La guerra de los mundos, de Howard Koch y Orson Welles, y el estudio posterior de Hadley Cantril sobre la psicología del pánico

Nota inicial (30/10/2013): Antes de la lectura de esta reseña recomiendo pasarse por el siguiente artículo que habla sobre la repercusión que tuvo la emisión del Mercury Theatre, bastante menor de lo que se suele comentar. Sus autores, Jefferson Pooley y Michael Socolow, son profesores universitarios de comunicación y periodismo y autores de un libro sobre el fenómeno La guerra de los mundos y el estudio de Cantril. El artículo señala varios errores cometidos en el estudio de las cifras por el sociólogo de la Universidad de Princeton que se refieren a las dimensiones del “pánico”, pero no a lo que llevó a parte del público a alarmarse/asustarse.

El título más largo e inexacto del mundo

El título más largo e inexacto del mundo

Hace 75 años, el 30 de Octubre de 1938, el Mercury Theatre puso en antena la adaptación de La guerra de los mundos de H. G. Wells escrita para la ocasión por Howard Koch. El temor que indujo entre un porcentaje significativo de sus oyentes, especialmente en zonas rurales, forma parte de nuestro imaginario colectivo, probablemente sobreestimado por el paso del tiempo y el efecto magnificador de unos medios de comunicación que disparon su alcance. Este libro resulta interesante para indagar en lo ocurrido; además del guión utilizado por la compañía de Orson Welles incluye un estudio del sociólogo Hadley Cantril sobre las causas del pánico desencadenado aquella noche de otoño. Entre miles, decenas de miles o centenares de miles de radioyentes.

El guión de Koch es un pequeño dulce. Uno pasa sus páginas mientras se imagina la puesta en escena y entiende por qué la gente se pudo alarmar de aquella manera. De un ingenio sibilino, y con una densidad más que notable, toca todos los momentos claves de la obra de Wells. No solo cuenta la llegada de los marcianos sino que también ofrece un vistazo a lo que sería el mundo tras la presumible aniquilación de la civilización humana antes de la proverbial salvación vía microbios. En apenas una hora junto a la introducción, las piezas musicales para crear atmósfera, los primeros noticiarios…

Es difícil dejar a un lado la perplejidad ante cómo fue posible que la charada no fuera descubierta por todos sus oyentes. El lapso de tiempo casi nulo desde las primeras detonaciones en Marte hasta la llegada de los meteoritos; la velocidad de los personajes a la hora de desplazarse de un escenario a otro; el ritmo al cual los marcianos se mueven por el país; la rapidez con la que se descompone el tejido social en, repito, menos de 60 minutos. Aunque es fácil juzgar en una lectura en el sofá. In situ, sin referencias, pillando el programa a la mitad, alarmado por el vecino de abajo con sus maletas ya en la escalera…

Esclarecer las causas de dicho fenómeno es la misión del resto del libro: un estudio de 150 páginas realizado las semanas siguientes a la emisión. Cantril explica de forma pormenorizada el método seguido por él y sus colaboradores; un detalle imprescindible para testar la fiabilidad de sus conclusiones. Durante ese análisis, atraviesa una serie de estadios que afloran el cocktail de factores que pudieron influir: la educación recibida por cada individuo, su posición socioeconómica, el peso del grupo… Un conjunto de palancas y contrapesos actuando sobre su capacidad para el pensamiento crítico, esa habilidad necesaria para descodificar la realidad que nos rodea. No son los únicos componentes que el estudio pone de manifiesto como causas internas. En este sentido son cruciales las comparativas dos a dos de seis testimonios con amplias similitudes en los que, sin embargo, hubo reacciones opuestas.

También existen dos factores externos ineludibles: el estado económico de un país saliendo muy lentamente de la gran depresión, con el impacto que supuso para muchos ciudadanos a todos los niveles, y la crisis de los sudetes; un acontecimiento geopolítico que, los meses anteriores, tuvo a EE.UU. pendiente de la radio a la espera del inicio de una nueva gran guerra. Llegados a este punto, Cantril juega con elementos más allá del análisis de las encuestas, y aparecen nuevas causas, más sutiles, como la relevancia de los anhelos inconscientes a la hora de moldear la visión de la realidad. Cómo ciertas personas sin habilidad para escapar de un pozo anímico pueden ver en el fin de todo la consumación de sus más íntimos deseos, o la anhelada liberación tras un tiempo de penurias y desesperanza. Cómo el apocalipsis puede ser la confirmación a un sistema de creencias frente a unos pecadores destinados a sufrir a su alrededor.

Los oyentes que cayeron en la histeria estaban activos a la espera del “detonador” adecuado que los hiciera “explotar”.

Ahora bien, reconozco en el estudio muchas limitaciones. Aparte de sendas encuestas externas sobre penetración del programa y la alarma que creó (parece ser que malinterpretadas), la base de Cantril es un cuestionario telefónico hecho por su equipo a centenar y medio de personas con restricciones importantes. Hubiera sido conveniente extender el análisis a un mayor número de individuos, y el error muestral da la impresión de ser significativo. Como confiesa el propio Cantril, profesor de la universidad de Princeton, la mayor parte de su encuesta telefónica se realizó en New Jersey; por falta de fondos fue imposible establecer muchas conferencias telefónicas a otros estados. El grupo se vio obligado a trabajar sobre todo en su propio estado, el de mayor incidencia del programa, y eso limitó conocer la respuesta en un país tan diverso como EE.UU.

El libro no deja de ser una pequeña anécdota, pero tiene su valor como defensa de una función imprescindible de cualquier sistema educativo. Más allá de los contenidos, una sociedad debe preocuparse por proporcionar a los ciudadanos las herramientas necesarias para desarrollar el pensamiento crítico de manera que sean capaces de tomar decisiones impermeables a sistemas de creencias o situaciones de estrés. Un intangible ajeno a una clase política más preocupada por entelequias como la cultura del esfuerzo o la excelencia educativa; lemas políticos que, a base de usarlos, han terminado por quedar huecos.

El título más largo del mundo (Adaba editores, Col. Voces, 2005)
¿Te crees tú que lo pusieron? (1938)
Traducción: No he sido capaz de encontrarlo.
Rústica. 256pp. 18 €

Nota 1: No he hecho mención a la introducción al estudio preparada por Julián Jiménez Heffernan, en las antípodas de lo que debe ser un texto de este tipo. Un barullo de referencias a Marte extraídas de diferentes manifestaciones culturales. Un popurrí sin claridad, orden ni concierto; el típico ejercicio de “voy a meter todo lo que pueda en estas páginas” que termina por no contar nada.

Nota 2: El título del libro es El guión radiofónico de La invasión desde Marte sobre la novela La guerra de los mundos de H. G. Wells por Orson Welles y el Mercury Theatre con un estudio de H. Cantril sobre la psicología del pánico y una introducción de Julián Jiménez Heffernan. Así, tal cual.

Nota 3: El autor del guión de la adaptación fue Howard Koch. Welles fue el encargado de ponerlo en escena, pero no tuvo nada que ver en su redacción. Aunque es el nombre que aparece como autor en el lomo y bien grande en la cubierta.

Nota 4: Encuentro en La tercera fundación que Occidente ya había traducido el guión y el estudio en 1942. Sería interesante descubrir si la edición es nueva o una simple reimpresión. Como curiosidad, el nombre de Welles no aparecía por ningún sitio.

Un pensamiento en “La guerra de los mundos, de Howard Koch y Orson Welles, y el estudio posterior de Hadley Cantril sobre la psicología del pánico

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