La mujer del viajero en el tiempo, de Audrey Niffenegger

La mujer del viajero en el tiempo

La mujer del viajero en el tiempo

A veces, cualquier género literario parece caer en una serie de tópicos que, en cierta forma, obstaculizan su evolución posterior. Y la ciencia ficción, por supuesto, no es una excepción. Valga como ejemplo dos temas: las historias de amor y los viajes en el tiempo.

Parece que escribir una historia de amor en clave de ciencia ficción es algo imposible. Que se sepa solo dos autores lo han conseguido con aplauso unánime de crítica y público: Philiph José Farmer con Los amantes y George R. R. Martin con Muerte de la luz. Claro que algunos lectores y críticos han argumentado que lo realmente notable de estas historias son otros aspectos como los rasgos sociológicos y xenobiológicos implicados en los mundos de ambas novelas.

Por otro lado, y desde que Wells creó este sub-género y Heinlein lo acabó de remachar en los 50, no se podía escribir más sobre viajes en el tiempo sin caer en la falta de originalidad, sin narrar algo que sonaba ha ya contado.

Bueno… una de las cosas más agradables de los tópicos es cuando llega alguien y los dinamita mostrando lo absurdos que son. En este caso concreto, el responsable de semejante hazaña no es uno de los popes de la literatura especulativa sino una escritora novel, desconocida y que se ha atrevido a publicar, por lo menos en España, en una editorial mainstream. Me refiero a Audrey Niffenegger y su La mujer del viajero en el tiempo.

Este es un libro prácticamente perfecto. Como historia de amor es, sin duda, la mejor que ha salido de la pluma de un autor de ciencia ficción (lo que visto los antecedentes no es mucho) pero, sin querer ser triunfalista, también es una de las mejores de los últimos años en cualquier género posible. Y, por supuesto, es la base, el eje de toda la historia. No hay nada más (excepto el viaje en el tiempo, por supuesto) que enturbie la narración. Y ésta es realmente conmovedora.

Recomiendo el libro a aquellos que hayan estado enamorados de verdad y sepan todo lo bueno y malo que tiene este peculiar desorden químico. Porque, Niffenegger realmente lo borda, huyendo de la ñoñería y, paradójicamente, buscando el realismo más absoluto, consigue hacer un retrato perfecto de todo el proceso de enamoramiento que vive una pareja y de esos pequeños “problemillas” que conllevan su día a día: conocer a las familias y amigos respectivos, asumir las peculiaridades de cada cual, el sexo, la amistad, la convivencia, la búsqueda de una casa, etc, etc,

No es una historia complaciente. La autora huye de lo fácil, de lo bonito, y se centra en esos problemas que toda pareja debe superar sino quiere acabar en ruptura. Problemas que, como en la vida misma, se ven agravados por otro tipo de cuestiones como la dificultad de tener un hijo o esa “peculiar” enfermedad que sufre el elemento masculino de la historia.

Y es que ahí reside la otra gran baza de la novela: en la forma tan original de mostrar el viaje en el tiempo. No como un logro científico sino como una enfermedad parecida a la epilepsia. El protagonista sufre “ataques” que le llevan a viajar por el pasado y el futuro apareciendo desnudo y sin saber cuando va a volver a su presente. Y, nuevamente, esta situación es descrita de una forma abrumadoramente realista. Por ejemplo, ¿alguien sabe el frío que puede llegar a hacer en Chicago y alrededores (donde esta ambientado el libro) en invierno? Pues me temo que mucho, y no es una buena idea pasearse desnudo por la calles de esa ciudad en Febrero. ¿De dónde sacar ropa? ¿Comida (el viajero puede estar “fuera” días o semanas? ¿Qué reacción tiene la gente cuando ve aparecer a alguien desnudo y aturdido por su casa? ¿Y si eso le pasase a un niño de 7 años?

Preguntas y situaciones que la escritora estadounidense nos muestra con peculiar maestría y que convierte al libro en una especie de thriller apasionante y en una manual de supervivencia para temponautas. Y, claro, si uno puede viajar en el tiempo y encontrarse con la mujer a la que se ama antes de conocerla las posibilidades son ya infinitas y, sobre todo, originales.

Así pues, uno de los mejores libros del 2005 y una magnífica muestra de que la ciencia ficción, lejos de ser un género muerto, todavía tiene cuerda para rato, por lo menos en las manos adecuadas. Y, por supuesto, desafío a cualquiera con un mínimo de sensibilidad a que jure y perjure que no ha llorado en el tercio final del libro. Y eso, aunque parezca mentira, es otro de los grandes méritos de esta novela.

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