiles incidencias diarias, operando una radio que ya sólo escupe estática, apenas sin relacionarse entre sí, siguiendo mecánicamente una disciplina militar que les proteja de sus propias emociones. Y la rabia reprimida y la necesidad imperiosa del capitán de protegerse tras un traje espacial y pasear por la superficie lunar, alienado de sus compañeros, como se alienaba del mundo cuando pilotaba aviones supersónicos de combate en el entorno azul, helado, brillante y vacío de la estratosfera, una proyección de su yo interior.

Únicamente anotar en el debe la resolución del relato, ese AH, QUÉ IRONÍA en letras bien grandes, que recuerda tanto a un tebeo de la EC como a un episodio de Twilight Zone, y que me hizo arrugar la nariz, porque, en mi opinión, subraya con trazo grueso la delicada tracería psicológica esbozada previamente. Pero esto, lo reconozco, es algo personal, no sé porqué le tengo manía a este tipo de estructuras narrativas.

De todos modos me quedo con lo positivo, que Adrift…, no logre ser absolutamente redonda no la invalida en absoluto, hay que seguir atento a los siguientes relatos que Sales continúe publicando en su saga del Apollo Quartet, porque en cualquier momento va a encontrar el equilibrio en su fórmula y de ella puede salir algo muy brillante.

Adrift on the Sea of Rains (Apollo Quartet). Relato ganador del BSFA 2012
Whippleshield Books (2012)
Libro electrónico. 75 pp. 2,80€.

3 pensamientos en “Adrift on the Sea of Rains, de Ian Sales

  1. Pingback: Apollo Quartet, de Ian Sales | C

  2. Lo he leído hoy traducido y estoy bastante de acuerdo contigo. El tema de la jerga, asociada casi siempre a los cálculos sobre pesos, volúmenes de combustible, tiempos de impulsión, me molestaba bastante… hasta que me he dado cuenta que es básicamente lo único que aciertan a decirse todos esos hombres condenados a perecer en la Luna por ese sistema que han jurado defender hasta su último aliento. Dice mucho que después de meses de fracasos, de mantener la disciplina de manera espartana esperando salvar la Tierra gracias a ese artefacto nazi, de silencio casi monástico, cuando llega el momento de romper el silencio lo que salga sea exclusivamente eso. Una ciencia que, por otro lado, es la puerta a la esperanza, cerrada por ese condicionamiento social en el que habían crecido. Sobre todo ese Peterson que parece hijo de Curtis LeMay (genial que prescinda del piloto más dotado por haber caído en la falta de disciplina). Pero vamos, apreciando esto, habría ganado con una redacción más cuidada (a la tercera vez que ha dicho que la gravedad en la Luna es un sexto que en la Tierra casi cierro el libro).

  3. Sí, la primera vez que lees este relato es que parece que Sales te está metiendo el dedo en el ojo, sólo por joder. Me pasó lo mismo que a mucha gente que está reseñando ahora el cuenta, pero hay una escena clave en la que el protagonista está volando en un avión supersónico o cacharro similar, atravesando la estratosfera perfectamente azul y helada como su paisaje mental y me di cuenta de que ahí había algo que se me escapaba. Lo leí otra vez y ya le pillé el punto. Es más, si te lees la cuatrilogía, el relato cobra aún más este sentido de análisis psicológico.

    Y eso es lo más interesante que hace Sales, usando herramientas del hard hace una especie de retrato psicológico de ese ideal del Conquistador del Espacio, ese héroe solar heinleniano, que le gustaba tanto a la NASA y al establishment y que en el fondo es presa de un desequilibrio mental importante. El uso de tanto dato, acrónimos y demás, lo veo también como una elegía a una de las aventuras más locas de la raza humana, hay un momento en que te dice el espesor de las paredes del módulo lunar, algo así como el de un par de láminas de contrachapao y ¡pum!, sentido de la maravilla.

    En cuanto a la redacción, me ha hecho gracia lo que comentas porque la verdad es que no me di ni cuenta, no sé si es que cada vez tengo más déficit de atención, que cada vez me importa menos el estilo o que cuando leo entro en una especie de trance, visualizando de forma muy vívida lo que me están contando y se me escapan estas cosas. También hay que tener en cuenta tu deformación profesional como maestro, jejejeje. No, en serio, es cierto que Sales no es precisamente un estilista, aunque va mejorando en los siguientes cuentos, y en el último, la novela corta, resulta bastante solvente.

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