Infiltrado en el KKKlan, de Ron Stallworth

Infiltrado en el KKKlanA mediados de los años 70, Ron Stallworth fue el primer afroamericano en acceder a la policía de Colorado Springs. Su figura se ha aupado hasta el primer plano de la actualidad después de que Spike Lee adaptara el libro donde cuenta el caso más importante en el que estuvo involucrado durante el inicio de su carrera profesional. Con bastante éxito. La película ganó el gran premio del jurado en el último festival de Cannes. Infiltrado en el KKKlan es el relato de cómo, mientras formaba parte del servicio de información del departamento de policía, Stallworth contactó y consiguió situar a un compañero en el seno del Ku Klux Klan. Capitán Swing, cuya colección de no-ficción se ha caracterizado por mantener el pulso a la actualidad, se ha encargado de traer el libro a España, publicado en sincronía con el estreno de la película.

Infiltrado en el KKKlan atraviesa con alegría la juventud de Stallworth, su entrada en la policía y la muestras de racismo y condescendencia que padeció durante sus primeros tiempos cuando era el único negro del departamento. Lo esencial de su testimonio está en el contenido central del libro: cómo entabló contacto con el Klan y, tras meses de trabajo, saboteó parcialmente sus planes de expansión en su condado. La pequeña comunidad de Colorado Springs apenas se vio sacudida por los vaivenes de una organización cuyos actos públicos, protegidos por la constitución, llevan aparejados actuaciones al margen de la ley orientadas a sembrar el miedo de los colectivos en su punto de mira. Elevar la temperatura de un caldo de cultivo imprescindible para hacer saltar la yesca de un enfrentamiento impensable hasta ese momento.

Su retrato de los miembros del Klan es humillante. Los locales quedan como una pandilla de ineptos guiados por su deseo de pertenecer a una realidad más grande, impulsados por un odio irracional fundamentado en miedos y mentiras, incapaces de gestionar nada. Por encima sitúa una jerarquía capitaneada por David Duke, el Gran Mago del KKK de la época con quien Stallworth mantuvo varias conversaciones telefónicas. Hábil a la hora de enmascarar los verdaderos propósitos del grupo mientras coloca su mensaje en los medios de comunicación, y caracterizado por una vanidad equiparable a su ego.

Stallworth, que tras su dilatada experiencia en operaciones encubiertas y antivicio se convirtió en conferenciante, exhibe su familiaridad con la tarea policial y sus limitaciones con la divulgación periodística. En su relato se aprecia lo concienzudo de sus informes, evidente en la completa sucesión de fechas, hechos y palabras mientras él y sus compañeros tiraban del hilo del Klan hasta destapar el alcance de sus acciones; con los momentos álgidos de la visita de David Duke y su colaboración para descubrir a un par de miembros que trabajaban en las instalaciones del NORAD.

Esta predominancia de la descripción pormenorizada, apenas rota por pequeñas reflexiones sobre los riesgos para la convivencia en su ciudad o cómo socavar la amenaza de extremistas, viene con la contraprestación de un estilo pesado con tendencia a amodorrarse. La narración se centra tanto en despejar cualquier duda de que los hechos ocurrieron tal y como se relatan que no hay lugar para el humor más allá de ciertos hechos y diálogos. El tono es monocorde, la voz carece de inflexiones y la recolección cronológica, salvo en un primer instante, se hace abrumadoramente lineal. Además, el narrador toma demasiada presencia y enfantiza su participación constantemente, como si los hechos no fueran elocuentes.

Stallworth

En el lado positivo, el texto es de una claridad meridiana. Stallworth despliega ciertas complejidades con sencillez, caso del volcánico mundo de organizaciones fraguado en los disturbios raciales de finales de los 60, y abre el foco sobre algunas de ellas, fundamentales para entender movimientos como el mundo del supervivencialismo o las agrupaciones progresistas enfrentadas al Klan.

Durante su testimonio, es fácil darse cuenta del por qué Stallworth ha tardado casi cuatro décadas en contar su historia. La conexión con la América contemporánea, desde el recrudecimiento del racismo tras el auge de los movimientos neoconservadores, la hostilidad hacia el Black Live Matters, la cobertura de los medios de la campaña de Trump como si fuera un político convencional… se hace evidente cuando se describe el clímax de Infiltrado en el KKKlan: la visita de David Duke a Colorado Springs. Tanto su recibimiento por parte de los colectivos más movilizados en su contra como de unos medios de comunicación que ya no se tomaban el Klan como se lo habían tomado hasta entonces: una organización criminal cuyo objetivo era (y es) demoler los cimientos que permiten y facilitan la convivencia. La curiosidad, la «normalización» de unas ideas que atentan contra el mismo tejido de la sociedad democrática, la ausencia de un periodismo crítico al convertirse los cronistas en meros portadores de sus ideas sin espacio para el cuestionamiento, se abren camino en un fiel reflejo de la alfombra roja tendida actualmente a la xenofobia y el odio al diferente.

Esta percepción explica por qué Infiltrado en el KKKlan me ha merecido parcialmente la pena. Stallwroth puede estar poco dotado para la divulgación y parte de sus vivencias pueden no estar a la altura de la promesa del título, pero otras exponen sin género de dudas cómo la desinformación y la mentira pueden arraigar en el discurso público si los diferentes sistemas de protección de una sociedad democrática no actúan para desactivarlas.

Infiltrado en el KKKlan (Capitán Swing, col. Ensayo, 2018)
Black KKKlansman (2018)
Traducción: Ernesto Estrella y Carlos Estrella
Tapa blanda. 184pp. 17,5 €
Ficha en la web de la editorial

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