Cada corazón, un umbral, de Seanan McGuire

Cada corazón, un umbralEn la reseña sobre Agentes de Dreamland alababa la capacidad del escenario ideado por Caitlin R. Kiernan para acoger nuevos relatos. Este potencial inacabable para la autoexplotación, cómo el lugar narrativo permite a los creadores desarrollar más historias (nuevas, viejas, se verá con el tiempo) es una de las virtudes de estas novelas cortas que Runas está traduciendo para publicar en tapa dura. Desde luego me parece el principal valor de Cada corazón, un umbral, novela juvenil que presenta un mundo bastante sugerente en menos de 200 páginas sin, por ello, renunciar a la concisión ni a la autonomía.

En sus primeras páginas, Seanan McGuire parece escribir una de internados británicos con rasgos de enmienda al ambiente de la escuela Charles Xavier para Jóvenes Talentos. La protagonista, Nancy, ingresa en La residencia para niños descarriados de Eleanor West, una escuela para, supuestamente, recuperar a los jóvenes que en algún momento de su vida encontraron una puerta hacia otro mundo (Narnia, Rocavarancolia…) y, por diferentes motivos, fueron expulsados semanas, meses, años más tarde. Escribo supuestamente porque la tarea se antoja una quimera; la necesidad de regresar a esos lugares de fantasía donde vivieron y encajaron es tan fuerte que todos anhelan toparse de nuevo con SU puerta para atravesarla, independientemente del tipo de entorno al que conduzca. Porque los había muy chungos… o locos.

Para que se hagan una idea, las semanas que ha vivido como años Nancy habitó en El salón de los muertos. En compañía de El Señor de los muertos y La Dama de las sombras, atendía a grandes festejos y banquetes con un aire a los de la mansión donde El caballero del pelo como el vilano del cardo recibía a las personas que abducía de nuestro mundo en Jonathan Strange y El señor Norrell. Visto desde nuestra esfera se vería como algo perverso. Sin embargo, para Nancy había un orden y un sentido tan absolutos que añora regresar a sus dominios. Mientras esa esperanza vacua la desgarra, afronta su readaptación a una «nueva» realidad donde no encaja… pero tampoco encajaba. En la escuela, a su alrededor, pululan otros inadaptados cuya identidad era constantemente puesta en cuestión entre sus familias, sus compañeros de instituto… antes de que esa puerta de escape se abriera ante ellos.

Esta incorporación de Nancy a la residencia le permite a McGuire establecer su escenario. En sus conversaciones con la directora y sus compañeros, cada diálogo, cada recuerdo transmite una creación articulada desde dos pilares. Uno externo, ese exuberante entramado de realidades conectadas con la nuestra; y otro interno, esa afirmación y expresión de la identidad individual de cada «estudiante». Esta suma de propuestas funciona gracias, sobre todo, a la falta de complejos para sugerir el rollo oscuro de los lugares donde estuvieron y ese ansia desaforada de encontrar el umbral de vuelta, además de la representación e integración de una diversidad orgánica. No obstante, me cuesta decir lo mismo del argumento en el cuál ambas se hallan encastradas.

Seanan McGuireEse espacio tan atractivo desde donde McGuire crea Cada corazón, un umbral sirve para montar un whodunit de «hay un sádico suelto en la escuela y asesina a los personajes». El contraste con la frescura del subtexto es tan evidente que, en mi caso, multiplica a extremos indecibles la decepción con la manera de resolver el «caso». Un tramo final de la novela corta solventado en dos giros frenéticos, perezosos y, en el caso del segundo, moralmente muy cuestionable. Por ser finos.

Y es que, y aquí vienen spoilers, resulta que la persona detrás de los asesinatos es una chica desesperada por volver a su ensoñación gótica Anne Riciana para que su vampiro la convierta en uno de su clase. Para lograrlo mutila los cuerpos de otros alumnos para quedarse con las partes que los hacen especiales, fabricarse una llave irresistible para el sistema de umbrales y conseguir así la re-entrada a su mundo. El giro final llega cuando, al pillarla, la manera de zanjar el asunto es a través de su ejecución porque, total, después su hermana la llevará junto a su vampiro y revivirá pero ya sin el problema aparejado de convertirse en un chupasangres. Mi relativo cabreo no llega sólo porque esto llegue todo en tres páginas. Se hace doloroso ver a una concepción tan abierta de la fantasía con una voluntad renovadora confinarse tras un relato conservador, cerrado con una solución reaccionaria en la peor acepción del término.

Este jarro de agua fría no ha cercenado mi curiosidad por leer qué hace McGuire en las próximas historias. El lugar narrativo y 100 páginas de Cada corazón, un umbral son una promesa de renovación que, espero, culmine en la siguiente historia ya traducida por Runas: Ahí abajo, entra raíces y huesos.

Cada corazón, un umbral (Alianza Editorial, col. Runas, 2018)
Every Heart a Doorway (2016)
Traducción: María Pilar San Román
Tapa Dura. 192pp. 15 €
Ficha en La tercera fundación

3 comentarios en “Cada corazón, un umbral, de Seanan McGuire

  1. Tanto esta entrega como su continuación me parecieron fantásticas. Tal vez, la segunda tenga más consistencia y sea mejor. Pero el impacto de la primera hace que sea mi favorita.

    Y una de las cosas que más me gusto, es lo que entiendo que te ha gustado menos. Ese final «moralmente muy cuestionable», me parece una decisión valiente y sorprendente.

    Durante la mayor parte de la novela parece haber un pulso entre un tono y personajes tipicos de novela de adolescentes, una Young Adult de manual; y unos sucesos más propios del terror o de novelas más adultas. Teniendo en cuenta que el YA siempre me ha parecido bastante repelente, celebré el final del libro.

    La tercera novela me pareció un pequeño bajón, la cuarta retoma el nivel.

  2. Yo también pienso que el final es atropellado; sin embargo, está claro que si lo obvias, el relato es una exquisitez. Si llega a rematar el final, habría escrito un clásico de la fantasía (en mi opinión).
    El segundo es más redondo, pero también cuenta con la complicidad de que lectores y escritora ya saben de qué va el tema, no es ir por territorio inexplorado.

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