Doomsday Morning, de C. L. Moore

Doomsday MorningCuando se cumplen veinte años desde el arranque de la colección SF Masterworks, llega una nueva línea dispuesta a arrojar más luz sobre nuestras incipientes canas. Como su propio nombre indica, Golden Age SF Masterworks viene a cubrir una época denominada como la edad de oro de la ciencia ficción, marcada por la Segunda Guerra Mundial, que provoca división de opiniones a la hora de concretar su inicio, su final y sus principales artífices.

Doomsday Morning se publica por primera vez en 1957. Ateniéndonos a la cronología oficial, estaría a caballo entre esa edad de oro de la ciencia ficción y la new wave, la cual se situaría entre las décadas de los sesenta y los setenta. Sin embargo, nombres célebres como Robert Silverberg contradicen esta catalogación, añadiendo que la edad de oro no terminó en los años cuarenta, sino que los cincuenta también forman parte de la misma. Es cuando comienzan a publicar de manera más frecuente nombres como Jack Vance, Frederik Pohl, Arthur C. Clarke, C. M. Kornbluth, Ray Bradbury, Alfred Bester y otros muchos que han nutrido sus cabezas de ideas leídas durante los años previos en las revistas de género. Una de ellas, la célebre Astounding Science Fiction, editada por John W. Campbell desde finales de los años treinta.

No soy un experto en la historia de ciencia ficción, ni pretendo serlo, por lo que no voy a entrar en datos más exhaustivos o analizar en detalle el artículo de Silverberg que acompaña a Doomsday Morning. Sin embargo, valga esta introducción para fijar la difusa marca con la que la editorial inglesa Gollancz separará su existente ‘SF Masterworks’ y esta nueva colección a la hora de definir un catálogo que por el momento cuenta, entre otros, con E. E.´Doc´ Smith, Harry Harrison, Henry Kuttner o el caso que nos ocupa, C. L. Moore. No es casualidad que haya mencionado a Henry Kuttner en este listado de escritores. Catherine Lucille Moore se casa con Kuttner en el año 1940 y esto impacta directamente en el devenir de Moore y su obra.

Conocida como C. L. Moore para ocultar su género y poder ser publicada en una época desgraciadamente difícil para ser mujer, Catherine es, junto a otro puñado de mujeres, una de las pioneras en el arte de escribir y, con suerte, publicar ciencia ficción. Desde 1933 su obra comienza a verse en revistas pulp como Weird Tales o en la ya mencionada Astounding Science Fiction. Desde el momento en que se inicia la vida en común con Kuttner, Moore y su marido colaboran numerosas obras y relatos bajo seudónimos como Lewis Padgett o Lawrence O´Donell. Ella continuó, sin embargo, escribiendo algunos relatos, siendo en 1957 cuando apareció su primera y única novela, Doomsday Morning.

Esta distopía nos traslada a unos Estados Unidos bajo el control de los Comus (abreviatura de ‘COMmunications U.S.’, una especie de medios de comunicación nacionales). Tras una guerra nuclear, el país pretende recuperarse gracias al mandato del presidente Raleigh quien se sirve de una herramienta para monitorizar y controlar toda la información que de una manera o de otra llega a los ciudadanos. Una clara manera de dirigir la opinión pública que le permite ser reelegido una y otra vez para continuar su mandato. Los Comus también controlan la educación, hospitales, militares, etc. en una clara similitud con el comunismo que preocupaba a gran parte de la población estadounidense. Recordemos que esta novela se edita en pleno post macartismo.

Nos situamos a hombros de Howard Rohan, otrora actor y director de obras de teatro, que ahora se encuentra desolado tras la muerte de su mujer en un accidente de coche. En un estado de depresión absoluto, Rohan se une a los Croppers, una especie de pelotón de trabajadores sin ningún tipo de estudios o certificación cuya remuneración es parcialmente en bebida, algo que Rohan busca desesperadamente para aliviar sus penas.

C. L. Moore

El presidente Raleigh se encuentra en un estado terminal. Ted Nye, el “marionetista” que mueve los hilos de los Comus, ofrece a Rohan relanzar su carrera y lo envía a una California que no se encuentra bajo el control de los Comus. Allí deberá actuar junto a un puñado de actores y figurantes, en una obra aparentemente inocente y alejada de los propósitos de Nye y Raleigh. Sin embargo, Rohan descubrirá que no todo en California es como podría esperar: un creciente movimiento contrario al régimen (los Anti-Comus) se está asentado con intenciones de devolver los Estados Unidos a donde ellos consideran que deberían estar. Sin embargo, la vida en California no es tan idílica como podría pensarse. Nuestro protagonista hará equilibrios entre bandos aun a riesgo de provocar una guerra de imprevisibles consecuencias; bandos presentados con una amplia gama de claroscuros que dejan a Rohan en medio de ninguna parte con su propia vida como precio a pagar.

C. L. Moore consiguió con Doomsday Morning una novela que engancha gracias a una ambientación muy lograda, numerosos detalles que bien podrían ser válidos para una distopía escrita en la actualidad, con un notable nivel de definición de los sistemas electrónicos, en sus posibilidades a la hora de influir en los ciudadanos y sus decisiones. Algo no demasiado alejado de los que vemos hoy en día, desgraciadamente. Howard Rohan, por otra parte, es un personaje egoísta y con el cual en algunos momentos se hace difícil empatizar, algo acorde con el ambiente que lo rodea y su situación personal.

En su segundo tercio la novela se pierde un poco y baja enteros. Moore se alarga demasiado en presentarnos los detalles del resto de componentes de la obra de teatro que nuestro personaje va a protagonizar. Igualmente, las idas y venidas entre bandos son algo alocadas y, en algunas ocasiones, exageradas. Un final, trepidante hasta la última línea del libro, recobra la atención y deja un agradable regusto.

Estas ideas tan vigentes, con una ambientación tan interesante y el cómo Moore introduce los elementos de control a los que se encuentra sometida la sociedad estadounidense, ha provocado que me haya picado la curiosidad de leer algunos de los numerosos relatos compilados en flamantes nuevas ediciones dentro de esta colección, caso de Jirel of Joiry o Northwest of Earth. Igualmente, sus novelas cortas se han reunido en un único libro bajo el título de Judgment Night.

Cuando Kuttner fallece en 1958, C. L. Moore cesa por completo en su actividad de escritora de ficción, apenas trabajando en algún serial de la Warner. Poco después, en 1963, Catherine dejaría definitivamente el oficio. Sería ya en la década de los setenta y ochenta cuando la llegarían los reconocimientos que se le negaron durante su época más activa, haciendo apenas justicia a una de las pioneras de la ciencia ficción estadounidense. Un tiempo pasado en el que muchas escritoras tenían que ocultarse detrás de seudónimos u obras grupales, invisibilizando una actividad que con el tiempo hemos podido descubrir.

Doomsday Morning, de C. L. Moore
Gollancz, 2019 (publicada originalmente en 1957)
256 págs. Bolsillo.

4 comentarios en “Doomsday Morning, de C. L. Moore

  1. Si vas a leer algo de esta maravillosa escritora, me atrevo a recomendarte un par de cuentos de la Saga de Northwest y de Jirel:

    — Paraiso Perdido es una pequeña joya. Deslumbrante, melancólica y lovecraftiana, tiene todo lo que un aficionado a la ciencia ficción más clásica podría esperar. En la misma saga de Northwest Smith, son, también, fabulosos: Shambleu, Sed Negra, Julhy, … bueno, para mi, todos, todos

    —Y de Jirel, que también me gustan todos, destacaría por su osadía y lo adelantado a su tiempo ( y su lado decadente y mórbido): » La Guardia del Infierno» (bueno, y «El Beso del Dios Negro»). Pequeñas obras maestras todos ellos.

  2. Aunque algunos alarguen la Edad de Oro, lo cierto es que hace años, en los principales ensayos del género, la época que incluye la década de los 50 y la mitad de los 60 pre new wave se denominaba Edad de Plata. Así la he mencionado siempre, precisamente porque es mi época preferida en la historia del género. Porque, en primer lugar, contempla la novelización de los grandes relatos río de la Edad de Oro, como Fundación, las Crónicas Marcianas, Ciudad y un gran números de antologías novelizadas como fix up. igual con las antologías: por ejemplo, aunque los cuentos de C. L. Moore provengan de las dos décadas anteriores, es en los 50 cuando se publican sus principales antologías, a solas y con Kuttner. Segundo, porque debido a varios factores (la influencia de esa herencia novelizada; el carácter normalizador y prestigiador de los Hugo; la lucha de Gold y Boucher por que sus revistas, Galaxy y The Magazine of SF, superaran al Astounding de Campbell desde lo literario), autores debutantes como Silverberg hicieron dar un paso de calidad a la cf. Y por último, porque las primeras obras de autores new wave como Ballard se encuentran ahí también. Creo que, de existir algo denominado «esencia de la cf», estaría en esa Edad de Plata, esos doce o quince años. Para mí, al menos, es así.

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