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Hitos

Hubo un tiempo en el que conmemoraba las efemérides de empezar y terminar cosas en Internet sin fallar ni una. El aniversario de, dos años tras, un lustro desde… Con el transcurrir de la vida y los proyectos el tema pasó a darme un poco lo mismo. Se pilla gusto a lo que se hace rápido y fácil, otra reseña; se deja a un lado lo que cuesta, cualquier otro contenido. Más cuando agotas tu receta de la celebración. Ese cúmulo de agradecimiento, nostalgia, lamento y promesa termina pareciendo una excusa para festejar tu supervivencia entre las lápidas de los que han caído, contada con esa medio sonrisa estúpida del que piensa que todavía puede marcar la diferencia en el territorio #FIAWOL (risas enlatadas).

El hecho es que este 2020 tanto podía festejar mi décimo año en twitter; la docena desde que un grupo de aguerridos fandomitas se reuniera en Urueña para urdir Prospectiva; mi decimocuarto ejercicio al frente de C, un proyecto cuya patada definitiva llegó durante la primera y última Septentrión; los quince años desde el cierre de Cyberdark o los veinte de su fundación; etcétera. Sin embargo, en esta secuencia hay una fecha todavía más personal cuyo aniversario se cumple hoy, 16 de abril: mis dos décadas escribiendo sobre narrativa en internet. Un hobby que me llegó un poco más mayor que al grueso de fancinerosos que se estrenaron en las décadas anteriores y que, más o menos, me ha permitido abrirme un pequeño hueco en la esfera fandom de España. Gracias, sobre todo, a esa constancia que se ha convertido en mi seña de identidad. No al nivel de afirmar que sobreviviré a Francisco José Súñer Iglesias y su eterno impulso a la web decana en la ciencia ficción de nuestro país, pero sí para haberme formado una perspectiva lo suficientemente extendida y, al menos, valorar por qué me sigue mereciendo la pena mantener esta actividad.

In illo tempore

El rincón de Nacho

Aun a riesgo de hablar en términos incomprensibles para cualquier lector de menos de 30 años, mi irrupción en el fandom activo fue escasamente glamuroso. Mi proveedor de internet, CTV (¿recuerdan los tiempos de 56ks?), me ofrecía 5 megas de espacio web para lo que necesitara y, decidido a utilizarlos, me creé mi propia plataforma personal donde, entre otras cosas, comencé a publicar reseñas. Un poco por darle un contenido regular, un mucho por mi pésima memoria. Y, en algún punto intermedio, testar qué había sacado de ese libro, ese cómic recién leídos, la pretenciosa voluntad de ir más allá del argumento y arañar unos centímetros bajo la superficie. Mi primer texto, sobre El mundo sumergido, da fe de mis dotes. Aburreovejas Año Cero.

Recuerdo aquella primera época con cariño, por lo que supuso de formación y de construcción de relaciones. A través de algunas listas de correo con mis primeras polémicas (¿alguien recuerda a David «barata, pero excitada» Alabort?); la entrada en Cyberdark cuando apenas éramos cuatro gatos y, mientras desvirtualizaba a decenas de usuarios, mi ascenso a diva de foro, PensaPol y editor de la portada; mi primera AsturCon, estar sentado a una mesa con Julián Díez, Elia Barceló o Rodolfo Martínez y sentirme uno más (calladito, todo hay que decirlo), o que Juanma Santiago me pidiera mi primera crítica para Gigamesh durante una espicha en la que Andrzej Sapkowski me abroncó por estar sentado mientras una señorita estaba de pie; mi primera HispaCon, conocer a Fernando Ángel Moreno, Gabriela Campbell, José Antonio Cotrina o a Carmen Pila y poner los primeros cimientos de la TerSa, llevar a M. John Harrison en el coche y explicarle lo que era una jura de bandera, participar en mi primera mesa redonda donde recibí mis primeras calabazas de Alejo Cuervo, y que Juan Carlos Poujade me propusiera gestionar parte de los contenidos de Solaris (algo que sobra decir rechacé y facilitó que la revista viviera su mejor etapa bajo la dirección de Alberto García-Teresa); conocer a Christopher Priest y conversar con él un par de veces más allá de los balbuceos de la cola de una firma de libros; tener entradas en primera fila en la implosión de Cyberdark… Podría seguir, pero este no es uno de esos textos. Aunque lo parezca.

Veinte años dan para incontables vínculos, rupturas, sube-bajas… y una constante. Estar siempre involucrado en algún proyecto escribiendo opinión. El rincón de Nacho, Cyberdark, Gigamesh, Solaris, Aburreovejas, Dreamers, El sitio de ciencia-ficción, Bibliópolis, C, el hijo de Cyberdark, Hélice, Prospectiva, C… Para mi, para otros, más o menos formal, extensa o espaciada en el tiempo, pero, y esta es una clave, sin prestarle atención a cuánta gente hubiera al otro lado. Porque si creen que en El rincón de Nacho de CTV me leía alguien más que yo, algún familiar o un puñado de curiosos llegados de listas de correo, están desencaminados. Aquellos tiempos sí que eran heroicos, con buscadores que encontraban escaso contenido si no lo habías indexado correctamente, y tu único sustento para el ego venía de correos muy esporádicos de alguien que te animaba a seguir, o discrepaba con cualquier cosa que hubieras escrito.

Naves

Me centro en las visitas porque parece que hay una cierta preocupación en el mundo blog con su flujo. Bien cuando Google cambia su algoritmo y disminuye el tráfico hacia tu web. Bien en ese confinamiento hiperbólico en una serie de redes sociales que alejan a los usuarios de lo que queda fuera de ellas. Desde un punto de vista muy personal, siempre me ha resultado más relevante el acto de pensar lo que me había parecido un libro, y ser capaz de resumirlo en cinco párrafos, que después la gente pudiera llegar a esa opinión; contarme mi lectura y ser capaz de regresar en años después para recordar, sin mirar las estadísticas más allá del apartado de por dónde llega la peña.

¿Cómo se entiende entonces lo de hacerlo en público? Aunque suene contradictorio, el acto de compartir, más que con la repercusión, el dinero, la fama y los libros gratis, lo aprecio vinculado a la salsa del fandom: la necesidad de conectar con esas personas con quienes participas de una misma afición y poder establecer algún tipo de diálogo sobre las cuestiones comunes, muchas veces imposible en el ámbito cotidiano. Mi púlpito ha sido mi enganche con ese mundo, la manifestación de que formo parte de él y mi intento de devolverle lo que me había ofrecido durante los quince años previos en los que, conscientemente, leía revistas y fanzines desde la postura de receptor con escasas concesiones a la faceta activa a través de alguna carta a la sección de correo.

No obstante, este cierto pasotismo ha quedado a un lado cuando la aventura ha sido compartida. C no nació como Aburreovejas, una cabalgada en solitario, sino que su espíritu es el de la portada de Cyberdark o el de la posterior Prospectiva. Una plataforma donde un pequeño grupo se sienta lo suficientemente a gusto para comunicar sus «movidas» y lleguen a la mayor cantidad de gente. Esas personas son las realmente necesarias y mi única manera de recompensarlas es con visibilidad. Porque en el amateurismo económico en el que me he movido desde el año 2000 en lo que a la ciencia ficción, la fantasía y terror se refiere, el esfuerzo de escribir tiene dos pagos: lecturas y sentirte a gusto con el resto de colaboradores.

C como parte de una tradición en el fandom

¿Y esto cómo se logra? Pues a través de una serie de características más o menos compartidas que despierten el interés de lector casual y le haga regresar a por más. Llegamos al quid: ¿hay una línea editorial detrás de C? Cualquiera que visite esta web y, más allá del formato, busque el común denominador de los contenidos, va a sudarlo. Sin embargo, en mi cabeza sí existe una visión de esas de las que gustan a los vendemotos yanquis: mantener encendida la llama de la revista Gigamesh. Sí, amigos, Alejo Cuervo vuelve a aparecer en este texto y, si tengo suerte y asoma de nuevo la cabeza en los comentarios, puede hacerme ganar mi segundo premio Ignotus. Siempre me gustaron el tipo de crítica que escribía (en Líder, por ejemplo) y la que estimuló desde sus publicaciones. Más concretamente en los tres números que dirigió de la revista y que después dejó en manos de Julián Díez.

revista Gigamesh 1

Alguna vez he contado ya lo que fue mi verano del 92 91 en Guarnizo, cuando con 17 16 años descubrí en un kiosko aquella revista con un caballero observado por un dragón cabreado. Me leí varias veces las páginas donde Juan Carlos Planells, Albert Solé o Domingo Santos recomendaban sus mejores lecturas del año anterior, la antesala de los premios Gigamesh. E hice otro tanto de lo mismo con la posterior sección de crítica donde varios de esos lectores, junto a Cristina Macía, Julián Díez o Juanma Barranquero, hacían lo propio con el porrón de novedades que se publicaban antes del crack del 93 en textos de longitud variable entre 400 y 600 palabras.

Tenía 21 cuando me reenganché a La Revista (no recuerdo si en el número 6 o el 7) cuando me enteré que, después de la discontinuidad tras su tercera entrega, se había retomado y unos tales Hector Ramos, Adolfina García o Susana Vallejo, además de Alejo y Julián, mantenían la llama encendida. Y escribían una opinión apasionada, clarividente, cañera con especial atención a los aspectos literarios. El argumento era una excusa para tratar otros temas, no la base del texto. El name dropping ni estaba ni se le esperaba. Las editoriales eran algo más que esa empresa a la que agradecer que hubiera publicado X o Y.

Esa bandera agito en un proyecto que, creo, acoge ese tipo de análisis. Un lugar donde ciertas personas que merece la pena escuchar y con un bagaje tienen una ventana abierta para lanzar al mundo lo que consideren oportuno, sin pagar peajes de X contenidos al mes ni preocuparse por otras facetas de mantenimiento de una web. El motivo por el cuál doy la brasa con estos materiales mientras no atosigo a la gente que colabora, que escriba según sus ganas, sin forzarse, mientras yo me encargo de llenar los huecos necesarios para mantener la periodicidad. Viendo las visitas, creo que hay todavía lectores interesados en acercarse a opiniones en esta línea.

Eso ayuda a seguir. Como facilita nuestra labor que la actualidad tenga un peso marginal en nuestra pila de lecturas. No se sustenta en los servicios de las editoriales (una docena de libros al año; siempre a nuestra demanda), por lo que no tenemos exigencias en este sentido: cada uno lee lo que le apetece cuando le apetece, sin expectativas creadas de tiempos o sentidos en lo escrito.

Lo profesional desde lo amateur

La anterior anécdota de Poujade en la HispaCon de Getafe no se queda solo en mostrar chapa. Revela otro motivo por el cual creo que he llegado a ser longevo: mis lentejas me las gano por otro lado. Cualquier proyecto de calado de los que me han ofrecido (pocos, pero alguno ha habido), siempre lo he licenciado con la misma cantinela: es para profesionales. Y para ser un profesional de esto la actividad amateur debe pasar a un plano minúsculo.

Me basta echar un vistazo a quién está en las fotos que he tomado en los eventos durante estas dos décadas para ver lo que suelen durar los profesionales en un entorno como el de los juegos del hambre de la ciencia ficción, la fantasía y el terror en España. Una lección que cualquiera de los que lucha a fuego en las redes sociales por los Ignotus o cualquier otro asunto debiera haber aprendido al comparar las listas de finalistas de un lustro para otro. La perdurabilidad se logra mejor con la testuz baja, primando una red de contactos que ayude a mantenerse, no asomando la cabeza ni metiéndote en batallas que pueden ofrecerte muchos likes y palmaditas en la espalda de esas que dan de comer al ego pero no a la cartera. Me va bien con mi afición tal y como está.

Es imposible saber dónde estaré dentro de otra década. Ni en tres meses. Más en este mundo pandémico que se abre debajo de nosotros y nos va a zarandear de maneras que ni imaginamos porque nuestro referente más inmediato, la crisis económica de 2008-2013, se observa bajo estas nuevas coordenadas como un vulgar resfriado. Quizás me asedien los motivos para mandarlo todo a tomar por culo y hacer mutis por el foro. Pero mientras eso no llegue, pueda mantener a Alfonso, Adolfina, Julián, Ekaitz, Mario… y haya esperanzas de recuperar a alguno de los que publicaron por aquí en el pasado, o ganar a alguien valioso para la escudería, «El blog antes conocido como C, el hijo de Cyberdark, ahora simplemente C» seguirá abierto conmigo a los mandos. Esperemos que durante otros 20 años. #FIAWOL

 

17/4/2020 Editado: Adolfina García me ha recordado que el número 1 de la revista Gigamesh apareció en verano de 1991. Como leí los números 2 y 3 según fueron saliendo, pocos meses después del 1, he corregido la fecha.

14 comentarios en “20

  1. Enhorabuena. 20 años son muchos.
    Yo soy del medio. No te seguí en los orígenes pero si en Cyberdark y luego pasé a comprar en la Tienda Cyberdark. Tras un tiempo de desconexión cuando volví ya había «cisma» del que nunca he tenido claro cómo fue o cómo de amistoso.

    • Muchas gracias. Se dice pronto pero es casi media vida.

      Lo de Cyberdark sería largo de explicar, pero tiene mucho que ver con el crecimiento de un proyecto por encima de lo que podía manejar con la estructura que tenía (algo que ya se había visto en los años anteriores con varias crisis, como la del tema del alojamiento y las subastas de libros donados por los usuarios para conseguir fondos y pagar el servidor).

  2. Hola Nacho,

    Yo solo paso a darte las gracias, la vida es muchas vueltas y la ilusión es efímera. En tu caso, la mantienes y doy fe por el pasado, de que la contagias.

    Yo creo que lo que más importa es leer, y cualquier cosa que alimente esa llama es algo que merece la pena y mucho.

    Un abrazo.

  3. Enhorabuena por los kilómetros recorridos. Lo difícil es permanecer, y en eso tú eres un maestro. Y gracias por tu paciencia y por dejarme colgar aquí algún que otro texto. Larga vida.

  4. Hombre, gracias en lo que me toca 😉
    Efectivamente, este tipo de proyectos solo perduran cuando se toma conciencia de que es mejor mantener un perfil bajo, es decir, no tener Un Gran Objetivo, que tarde o temprano se acaba dando de bruces con la realidad de unos recursos limitados y un relativo interés a nivel general. También es importante planificar. O no. Teniendo claro que no hay objetivo (grande, al menos) dejar que las cosas fluyan por si mismas acaba por dar unos frutos bastante interesantes.
    Yo, el Sitio, me lo he acabado tomando como un coleccionismo en red. Colecciono artículos propios y de terceros, me envían piezas nuevas para la colección, recupero otras interesantes pero pérdidas en el tiempo. Así es muy fácil seguir adelante. En realidad a lo único que estoy atado es a la actualización semanal y puntual, pero eso también es un vestigio de los años 1990, cuando con esos módems de 56Kb (mi primer módem fue más modesto todavía, apenas 19,2 Kb) y contando los segundos de conexión porque la factura corría, había que empaquetarlo todo y enviarlo de una vez. Perdón por el cebolletismo.

  5. Me parece tremendamente meritorio, Nacho, ya te lo he dicho en persona. Ya no hay ningún otro lugar de internet en castellano en el que pueda leer contenidos sobre género que me interesen de manera regular, no por aciertos puntuales, sino por continuidad en el nivel. Contribuir, en consecuencia, es un placer. Ojalá más gente se animara a compartir aquí sus escritos en lugar de hacerlo en las redes sociales, donde quedan sepultados en el barullo.
    Que sean muchos años más.

  6. Quería agradeceros a todos vuestras palabras. El entusiasmo que comunicáis, como el que he recibido en otras redes sociales y en algún mensaje privado, realimenta el que me motiva a continuar con algo así. Y además ha venido con alguna sugerencia para mejorar que, espero, pueda verse en los próximos meses.

    ¡Seguimos!

  7. Enhorabuena, Nacho. Hace veinte años (se dice pronto) yo era un pipiolo al que recomendabas libros. Que celebremos muchos aniversarios más.

  8. Enhorabuena peregrino, tú ya sabes que lo importante del camino no es la meta si no el camino en sí mismo y lo que te encuentras en él. Un abrazo

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