Luna ascendente, de Ian McDonald

Luna ascendenteHace cuatro años recibí ufano esta serie tras leer Luna nueva, un drama familiar bien sustentado sobre sus personajes y su lugar narrativo. Además del culebrón, Ian McDonald fue capaz de mantener esa multiculturalidad tan característica de sus anteriores novelas, rebajada en un esquema donde ganaban peso la acción, las conspiraciones y el giro en la trama. Rápidamente le surgieron blurbs rollo Juego de tronos en la Luna alentados por un supuesto proyecto de serie televisiva del que no se ha vuelto a saber nada. Sin embargo, al terminar ese primer volumen en el club de lectura de la tertulia de Santander ya surgieron dudas sobre el camino de las siguientes entregas. ¿Sería capaz McDonald de reemplazar los personajes muertos en Luna nueva con otros igual de atractivos? ¿Hasta qué punto podría mantener lo que funcionaba, como esa estructura narrativa sostenida sobre dos planos?

Luna de lobos respondía a la primera pregunta con un rotundo no. También dejaba ver que una estructura bien pensada y bien resuelta se convertía en una solución artificiosa cuando los mimbres eran otros. Ahondando en esta impresión, el tercer volumen de la trilogía, Luna ascendente, nos deja con un McDonald completamente superado, hasta el punto que ya ni lo intenta. Basta observar sus primeras páginas y compararlas con los dos libros anteriores.

Luna nueva y Luna de lobos abrían (bueno, en Luna de lobos era el segundo capítulo, pero se me entiende) con dos capítulos magníficos: Luna nueva con una carrerita sin escafandra por la superficie de nuestro satélite, a modo de rito de paso para la juventud acomodada de las grandes familias de la sociedad selenita; y Luna de lobos con una experiencia de parkour con caída libre y una sensación de riesgo equivalente. En sí mismas, la una y la otra excelentes narraciones que ejercían de presentación personajes y su modus vivendi. Para cerrar este catálogo de alardes, Luna ascendente se inicia con una batallita en el vacío como hemos leído unas cuantas en los libros anteriores, esta vez con menos tensión y, lo que es peor, carente de personalidad. Un síntoma de la desgana que, creo, se ha apoderado del autor de El río de los dioses.

La estructura de Luna de lobos me había supuesto algún problema. McDonald reproducía de nuevo los dos hilos temporales con acciones contadas en paralelo, aunque esta vez una acontecía unos meses antes que la otra y desencadenaba un efecto, la venganza de los Corta contra los McKenzie, antes que la causa. Independientemente de mi opinión, daba continuidad a la vez que proporcionaba relieve al potenciar el halo de misterio de la trama. Luna ascendente… no tengo del todo claro que haya un interludio. Mi duda está en si una serie de capítulos centrados en Marina, un personaje que regresaba a la Tierra al final de Luna de lobos, se pueden considerar como tal. Podría ser así, porque interrumpen la acción con claridad. Sin embargo, me inclino a pensar que no: su peso sobre los relatos personales de los Corta es nulo, y aunque abre una visión apenas vista (el rechazo en la Tierra hacia los habitantes de la Luna), termina siendo grasa de la prescindible.

Ian McDonaldAmbas cuestiones enfatizan cómo en Luna ascendente McDonald ha dejado de lado ya cualquier refinamiento y se lanza a degüello hacia la conclusión. No tanto en la decisión de qué contar, porque la elección de qué merece narración y qué elipsis está muy descompensada, como en la manera de abordarla. Muchos fragmentos podrían pasar por un tratamiento de guión con apuntes de acción o descripción entre diálogo y diálogo al que, por decoro, se le han quitado los fundidos en negro.

Entre las puñaladas traperas y los giros del argumento previsibles a kilómetros; los personajes con el carisma intacto, pocos, y los que lo dilapidan miserablemente, capitaneados por un Wagner Corta con un papel marginal; los villanos de opereta y un persistente aroma a esto ya lo hemos leído, irrumpen dos ideas bastante logradas que pueden suponer una mínima recompensa. Una sobre el escenario en sí, esa Luna libertaria esta vez a punto de saltar en pedazos por el enfrentamiento entre quienes desean mantener una economía industrial para, a partir de ella, extender su dominio por el Sistema Solar (algo a lo que cada familia aporta lo suyo), y quienes proponen replegarse de vuelta a la Tierra e introducir una economía especulativa a lo bestia. Con una dimensión demencial al introducir un proceso de «terraformación» adaptado a los tiempos de los derivados financieros.

Detrás de este dilema se trabaja el de los personajes. Un «¿qué quieres hacer con tu vida y tu legado?» que a ratos, y por barrios, parece ir más allá del fuego de la venganza o ser el rey de la colina. Aunque le cuesta alcanzar peso. Los personajes jóvenes que han tenido tres libros para ganar el calibre y las dimensiones de la generación anterior vuelven a demostrar una entidad ínfima. Un poco lo que pasa a Luna de lobos y Luna ascendente frente a Luna nueva. Dos ripios desvaídos de una primera novela que contenía prácticamente todo lo que hemos visto después y lo ejecutaba con una solvencia ausente en las entregas posteriores.

Apache libros publica en septiembre una novela corta enclavada en el mismo universo, Dama Luna. La amenaza de Farside. Y esta oportunidad editorial, de seguir leyendo a McDonald en España, resume uno de los dramas inamovibles detrás de la edición de ciencia ficción en España. Es más fácil ver traducido un producto derivativo de un culebrón mediocre y escrito a medio gas, que una obra fundamental para entender la mejor ciencia ficción del siglo XXI como Cyberabad Days. Algo que es difícil que cambie, sobre todo cuando los creadores de opinión seguimos trabajando a partir de la línea de puntos que nos lanzan los encargados de marketting, sin aportar nada que se aleje diez centímetros del marco en el cual nos sitúan.

Luna ascendente (Ediciones B, col. Nova Ciencia Ficción, 2019)
Luna. Moon Rising (2019)
Traducción: Natalia Cervera
Rústica. 464pp. 21,90 €
Ficha en la web de La tercera fundación

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