Autonomous, de Annalee Newitz

AutonomousEn uno de los blurbs que ha situado Minotauro en su edición de Autonomous, Neal Stephenson la describe como el equivalente de Neuromante para la biotecnología y la IA. Sin embargo yo la veo bastante, mucho más próxima a la irregular Islas en la red, del otro pionero del cyberpunk Bruce Sterling. Más allá de una experiencia estética de extrañamiento futuro a través de la retórica, Annalee Newitz prioriza la creación y el desarrollo de un escenario especulativo (esas biotecnologías, las IAs mencionadas en el blurb, y todas las estructuras de poder a su alrededor). Y deja el resto sin excesivos cambios para facilitar las conexiones entre su primera novela y nuestra realidad cotidiana, un recurso mucho más amable que el batazo de la inmersión sin medias tintas, siempre recibido con una mayor hostilidad. Así, el protagonismo de Autonomous gravita sobre la tecnología y el funcionamiento del mundo, con las esperables tensiones entre las corporaciones propatentes y los grupos antipatentes, o la integración de las IAs y todo el entramado social, político y económico.

Newitz no se complica la vida al tratar estas cuestiones. Cada una monopoliza un arco argumental de los dos que maneja. El primero sigue a Jack, una activista antisistema en pleno ataque de nervios al haber sintetizado mediante ingeniería inversa un medicamento, la Zacuidad, y darse de bruces con sus efectos secundarios cuando no está supervisado por la empresa que lo suministra. Asustada por las consecuencias, comienza a investigar una cura mientras la corporación responsable, Zaxy, pone sobre su rastro al brazo armado de la Coalición Internacional de la Propiedad. Los agentes de CIPol asignados a su caza, bastante cafres por cierto, son un humano, Eliasz, y un bot, Paladín; el otro 50% de Autonomous, responsables de poner en marcha todo lo referente a las IAs. Y aunque hay momentos en los cuales ambas cuestiones se entremezclan, la compartimentación es la tónica general, con la socorrida estructura de arcos separados hasta que se unen en las proximidades del desenlace.

Esta narración puede hacerse anodina por su tendencia a abundar en lo descriptivo y caer en lo formulaico. Aunque no soy muy amigo de utilizar el lugar común de «la primera novela», en las páginas de Autonomous alcanza una de sus máximas expresiones. Aparte de cierta falta de vuelo, hay detalles en la estructura muuuyyyyy torpes en la secuencia de la historia (hay un flashback situado en un momento particularmente estúpido, porque te muestra quién era un personaje importante en la vida de Jack justo después de que haya aparecido, lo hayan torturado y se lo hayan ventilado sin que te haya importado lo más mínimo porque no sabías quién era), o en la construcción de ese futuro plausible (¡ay, el recurso de poner a un personaje de mediados del siglo XXII a ver películas mudas del siglo XX porque viva la virgen!).

Afortunadamente, y esto es relevante, Newitz se redime desde otros aspectos. No olvida que la cf es más que albañilería de mundos y en los capítulos protagonizados por Paladín sí despliega una experiencia estética en consonancia a un personaje de origen artificial: representa todo lo que le rodea mediante un lenguaje objetivo, físico, diferente al utilizado con el resto de personajes. E introduce una ruptura con lo normativo cuando su compañero le antropomorfiza, le dota de género y arrastra al lector a un proceso de autocuestionamiento equivalente al del bot, aderezado por la tensión sexual; divertida y deliciosamente incómoda por los equívocos y su desarrollo. Así es la cara luminosa de esas primeras novelas que pasan con holgura el umbral del quiero y no puedo.

Además, la especulación en la programación de los bots, sus contratos, su autonomía conducen a buenas indagaciones sobre la entrega en el trabajo y ese objetivo tan TED Talk de «llenar» una vida. Una faceta que se realimenta con la exploración del sistema de patentes que se despliega en el arco argumental de Jack y exterioriza un compromiso que consigue alzarse sobre la atonía de esta sección de Autonomous. Igualmente, hay detalles en este personaje concreto que, avanzada la trama, trascienden su tono gris inicial cuando sopesa toda la sangre derramada en una carrera entregada a luchar contra un sistema injusto. Una serie de aspectos colaterales más estimulantes que el thriller sobre el cuál se sostiene Autonomous e invita a la indulgencia sobre sus taras; como opera prima y como edición necesitada de una corrección de estilo más exigente.

Autonomous, de Annalee Newitz (Minotauro, 2019)
Autonomous (2017)
Traducción: Alexander Páez
Rústica. 320pp. 18€
Ficha en La tercera fundación

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