Consecuencias naturales, de Elia Barceló

Consecuencias naturales¿De qué va Consecuencias naturales, de Elia Barceló? El núcleo de su historia es tan significativo, tan diametralmente opuesto a lo que vemos cada día, que me parece pertinente explicitarlo: Nico, el protagonista masculino, prepotente y donjuán de la novela, se queda embarazado después de acostarse con Ankkhaia, una de las habitantes de Xhroll, el planeta donde vive la raza alienígena antropomorfa que interactúa con los humanos del siglo XXIII. Ese es el punto de partida.

El dibujo del personaje de Nico, engreído y propenso al recuento público de sus hazañas sexuales, es sencillo, de trazo rápido pero útil: vemos al típico chulo desautorizado públicamente. En todo ese proceso de cambio, de asimilación interna y forzosa de la otredad, Nico no sólo no aprende nada, sino que se vuelve hermético y vengativo. Después de su particular venganza (que no desvelo aquí), recibe una buena lección de parte de Charlie Fonseca, su capitana, coprotagonista femenina y sensata de la novela. (Sensata, sí, más que él, pero el protagonismo compartido no es un vehículo simple para narrar dos maneras de ser enfrentadas. En la capitana vemos un arranque comprensible de rabia, de agresividad típicamente masculina, contra ese Hombre que la hace desear cosas equivocadas y salvajes).

El dibujo de esa raza alienígena, inexpresiva y fría, pero de un lenguaje tan preciso y efectivo que les permite prescindir de la comunicación no verbal como complemento de las palabras como sí hacen, en cambio, los humanos, es un lienzo en el que poder reflejar el papel de imposición cultural que tiene todo lenguaje, y el absurdo de toda clasificación ad infinitum a la que tendemos los humanos y de la que es tan difícil escapar, vemos, como de los prejuicios. Esa sociedad alienígena descrita como “artistas del medio ambiente”, aparte de igualitaria, es ecológica y pacífica y, en un detalle o guiño muy sucinto, la autora nos suelta una perla respecto al pasado de los xhroll para que recreemos en nuestra imaginación una historia pasada que no nos va a contar.

Consecuencias naturales es una digna space opera española, como Lágrimas de luz, de Rafael Marín, y aquí, aparte de ser un buen ejemplo de esa narrativa que tan pocos practicantes tiene en nuestro idioma, es un urgente ejemplo de literatura feminista. Se plantea la novela un escenario –los famosos ¿y si? de la ciencia ficción clásica– en el que, como digo, podemos ver cómo reaccionaría un hombre si le pasara, por primera vez en la historia de la humanidad, lo que les lleva pasando a las mujeres desde que, por decirlo de una manera un poco fácil, el hombre es hombre. Pero añado: vemos eso en un contexto no social ni civil, sino militar, que no es lo mismo, con todas las implicaciones que conlleva ese régimen de vida.

Elia BarcelóEs un buen palo a la indolencia masculina.

En un plano más técnico, de estrictos recursos literarios, la narradora se desdobla en diferentes voces, dando pie a una novela polifónica en la que vemos las direcciones distintas de los distintos personajes, de sus mundos y concepciones del vivir, a veces opuestos, a veces parecidos. La narradora da voz a Nico y a Charlie, los humanos, pero también a los habitantes lampiños de Xhroll. Así crea un mundo coral en el que participan todas las voces. Porque si una de las claves de la novela es poner al hombre en la situación de la mujer, lo más consecuente es abrir el marco cerrado de la voz narrativa única, y abrirla y oxigenarla con los demás elementos integrantes para crear ese mundo más equilibrado y receptivo que, de momento, sigue sin existir en lo que llamamos realidad. (Los humanos de Consecuencias naturales siempre hablan en masculino y femenino a la vez, con un lenguaje inclusivo que, sin embargo, no logra terminar con esa insensibilidad o indolencia masculina que mencionaba antes).

Una de las verdades inamovibles que la novela se dedica a dinamitar es la de los roles asignados por identidad sexual. Todo, vemos, es constructo cultural. El lenguaje es coercitivo y condiciona tu vida. Citemos a la capitana en una conversación sobre la clasificación lingüística que, le dice una xhroll, refleja la realidad. La capitana responde que no, que “… la impone y no nos permite pensar de otra manera”. La novela apuesta por ser, como apunta Teresa López-Pellisa en el epílogo, inconsecuente con esas verdades que aceptamos como residuo histórico.

A Elia Barceló le ha faltado un poco de consistencia en lo que tiene de world building, pero Consecuencias naturales tiene garra y avanza con fuerza en su exploración de lo que siente el otro, de cómo reacciona uno si se pone en la (muy cercana) piel del otro. Lo importante es que la novela es ciencia ficción feminista, vigente y enfadada, y está escrita, como es habitual en Elia Barceló –cuyos El secreto del orfebre y El mundo de Yarek me siguen pareciendo delicias de nuestra ciencia ficción– en una prosa diáfana, translúcida y fresca. Y la edición de Crononauta es impecable, comodísima de leer, cuidada y bonita, con un epílogo de la –creo que podemos llamarla así– especialista en el género Teresa López-Pellisa, y con un diseño de cubierta de Mercedes Palacios que te hace desear que todos fueran así. Es una alegría en la mañana que se reediten novelas así, así de bien. Consecuencias naturales te reubica en tu contexto social inmediato, en las ideas programadas que tienes de ti mismo.

Consecuencias naturales (Ed. Crononauta, 2018)
Publicada originalmente en 1994

Rústica. 280 pp, 16€
Ficha en la Tercera Fundación

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