El libro de Joan, de Lidia Yuknavitch

El libro de JoanNo se me ocurre un lugar narrativo más incómodo que el holocausto planetario. A pesar de ello, es una de las temáticas donde más fértil ha resultado la ciencia ficción. Desde su carácter admonitorio, al explorar el miedo a ese final tenido durante tanto tiempo por probable, especular sobre qué quedaría después, lanzar un canto a lo mejor y lo peor de la humanidad, nos ha traído novelas inolvidables, en algunos casos escritas desde una poética deslumbrante. Textos de una belleza arrebatadora capaces de conmover por el destino de sus personajes y el de todo el género humano, los sentimientos y las emociones evocados. Lidia Yuknavitch ofrece en El libro de Joan su particular acercamiento al fin del mundo, un relato lleno de desesperanza y, sin embargo, atrayente en muchos pasajes como las pesadillas más desquiciadas.

La Tierra se ha convertido en una bola de lodo tóxica. Los escasos supervivientes malviven enfrentados a las fuerzas de un caudillo que exprime los últimos recursos planetarios para llevarlos a la CIEL, una estación espacial en órbita. Es el reducto de los seguidores de Jean de Men, el líder a cargo de una sociedad enfrentada a su casi segura extinción; tras varias décadas de encierro los órganos sexuales se han atrofiando, la natalidad se ha detenido y la estructura social es de una crueldad extrema. A imagen y semejanza de un Doctor Mengale embutido en un mandil de carnicero, de Men se sirve de los disidentes para recuperar la fertilidad perdida. En su mayoría mujeres e inadaptados, los rebeldes son encerrados en un panóptico y enfrentados a un destino fatídico.

Yuknavitch divide El libro de Joan en tres actos. La apertura y el desenlace recurren a un narrador que la mayor parte del tiempo parece ser Christine, una artista cautiva en la CIEL. Desde un discurso próximo al monólogo interior, relata su situación mientras, fragmentariamente, rememora cómo han llegado hasta esa agonía terminal el mundo, el género humano, ella. En su testimonio se revela esencial cómo se sirve de su pericia con los tatuajes para alumbrar su obra maestra: plasmar sobre su piel la historia de Joan de Dark, la mujer que llevó el enfrentamiento con de Men hasta las últimas consecuencias. El calamitoso estado de la Tierra no se debe en exclusiva a la acción de un villano; detrás del cataclismo está su reacción desmesurada ante los desmanes del tirano.

De Dark, un personaje con aires mitológicos, es la protagonista del segundo acto. Una serie de escenas que transcurren íntegramente sobre el planeta y beben de las historias bélicas y postapocalípticas. Desde ambas convenciones se acentúa el drama de los personajes y de la propia humanidad gracias al contraste con el discurso distópico de la secuencia centrada en Christine. Frente a la ambigüedad y la locura previas, este fragmento apuesta por una retórica más nítida. Las disonancias que siembran dudas sobre quién cuenta la novela, se desvanecen. Una tregua no tanto ante la amenaza física y psicológica de este futuro aplastado entre de Men y de Dark, sino por una concreción que asienta una lectura unívoca. Permite abrir el último acto con las certezas necesarias para atar el argumento.

Lidia YuknavitchEl texto de cubierta trasera relaciona a Yuknavitch con Naomi Alderman y Kameron Hurley. Las conexiones son firmes en lo que se refiere a la relevancia de la maternidad en su desarrollo, las diversas formas de sexualidad presentes en este entorno donde podría haber quedado obsoleta, su acercamiento a la cuestión de género, la supresión de la diferencia (con un último giro relacionado con la figura de Men todavía más subversivo)… Sin embargo, desde su manera de aproximarse a la poética de la literatura prospectiva, me parece más alineada con la estética de James Tiptree, Jr., Norman Spinrad y Samuel R. Delany. A su narrativa no lineal une una expresividad arrolladora que, en su imaginación exuberante y bien enfocada, compensa la crudeza y la ausencia de esperanza gracias a unas imágenes particularmente hermosas. He disfrutado con ellas aunque entiendo que quien encuentre el placer de la ciencia ficción en el novum y/o el optimismo, se les puedan hacer cuesta arriba el peso de la toxicidad humana y sus puntos de locura.

El subtexto de El libro de Joan es bastante más fecundo de lo que he sido capaz de arañar hasta ahora y fuerza al lector a ir más allá de la superficie. Ya desde la primera cita tomada de Shikasta de Doris Lessing, Yuknavitch demuestra que no da puntadas sin hilo. El “Todos somos criaturas de las estrellas” se convierte en una de las guías del relato al abrir una serie de interpretaciones inexcusables para entender al personaje de Dark y el camino tomado en el desenlace. El trío de protagonistas están basados en personalidades históricas (Jean de MeungChristine de Pizan y Jeanne d’Arc) de los cuales toman y desarrollan varias características.

Etcétera. Etcétera.

Para terminar, me resulta imposible dejar de ver en El libro de Joan una representación de las ideas expuestas por Ismael Martínez Biurrun en “De la nueva carne a la nueva naturaleza“. Apropiándome de sus palabras, apuesta por la corporeidad como código expresivo a la vez de por una atmósfera donde la idea de extinción, íntima o colectiva, atraviesa el núcleo de la historia como una revelación fatal. Es un ejemplo más de cómo, doscientos años después de Mary Shelley, el cuerpo problematizado ha regresado para reclamar su trono como escenario primordial del horror. Un género que se deja sentir con fuerza.

Es de justicia alabar la traducción de Albert Fuentes. Mantiene intacto el caudal lírico de la prosa de Yuknavitch. Y también la apuesta de Alpha Decay por una novela de ciencia ficción muy alejada de las coordenadas más populares en la actualidad, claramente heredera de la new wave gracias en gran parte a una audacia y un cuidado formal refrescantes. Y referenciada como tal. ¡Bravo!

El libro de Joan, de Lidia Yuknavitch (Alpha Decay, 2018)
The Book of Joan (2017)
Traducción: Albert Fuentes
Rústica. 320pp. 23,90 €
Ficha en la web de la editorial

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