Detrás de sus ojos, de Sarah Pinborough

Detrás de sus ojosTras la fantástica impresión de La casa de la muerte, tenía ganas de descubrir qué más había escrito Sarah Pinborough. Ya dejé escrita por aquí mi opinión sobre 13 Minutes, un entretenido y un tanto tramposete culebrón de instituto que, supongo, terminará traducido si la producción que estaba preparando Netflix llega a consumarse. Ahora escribo sobre Detrás de sus ojos, la novela publicada por Runas a finales de 2017 con traducción de Pilar Ramírez Tello, que abunda y ahonda en la línea de 13 Minutes. Confieso que mi lectura está muy mediatizada por mi creciente dificultad para entrar en historias que fían su potencial a la sorpresa; esos relatos que no les importa sacrificar su consistencia en el altar de romper los esquemas y previsiones del lector. Así, mientras en 13 Minutes encontré ingredientes adicionales (el drama de la necesidad de encajar en la sociedad, la crudeza del acoso escolar), Detrás de sus ojos ha ofrecido poco más a lo que aferrarme.

Su arranque no difiere mucho de una película de sobremesa de un fin de semana cualquiera en la televisión convencional. Madre divorciada (Louise) con problemas de autoestima y algo de mal fario, se medio lía una noche de farra con quien será su futuro jefe (David). Esa situación embarazosa, aparentemente resuelta de manera profesional y preámbulo de un affaire, se adereza con su encuentro causal con Adele, la mujer de David; una manipuladora nivel legendario que juguetea con la vida profesional y personal de Louise. Al principio inocentemente y de forma cada vez más retorcida hasta tejer a su alrededor una telaraña enrevesada y multicapa de la cual le será imposible escapar.

Pinborough se abona a la primera persona y alterna las voces de sus dos protagonistas, Louise y Adele, para desarrollar sus vidas desde su encuentro. La primera es más transparente; exhibe sus miedos e inseguridades mientras se enfrenta a las dificultades propias de su precaria posición económica. Sus capítulos introducen un grado de confianza e intimidad desconocidas para Adele. Se puede pensar que esta elección es consecuencia de estar ante una personalidad opuesta. Alguien cortado por otro patrón y necesitado de ocultar la verdad tras una aparente sinceridad; un narrador escasamente fiable al que poner en cuarentena. Sin embargo la sospecha se abre camino desde el momento en que su honestidad implicaría revelar las respuestas para todos los misterios planteados en la historia no cuando Pinborough desea que confluyan, al final. Por tanto, cuando la escritora se imbuye en la piel de Adele es mucho más cicatera y sibilina al relatar los hechos y revelar detalles de su pasado. Y es aquí donde el todo vale comienza a sentar sus reales sobre el pacto de ficción. Porque como no está claro ni a quién ni por qué cuentan sus testimonios (no estamos leyendo un diario, ni escuchando una grabación, si se pretende engañar a nadie más que al propio lector), el cuerno quemado anega mis fosas nasales.

Sarah PinboroughComo es necesario alumbrar detalles del pasado de Adele y ella jamás va a contarlos, Pinborough acude a unos interludios dosificados entre los capítulos de ambas: “Entonces”. En tercera persona arroja algo de luz sobre ese pasado que conecta a Adele con David y que se retrotrae a la muerte de sus padres en un desafortunado incendio cuyo origen siembra dudas, sobre la estabilidad mental de ella y las intenciones de su entonces futuro marido. En estas secuencias se materializa un cuarto personaje, Rob, compañero del sanatorio en el cual Adele se recuperó del incidente y clave para el devenir de la segunda parte de la novela.

¿Aceptas o no la arbitrariedad en la elección de la veracidad de los narradores? ¿Te mueve algo más que la sorpresa para avanzar en una novela de misterio? A esta envite entre aceptar o no el juego establecido por Pinborough se fía gran parte de la impresión causada por Detrás de sus ojos. Otra porción tiene que ver con un desarrollo del aspecto humano de brocha gorda, supeditado a las necesidades de una intriga romántica tirando a vulgar, en las antípodas de cómo cobra forma el elemento fantástico. Una faceta vinculada con el sueño e incorporada con sutileza al relato. Mientras se desarrolla no sólo establece una capa adicional en las relaciones entre los personajes. Conecta con los hechos ocurridos y se constituye como imprescindible para entender los acontecimientos. Supongo que para algunos lectores puede resultar un tanto frustrante la escasa base de esta capacidad, pudiendo llegar a poner en jaque el pacto de ficción como a mi me ha ocurrido con lo parcial de la narración de Adele. Sin embargo considero este misterio, la ausencia de información sobre él, más coherente con el trasfondo de Detrás de sus ojos.

El desenlace, con el último giro y ya todas las cartas fuera de la manga, confirma las sospechas despertadas y constata por qué Detrás de sus ojos se ha escrito así. El Ooooooh como máxima central del contador de historias. Afortunadamente también ayuda a iluminar algunos hechos bajo otra luz y permite ver que la perspicacia de Pinborough no sólo ha estado orientada a engañar al lector. El esfuerzo de no abandonar la lectura a las 150 páginas, en mi caso obtuvo alguna recompensa menor. Sin poder quitarme de la boca el amargor de observar una repercusión muy por encima del meritorio La casa de la muerte. El libro de Pinborough que recomiendo leer sin ambages.

Detrás de sus ojos (Alianza Editorial, col. Runas, 2017)
Behind Her Eyes (2017)
Traducción: Pilar Ramírez Tello
Tapa Blanda. 352pp. 18 €
Ficha en La tercera fundación

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