El Pescador, de John Langan

John LanganReconozco que el terror es un género que antes leía con más frecuencia. El manierismo y la caída en el tópico de muchas novelas acaba cansándome y me cuesta no abandonar la lectura cuando tengo la sensación de que todas las piezas de una historia están demasiado orientadas a pasar por el cliché. A esto se suman las épocas que hemos sufrido sin que llegase apenas material o con malas traducciones. Sin embargo, en el año pasado he encontrado en la editorial La biblioteca de Carfax un par de novedades que me han recordado lo que antes tanto disfrutaba de este género: Cero y este El Pescador.

La novela de John Langan fue merecedora del Premio Bram Stoker en el año 2016 y contiene un equilibrio que no se encuentra tan habitualmente entre buena literatura y buen género, sea terror, ciencia ficción o novela erótica. En los agradecimientos, el autor cuenta que el proceso de escribirla le llevó unos trece años, algo que no sorprende vistas las decisiones y el tono de la novela. Esta no es una obra de digestión rápida que busque el premio inmediato, su intención es que el lector se zambulla con lentitud en el ambiente y las circunstancias de los protagonistas a la par que avanza el elemento fantástico para que, llegado el momento, se pueda sentir el salto al vacío en su plenitud. John Langan, del que no he leído más libros, opta por un estilo inspirado, denso en ocasiones y que busca la estancia del lector en un hábitat extraño durante las páginas finales. Pero eso ya es mucho adelantar.

En El Pescador, el protagonista sufre la pérdida de su mujer poco después de casarse. La lenta enfermedad le permite hacerse a la idea del proceso, pero no elimina el trauma ni que el luto haga mella en él. Como huída mental empieza a recorrer los parajes cercanos en busca de los mejores peces. Tiempo después, un accidente de coche deja sin familia a un compañero de trabajo. El protagonista acoge al nuevo viudo y, tras un proceso de adaptación, hacen amistad y pasan tiempo juntos en excursiones para pescar. Ni siquiera parece que simpaticen, pero al compartir un bagaje similar la relación entre ellos se asienta. Tras un suceso extraño, quizá paranormal, deciden ir a un embalse que no parece muy recomendable. Pero en la rutinaria parada en un bar de carretera, el camarero les cuenta una historia sobre el lugar que buscan.

En definitiva, la estructura de El Pescador incluye una novela corta en medio del libro. Es una historia precisa situada en otra época que, a pesar de poder ser autónoma, también sirve como herramienta preparatoria para el horror posterior.

Poco más quiero contar del argumento. Seguramente cualquier otra reseña detallará la narración en mayor profundidad, pero tampoco lo veo necesario. Sobre todo, porque durante dos tercios es más importante el modo en el que se relata que la misma historia.

Los temas que encontramos en El Pescador son dos: por un lado, cómo se enfrentan los protagonistas a las responsabilidades familiares y al luto; por otro, la realidad sobrenatural, abisal, monstruosa y de difícil descripción que suele retrotraer a otros autores, aunque el imaginario de John Langan tenga independencia y fortaleza propia.

The FishermanMonstruos, dioses, fantasmas, brujería, ambiente onírico, persecución… Acabada la lectura son muchos los elementos que han pasado ante el lector sin que valore si son fantásticos o no. Quizá sea porque todo está barnizado con capas de dolor y preocupación. Me parece bastante impúdico psicoanalizar a los autores en base al comportamiento de sus personajes y esta tampoco es una novela para hacerlo. Langan habla constantemente sobre la preocupación de sus personajes por intentar mantener a flote lo que les rodea y cómo su entorno es masacrado por circunstancias incontrolables. Quizá esto sea lo más valioso de El Pescador, que el autor no olvide que para escribir buena literatura hay que verse condenado a hablar sobre los grandes temas de la humanidad. Mientras, los demás elementos luego la encuadran en una temática y añaden su propio valor.

El control del tiempo que tiene Langan es envidiable y la traducción de Alberto Chessa añade calidad al libro. Olvidado cualquier prejuicio que pueda tener el lector, la novela se encuentra en el plano de buena literatura solo por su prosa. En tiempos en los que a veces se piensa que lo excesivamente breve es más adecuado para llegar al lector o que lo más extenso lo es para el mercado, El Pescador no acorta ni alarga tramos, Langan se hace dueño de un tono y lo mantiene hasta la última página.

El fallo más evidente se encuentra en la similitud de las voces entre las dos novelas, la principal y la interior, aunque estén narradas por personajes distintos. Comprendo que un contraste exagerado podría bajar de la lectura a quien esté degustando la prosa, pero la opción elegida resta coherencia y provoca algunas cuestiones sobre la historia.

Quizá a nivel más personal, los guiños a Moby Dick que se incluyen en el primer tramo me parecen innecesarios. Las referencias al mar y a la pesca está ahí y espero que seamos bastantes los que hayamos leído el clásico de Melville, pero a veces estos guiños resultan algo impostados, como la primera frase de la novela: «No me llaméis Abraham: llamadme Abe«.

Más allá de estos dos apuntes, supongo que habrá detalles que no gusten a algunos lectores y elecciones que otros preferirán ver de distinta forma, pero el trabajo de Langan se ve justificado y las líneas acaban uniéndose en un tramo final espeluznante que muestra una ambición digna de la obra de William Hope Hodgson -no es casual la referencia- y que sirve de catarsis absoluta al luto. El terror se vislumbra desde múltiples horizontes, como horror ante grandes vacíos dimensionales y desde la cercanía de escabrosas escenas, desde lo abstracto a la concreción física. Siempre entrelazándose con el dolor de los protagonistas y cerrando la historia a todos los niveles.

Los lectores que hayan llegado hasta aquí tendrán claro que El Pescador es una novela que me ha gustado y que recomiendo sin tapujos. Puede que su base, el luto desde el punto de vista de los padres de familia, no sea suficiente para algunas personas, pero recompensará a quien se acerque. Tiene contados fallos y en algunos momentos exige paciencia, pero, en caso contrario, seguramente no sería una gran novela.

El Pescador, de John Langan. La Biblioteca de Carfax (2018)
The Fisherman (2016)
Traducción de Alberto Chessa
364 pp. Rústica. 22.50€
Ficha en la Tercera Fundación

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