Gambling Apocalypse Kaiji, de Nobuyuki Fukumoto

En los largos meses que he dejado de colaborar en C por pura vaguería, he comprobado con creciente alarma como el nivel de la página ha ido subiendo de forma imparable, siendo ya conocida en algunos círculos como Les Cahiers du Sci-Fi. «Lo llevo crudo», pensé cuando me picaron las ganas de volver a escribir, mientras barajaba algún tema que me exigiera poco esfuerzo. Menos mal que en mi larga experiencia de persona extremadamente perezosa he llegado a dominar las técnicas de la excusa barata, la autojustificación y el colar gato por liebre en mi interminable carrera hacia el sillón. Así que mientras voy poniéndome trabajosamente a la altura preparando sesudos artículos sobre temas tan apasionantes como la raíz gnóstica de la serie Dryco de Jack Womack o epistemología, consciencia y humanismo en la obra de Matthew De Abaitua, qué mejor para coger el ritmo que pasar completamente de la temática habitual de la página e ir regurgitando lo que más he leído y disfrutado desde hace ya bastante tiempo, esto es, mangas, la mejor manera de hinchar las estadísticas en Goodreads y ahuyentar a los lectores de la página. Pero como soy una persona que siempre decepciona, no se trata de mangas de cf o fantasía (bueno, alguno caerá), o de reputados artistas tipo Taniguchi, Takahashi o Urasawa ya de sobras conocidos, no, no. En este caso la intención inicial es reseñar algunos mangas no publicados en España, de autores muy desconocidos y temáticas variadas, cuando no directamente demenciales y cuanto más japonesas y ajenas a las formas de contar con las que nos encontramos cómodos en occidente, mejor. Y aprovechando su inminente edición en inglés, comenzaremos con uno de los mejores mangas que he leído en estos dos o tres años de atracón de tebeos nipones, el magnífico Tobaku Mokushiroku Kaiji de Nobuyuki Fukumoto.

Nobuyuki Fukumoto es un veterano mangaka especializado en tebeos sobre juegos de azar y apuestas, un género popular en Japón desde el boom económico turbofinanciero inmobiliario de los ochenta, historias en las que el juego no es más que una herramienta que nuestro autor emplea como excusa para reflejar las consecuencias de los vaivenes de la economía en sus personajes (siempre masculinos, luego más sobre esto). Sus obras más conocidas son casi todas de este palo; Gin a Kin («Plata y oro»), un manga sobre un equipo de black ops económicos, Akagi, protagonizado por un ingenioso jugador de mah-jong inmerso en el mundo de las bandas yakuza de mediados de los sesenta o Saikyō Densetsu Kurosawa («La leyenda de Kurosawa el fortachón»), un manga de humor sobre un torpe y tímido capataz de obra soltero ya bien entrado en la cuarentena, incapaz de hacerse respetar o apreciar por sus compañeros y objeto de todo tipo de crueles situaciones humorísticas. Pero, sin duda, su obra más conocida es la saga de Kaiji, de la que se han publicado tres series; la mencionada Tobaku Mokushiroku Kaiji, que es la que trataremos a continuación, y las, en mi opinión, muy inferiores Tobaku Hakairoku Kaiji  y Tobaku Datenroku Kaiji. Todas de gran éxito en Japón; más de veinte millones de tomos vendidos, adaptación a anime, tres películas de imagen real, una larga lista de videojuegos e, irónicamente, hasta una tragaperras, alcanzando estatus de serie de culto en occidente aún sin haberse licenciado de forma oficial.

Tobaku Mokushiroku Kaiji o Gambling Apocalypse Kaiji, como se ha traducido en la reciente edición norteamericana, hace honor a la tremendez de su título. Serializada originalmente en 1996 en la revista Young Magazine, en ella se narra la rocambolesca historia protagonizada por Kaiji Itou, un joven nini japonés de rasgos afilados y esplendoroso mullet, varado en el estancamiento económico del Japón post burbuja durante los años noventa. Sin saber qué hacer con su vida, y atrapado en la amargura y la frustración, rajando ruedas de automóviles de gama alta para pasar el rato, Kaiji desperdicia el tiempo dedicándose a jugar y apostar en partidas ilegales o viendo pasar la vida bebiendo y fumando en su ratonera. Hasta que un aciago día, una agencia de recobros gestionada por la yakuza le exige el pago de una deuda en su momento Kaiji avaló, traicionado por un amigo que ha puesto pies en polvorosa sin pagar un yen. Como el acreedor aprieta pero no ahoga, se le ofrece la oportunidad de saldar sus deudas y a la vez salir con un buen pellizco participando en un juego de azar que se celebrará en un barco en alta mar. Dicha invitación dará inicio a una desquiciada ordalía infernal en tres actos, donde, como rezaban los inmortales versos de Eskorbuto, Kaiji se verá atrapado en la lucha necia del todos contra todos, bajo la atenta y gozosa mirada de una élite de ancianos ricos y poderosos, superando varias pruebas a medio camino entre el juego de ingenio y azar y el concurso televisivo japonés de putear a la gente. Kaiji se arrastrará penosamente por todas estas pruebas jugándose la vida a lo largo una historia de maduración y autoconocimiento de sí mismo y el mundo, conocimiento pagado con mucho, pero que mucho sufrimiento. E incluso esas revelaciones, por estas cosas de los japoneses que no respetan el viaje del héroe, aunque sea del lumpen, quizá no le sirvan de nada ante la adicción al juego, el único lugar donde un tipo insignificante e irrelevante como Kaiji domina la situación, donde el resultado dependerá de su inteligencia e intuición, sin la injerencia de circunstancias que escapan a su control.

La grandeza y excepcionalidad de este tebeo se asienta sobre tres pilares fundamentales en mi opinión. Primero la riqueza narrativa; aunque en un principio el interés de la historia se centra lógicamente en si Kaiji triunfará o no y cómo lo hará, resulta tan o más interesante el relato emocional del personaje. Fukumoto se apoya en el minucioso análisis de los procesos mentales de Kaiji (a veces incluso demasiado minucioso, lo que deriva en algunos monólogos interiores excesivamente largos, sobre todo en el primer tercio de la obra) y las presiones psicológicas a las que se ve sometido a la hora de jugar para mostrarnos cómo el personaje navega a través de diferentes conflictos morales; la avaricia, el egoísmo, la confianza y el compromiso con los demás, la responsabilidad personal y la verdadera naturaleza del éxito o el fracaso. Por otro lado la riqueza del aspecto temático en sí, que gravita alrededor de la mencionada lucha necia; el carácter psicopático del ejercicio del poder y como éste se autojustifica y perpetúa imponiendo la sumisión mediante una absurda carrera de ratas de desquiciada competitividad, arrojando como consecuencia el efecto devastador que todo ello ejerce sobre la población masculina japonesa. Hombres fracasados y desesperados, rotos por las deudas, abandonados por sus familias, deshechos en torrentes de lágrimas, vulnerables y débiles, aterrados e impotentes ante una maquinaria trucada, contra la que Fukumoto propone la responsabilidad personal, la colaboración y el esfuerzo solidario como únicas armas eficaces. Un rasgo muy interesante es que, a pesar de que Fukumoto se centra en explorar las debilidades de la masculinidad y los personajes femeninos son prácticamente inexistentes, su obra cuenta con un nutrido público lector femenino en Japón gracias a este tratamiento de las angustias de la masculinidad, lo que le emparenta en cierta forma con el yaoi o el boys´ love (mangas románticos de temática gay masculina para el público femenino).

 

Y el tercer pilar, ya entrando en lo formal, reside en la extraordinaria capacidad de Fukumoto para crear una olla a presión mediante un grafismo caricaturesco de línea chunga, pertrechado únicamente con apenas media docena de recursos gráficos que, en su escasez y reiteración, juegan a su favor en la construcción de un ambiente opresivo, angustioso e intensísimo. Personajes constantemente sudorosos y asustados, el tiempo detenido mediante escenas subrayadas violentamente con murmullos y momentos incómodos (la ubicua y entrañable onomatopeya  «ざわ» o «zawa, zawa»), brutales momentos emotivos entre hombres aterrados enfrentados a una muerte horrible y metáforas visuales pasadísimas de rosca (si Kaiji se deja llevar por la corriente del ansia de jugar, zas, sutil doble página de un mar de aguas negras arrastrando al personaje) que funcionan a la perfección en la lógica interna de la historia cuando te das cuenta de que toda la tramoya que mueve los decorados del argumento no es más que Fukumoto trabajando con metáforas sobre la sociedad japonesa para impactar de la forma más violenta posible al lector. Y finalmente, la inagotable capacidad de Fukumoto para dar otra vuelta de tuerca a su relato hasta límites insospechados, y es que cuando te parece que la situación no puede resultar más agónica y desesperada, ahí está Fukumoto sacándose otra movida inesperada de la manga, y luego otra, y otra, y otra…, convirtiendo la lectura de Gambling Apocalypse Kaiji en una experiencia de una tensión constante e intensísima, pero también absorbente, compulsiva y, por supuesto, divertidísima.

Gambling Apocalypse Kaiji, de Nobuyuki Fukumoto (Tobaku Mokushiroku Kaiji, Kodansha, 1996).
1ª Edición en inglés. Denpa, LLC. 2020.
B/N. Rústica. 544 pp. 21,38€

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