Sirio, de Olaf Stapledon

SirioNueve años antes de la publicación original de Sirio llegaba a las librerías inglesas Juan Raro. Al compás de las publicaciones superheroicas que se iban haciendo más y más conocidas en los Estados Unidos, Olaf Stapledon ya proponía los dilemas morales a los que una persona fuera de lo común tendría que enfrentarse en su día a día. Los superhéroes comenzaban a despuntar y Stapledon, quien además de escritor de ciencia ficción también era filósofo, desarrollaba en aquella novela algunos de los problemas éticos y sociales a los que un personaje que se saliera del considerado patrón tendría que enfrentarse. Eso sin hablar de cómo sería visto por sus rivales existenciales.

Durante el tramo final de la Segunda Guerra Mundial, en 1944, Stapledon publicaba Sirio en el Reino Unido. En este caso el superhéroe no era un humano como el que presentaba en la anterior novela sino que el desarrollo extraordinario se situaba en un ser animal: un perro. Su nacimiento se produce gracias a los experimentos que su creador, el científico Thomas Trelone, está realizando en perros para lograr seres con las habilidades cognitivas por encima de lo normal logrando con ello animales que sirvan como pastores de manera más segura y confiable.

En el caso de Sirio, uno de los mejores especímenes surgidos del laboratorio de Trelone, el animal desarrolla unas habilidades a la altura de un ser humano, llegando, incluso a comunicarse en inglés de tú a tú con los humanos. Físicamente Sirio es un perro más sin nada aparentemente especial, y eso le hace poder pasar desapercibido cuando la situación lo requiere. Sin embargo, su físico canino juega en su contra al intentar demostrar sus habilidades humanas. Aunque hable inglés, su pronunciación no será ideal y hará falta conocerlo para acostumbrarse a su manera de hablar. Por otro lado, sus cuatro patas le dificultarán completar ciertas acciones que para sus dueños apenas suponen un mínimo esfuerzo.

La novela sigue a Sirio desde su nacimiento y llegada a casa de su creador hasta el día de su muerte. Su vida se verá influenciada, como nos pasa a los humanos, por los años de crecimiento y adolescencia. En su caso al lado de Plaxy, una de las hijas de Trelone que nace prácticamente al mismo tiempo. Ella y Sirio, auto considerados hermanos, se enfrentarán a los descubrimientos de la vida casi al mismo tiempo, intercambiado experiencias, opiniones y apoyo mutuo. Su relación marca la novela por completo, hasta unas sentimentales páginas finales.

Sirio es un libro que bien podría considerarse biográfico. La estructura de presentación, nudo y desenlace no es tal en este libro. Por el contrario, las páginas del volumen encuentran historias de juventud, amor e iniciación al trabajo por parte de Sirio. Algunas anecdóticas, otras no tanto. Y aunque es cierto que en el tramo final los acontecimientos se suceden hasta el trágico final, buena parte del volumen se centra en la relación con su hermana y cómo el crecimiento de ella impacta directamente en la forma de ser del can.

Olaf StapledonLo que me resulta más interesante de Sirio, y el cabo que une este libro con Juan Raro del cual hablaba al inicio, es cuando Olaf Stapledon pormenoriza la relación del perro con todos los humanos que, desconociendo su condición, lo maldicen al descubrir lo que es y lo tratan como un engendro que debe ser detenido, encerrado y eliminado. La novela huye de tecnicismos sobre el origen científico de Sirio para centrarse en su relación con el resto de humanos. Stapledon saca el repertorio de situaciones por las que un ser como Sirio podría pasar no ya en mitad de siglo XX sino que todo ello es perfectamente extrapolable al día de hoy. Cómo esta marginación y persecución termina afectando a la condición mental del animal de una manera muy humana.

Apenas ocho años después de la publicación de Sirio llegaría a las librerías otro libro perruno: Ciudad, del norteamericano Clifford D. Simak. El enfoque se coloca nuevamente sobre los hombros no ya de un perro sino de un grupo de perros que ha sobrevivido a la humanidad. Al igual que Stapledon, Simak centra su obra en la parte sentimental y psicológica desde el punto de vista del animal, obviando nuevamente cualquier tipo de tecnología. Si Sirio nos permitía conocer la psique del perro sometido a la crueldad de los humanos, Simak propone al mismo cuadrúpedo relatando cómo el ser humano desapareció y cómo, finalmente, ellos fueron los afortunados supervivientes. No sería extraño, aunque lo desconozco, que la segunda novela fuera consecuencia de la primera. En cualquier caso, parte de los comportamientos que vemos en la novela de Stapledon bien que podrían en el largo plazo provocar algo parecido a lo que se ve en Ciudad.

Siguiendo con la temática pero desde un punto de vista más actual, hace un par de años tuve la oportunidad de leer Dogs of War, del británico Adrian Tchaikovsky, quien también utilizaba a los perros genéticamente modificados para proponer un futuro donde los canes serían utilizados como armas de guerra. Aunque el contexto es completamente opuesto al que presenta Stapledon, donde son los humanos quienes van a la guerra y los perros se queda vigilando los rebaños de ovejas en el monte, me han resultado en cierta manera novelas comparables en el rechazo humano por unos animales que puedan siquiera igualar en ciertos aspectos sus habilidades. ¿Está el ser humano preparado no ya para ser igualado sino para llegar a ser superado en alguna de sus competencias?

Con una estructura casi propia de un slice of life, Sirio es todo un estudio completamente confiable en cómo podría ser una relación entre humanos y animales cuando las habilidades cognitivas de ambos son similares. Han pasado más de setenta años desde su publicación original pero creo que, salvo detalles puntuales, las situaciones y experiencias que se plantean son perfectamente extrapolables a muchas de las realidades actuales donde el rechazo a todo aquello que se salga de los estándares que a cada uno le predefinen es una norma desgraciadamente común. Los tiempos cambian pero los ciclos se repiten en un círculo imposible de romper.

Sirio (Minotauro, col. Bolsillo. Kronos, 2003)
Sirio (1944)
Traducción: Floreal Mazía
Bolsillo. 256pp.
Ficha en La tercera fundación

1 comentario en “Sirio, de Olaf Stapledon

  1. No la he leido … y ya tengo que ponerla en la lista de pendientes. Gracias por reactivar los clásicos.
    No sé si en el libro se comenta, supongo que sí, pero el nombre es muy acertado: Sirio, o Sirius en su denominación latina, es el nombre propio de la estrella Alfa Canis Maioris, la más brillante de todo el cielo nocturno vista desde la Tierra, situada en la constelación del hemisferio celeste sur Canis Maior.

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