Hijas de norte, de Sarah Hall

Hijas del NorteDeben estar funcionándole bien a Alianza los libros de Sarah Hall como para publicar este Hijas del norte, novela aparecida originalmente en 2007 con el título de The Carhullan Army. Y en cierta forma es una alegría para los que la conocimos hace más de una década cuando la tristemente desaparecida Tropismos tradujo El Miguel Ángel eléctrico. Aquella novela, parcialmente fallida, era una promesa, ambiciosa y con pasajes realmente hermosos (en España beneficiados por el trabajo de Manuel de los Reyes). Suelto esta chapa porque si todo hubiera ido como debiera, Hijas del norte habría aparecido en la editorial salmantina en vez de quedar enterrada en un cajón hasta ahora, tantos años después de su publicación original. En un momento, para qué negarlo, particularmente propicio para una ficción como la que Hall aborda en estas páginas: una historia intimista en un escenario de futuro cercano con un Reino Unido sumergido en una espiral de decrecimiento aderezada con una tormenta reaccionaria. Además, protagonizada por una mujer que busca romper con una vida alienada marcada por los abusos.

Esta brevísima puesta en situación resume las 100 primeras páginas de Hijas del norte. El relato en primera persona de una mujer que huye de la ciudad de (Pen)Rith, en el norte de Inglaterra, hacia la granja de Carhullan. Condenada a una existencia rutinariamente opresiva, con la maternidad imposibilitada por un DIU que se le ha implantado y cualquier autoridad, civil, policial o militar es libre de comprobar que continúa ahí, con todas las relaciones más o menos cálidas condenadas a marchitarse, es fácil entender su idealización de esa comunidad de mujeres. Un Shangri-La donde aspira a reconectar con su humanidad y poner en práctica relaciones más sanas. No extraña que la disonancia entre sus aspiraciones y la Carhullan real sea de aúpa.

La puerta de entrada en la granja golpea por igual a la narradora y al lector cuando es sometida una cruenta ordalía física y mental que marca la transición al segundo acto: su incorporación a esa comunidad. El encaje en un lugar donde el decrecimiento se vive desde la aceptación de un modo de vida más próximo a la naturaleza y con una serie de renuncias que contrastan con las padecidas en Rith. A través de sus vivencias, su integración en la hermandad de mujeres, el renacer de una afectividad y una sexualidad hasta entonces mutiladas, se forja un nuevo pacto social con una serie de renuncias que, al acumularse, anticipan la resolución de la novela.

Sarah HallEs en este segundo acto donde, también, Sarah Hall pierde fuelle. La construcción de la voz narrativa lo es todo en Hijas del norte, con un peaje al construir el relato externo a la protagonista, bastante austero en su costumbrismo y, en varios momentos, anodino. Todo lo contrario que al describir el húmedo Carhullan y los páramos que lo rodean, fríos, húmedos y frugales sin perder un ápice de belleza, y de ilustrar su mundo interior y la transformación que vivirá bajo el martillo Jackie; la figura mesiánica que fundó la comunidad y la conducirá hacia una metamorfosis de la cual el testimonio de la narradora funciona como máxima expresión.

La acumulación de adecuaciones de su comportamiento y, a un nivel más profundo, de su código moral no dejan asomo de duda sobre el impacto y la evolución de la narradora entre los muros de Carhullan. Un cambio especialmente puesto de manifiesto cuando, esta vez de manera voluntaria, vuelve a atravesar por la ordalía que marcó su llegada a Carhullan, horrible por todo lo que supone y punto de no retorno en su evolución psicológica. Su nivel de padecimiento no llega a los extremos de otros relatos como El cuento de la criada. Se mantiene en un plano más contenido, próximo a la de historias de Ursula K. Le Guin como Cuatro caminos hacia el perdón y El relato. Respecto a las lecturas de los últimos años, Hijas del norte establece un curioso diálogo con Ejército Nuevo Modelo, de Adam Roberts. Otra novela de crisis en el Reino Unido contemporáneo que, desde una órbita próxima a una ciencia ficción más tecnofílica, ilumina el giro conservador populista del posthatcherismo (y las secuelas de la socialdemocracia de tercera vía) mientras describe las consecuencias en la sociedad que lo vive.

Finalmente, sobre la edición, me parece lamentable cómo se prescinde de profesionales a la hora de darle valor añadido a la imagen de un libro, con un diseño de cubierta a base de poner un recuadro blanco con texto sobre la foto de la autora. ¿Tanto cuesta cuidar ese aspecto que en Hijas del norte parece más propio de una biblioteca de epubs?

Hijas del norte, de Sarah Hall (Alianza Editorial, col. Alianza Literaria, 2019)
The Carhullan Army, 2007
Traducción de Catalina Martínez Muñoz
Rústica. 273 pp. 18€
Ficha en la web de la editorial

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