La historia de tu vida, de Ted Chiang

La historia de tu vida¿Qué ocurriría si pudiéramos implantar un dispositivo en nuestro cerebro que nos convirtiera en ciegos a la belleza humana? La idea sería conseguir un mundo más justo provocándonos voluntariamente una agnosia. Se terminaría con siglos de prejuicios basados en el aspecto externo. Prejuicios que no podemos controlar, pues estamos genéticamente programados para reaccionar favorablemente ante los signos externos de una pareja idónea para la reproducción. Industrias como la publicidad o la cirugía plástica se hundirían ante la imposibilidad de apreciar sus efectos. Por otra parte, si la gente guapa no pudiera valerse de su belleza para atraer a los demás, tendría que esforzarse para gustar de otra manera, tendría que desarrollar otras capacidades más allá de la simple apariencia. ¿Y qué pasaría si tu hijo tuviera una grave deformidad o una terrible desfiguración? ¿No querrías que creciera en un mundo en el que nadie lo rechazara por su aspecto físico?

Todas las variables del problema son analizadas en “¿Te gusta lo que ves? (Documental)“, uno de los relatos que se recogen en el volumen La historia de tu vida de Ted Chiang. Como si se tratara de la transcripción de un documental, partidarios y detractores debaten los pros y los contras de la caliagnosia ante la posibilidad de implantarla en un campus universitario. El tratamiento de un condicionante aparentemente superficial como es el de la belleza pronto toma una deriva de inesperadas connotaciones políticas y sociales. Yo diría, de hecho, que ésta es una de las grandes virtudes del autor: la capacidad para exprimir hasta la última gota todo el potencial del problema que plantea.

Parece ser que Ted Chianges un escritor de obra escasa. Informático de profesión, esta colección de ocho relatos cosechó, además de diversos premios, la adaptación cinematográfica del cuento que le da nombre, La historia de tu vida (La llegada, Denis Villeneuve, 2016). Si bien quizá cabría alegar que, aunque todos los cuentos son interesantes, su calidad literaria es algo desigual. En conjunto, da la impresión de que unos están escritos con más cuidado y dedicación que otros, pero en general resulta una lectura muy recomendable, a ratos hard, a ratos especulativa, con un toque steampunk.

Ted ChiangReligión, ciencia, filosofía, matemáticas, biología… las cuestiones que aborda te hacen pensar una vez finalizado el libro. El autor va tomando conceptos aparentemente dispares entre sí y conformando una invitación a la reflexión, armando un relato coherente y cargado de sugerencias. Si bien todas las historias son originales y amenas de leer, algunas me han gustado más que otras. Cito los relatos a continuación de forma desordenada y por preferencia. No están entre mis favoritas “Dividido entre cero”, donde se expone la crisis existencial de una matemática al descubrir que la ciencia que creía segura e infalible es, ciertamente, inconsistente. El relato recuerda un poco al terror que sintieron los pitagóricos ante la revelación de los números irracionales. Tampoco el más breve de todos los cuentos, “La evolución de la ciencia humana”, un ejercicio de especulación sobre el destino de nuestra especie. Y, personalmente, “El infierno es la ausencia de Dios” es el cuento que menos me ha gustado, quizá por estar innecesariamente alargado para mi gusto. Plantea la epifanía de Neil Fisk, en un contexto en el que los ángeles se personan de forma real en la tierra y derraman sus bendiciones sobre los humanos de manera supuestamente aleatoria. Lo malo es que cuando bajan del cielo provocan terribles daños materiales y personales. Cuando la gente muere, unos van al cielo y otros al infierno, y nadie entiende muy bien el sentido y objeto de sus castigos y maldiciones. La doctrina cristiana, como en la novela Cuernos de Joe Hill, aparece alegremente re-interpretada a partir de sus extremos más folklóricos, pero ya cuenta de por sí con una larga trayectoria de detractores bastante versados en señalar sus irracionalidades, así es que tal vez por eso no me ha llegado demasiado.

De todos los relatos, uno de los que me parece mejor escrito es “La torre de Babilonia”, basado en la Biblia y en antiguas leyendas de Mesopotamia. En Babilonia, los hombres están realizando una torre tan alta como para llegar al mismo Yahvé. Cuando uno de los obreros cae al vacío, nadie se inmuta, nadie lo siente. Sin embargo, la pérdida de una paleta de albañil es una tragedia para el que la sufre, pues en todo el tiempo que tarda en llegar la nueva herramienta no podrá trabajar. Una vez en la cima, deben excavar para atravesar la bóveda del cielo. En la Biblia, el relato de la Torre de Babel alude a la pretensión humana de construir algo tan excesivo y grandioso como para rivalizar con la misma obra de dios. Éste, irritado por tales audacias, castiga entonces a los humanos con la división de las lenguas. El episodio es una reelaboración de la hybris de los griegos, que obtenían sobrado castigo de los dioses por su arrogante pretensión de ser como ellos. Están ausentes de La torre de Babilonia esas connotaciones punitivas. Antes bien, el relato está centrado en el trabajo de Hillalum y los demás mineros para llegar hasta el vientre celeste y excavar allí. Seguramente está más cercano a la tradición rabínica, según la cual los hombres querían llegar hasta Dios y asegurarse de que no volviera a vaciar las aguas del cielo, construyendo columnas para contenerlas. Es por eso que los trabajadores tienen miedo de romper una veta de agua y provocar una catástrofe. En la memoria de todos debe estar todavía fresco el reciente diluvio enviado como castigo. Si el relato evoca el cuadro del soberbio zigurat de Brueghel el Viejo que roza ya con su cima las nubes, el sorprendente final recuerda más bien los escenarios duplicados del surrealista Escher.

La llegadaLa historia de tu vida narra el encuentro del ser humano con una civilización alienígena. La primera urgencia es comunicarse con ellos, claro está. El relato está narrado desde la perspectiva de una lingüista que rememora, a la vez, una dolorosa pérdida personal. Los militares la presionan para arrancar a los recién llegados algún secreto especial, alguna receta milagrosa para producir combustible o armas de destrucción masiva. Sin embargo, los alienígenas responden con su propia lógica (nacida de la desconcertante forma heptápoda de sus cuerpos), y, además, no tienen las mismas estructuras lingüísticas que nosotros, lo cual da lugar a un interesante ejercicio de especulación sobre el lenguaje. Los avances de la doctora Banks corren paralelos al recuerdo de la relación con su hija, desde su concepción hasta su muerte, y son el contrapunto emocional del relato.

Como sucederá luego con la historia “Comprende”, es admirable cómo Chiang es capaz de desgranar todas las posibilidades de un encuentro de semejante calado. Encontronazos con extraterrestres ha habido para dar y tomar a lo largo y ancho de la narrativa de ciencia ficción. Tradicionalmente, se dividen en dos grandes grupos: vienen en son de paz o vienen a exterminarnos. El enfoque en este caso consiste en tender un puente para la comunicación entre las dos especies, centrándose en las dificultades evidentes de tal empresa. Antropólogos del lenguaje y lingüistas ya se han visto en tesituras semejantes cuando estaban ante una cultura totalmente desconocida. Sin embargo, la experiencia humana contiene un bagaje común que va más allá de la casuística de poseer varias docenas de vocablos para designar la palabra “nieve”. ¿Qué ocurriría si la lógica misma de esta especie no es ya diametralmente opuesta, sino incomprensible para nosotros? ¿Cómo se puede experimentar el mundo si eres un ser parecido a una estrella de mar, que te mueves oscilando sobre tus siete extremidades? ¿Qué ocurriría si los humanos hubieran desarrollado un modo de consciencia secuencial, mientras que los recién llegados experimentasen el mundo de una forma simultánea? La dificultad estriba en cómo traducir e interpretar desde la perspectiva de la radical otredad. ¿Serán excluyentes esas diferencias hasta el punto de volverse algo incognoscible, o podrá encontrarse un punto de referencia sobre el que trabajar?

“Setenta y dos letras” es un original ejercicio de asociación de ideas bastante bien resuelto, nacido de unir conceptos tan dispares como la Kabbalah hebrea y el Golem junto con las antiguas teorías biológicas de la preformación. Estas teorías, que se remontan a la Antigüedad clásica pero que estuvieron plenamente vigentes durante el siglo XVII, defendían que el embrión era un ser ya perfectamente formado, un homúnculo diminuto que solo tenía que crecer en el vientre materno. Las asunciones en torno a la preformación persistieron durante el siglo XIX, cuando la discusión se desplazó al lugar en el que estaba preformado ese ser microscópico: si en el espermatozoide (animalculismo) o en el óvulo (ovismo). En la Inglaterra de la primera revolución industrial, con sus luditas y su red de sociedades científicas, los seres humanos son creados en masa como arañas dentro de sus huevos a través de una combinatoria de nombres que duplica la paradoja del monstruo fabricado por el rabino Loew: si el Golem es creado a partir de la palabra y no puede hablar, estos hombres creados por otros hombres no pueden reproducirse. Stratton, el inventor de autómatas, empieza buscando la manera de aliviar a la clase obrera de sus padecimientos mediante la ciencia y termina alineándose involuntariamente con el capital que explota a esos mismos subalternos. En el tejido de la narración se superponen tesis marxistas, lucha de clases y misticismo hebreo, todo ello en un escenario de ambientación victoriana en el que las hoy obsoletas -y descabelladas- teorías sobre la generación humana se abordan como si fueran plenamente reales.

He dejado para el final uno de mis cuentos favoritos, “Comprende”. Leon Greco, el protagonista, recibe un tratamiento para salir del coma que consiste en inyecciones de la hormona K. El efecto inmediato es un incremento de su inteligencia. De resultas, puede manipular ordenadores, entender las pautas subyacentes en el mundo físico o los patrones del lenguaje corporal humano. Esto le permite influir tanto en personas como máquinas, y por si fuera poco accede a la comprensión de su propio cerebro.

La historia de tu vidaDe todas las historias en las que el héroe o heroína recibe un don, un superpoder  o una habilidad especial, la más difícil de narrar debe ser la del incremento de inteligencia. Si el superhéroe puede volar ahí están, por poner un ejemplo entre miles, los convincentes planos de vuelos rasantes entre aviones de Chronicle (Josh Trank, 2012). Cuando el superhéroe es indestructible, o tiene fuerza sobrehumana, o tiene cuchillas bajo los nudillos, todas ellas son características físicas que son relativamente fáciles de exponer. Pero, ¿qué pasa con la superinteligencia? ¿Cómo es alguien superinteligente? Un ejercicio peligroso, porque la exposición de cómo sería una persona con una capacidad intelectual aumentada puede poner en evidencia las propias limitaciones del que imagina. Si el cerebro se piensa a sí mismo, ¿puede el cerebro de alguien con una inteligencia media suponer siquiera cómo sería un supercerebro?

Me vienen a la memoria ahora obras como Flores para Algernon (Daniel Keyes, 1959) que cuenta, en primera persona, cómo un hombre con un coeficiente mental de 68 se presta a un tratamiento experimental de aumento de inteligencia y se vuelve superdotado. El caso es que los efectos no son duraderos, y al poco tiempo el pobre Algernon experimenta una regresión, evidenciada por su progresiva mala ortografía y desorden al escribir. Más reciente, la película Limitless (Neil Burger, 2011), basada en la novela The Dark Fields, de Alan Glynn, mostraba la siguiente y seductora trama: un escritor fracasado, bastante vago y por lo demás un loser de manual, se ve envuelto en una red de tráfico de una nueva droga, una maravillosa pildorita azul que te convierte en superdotado por unas horas y después te deja un resacón tremendo. Apenas se vuelve inteligente, el protagonista renuncia a la literatura de inmediato y se vuelca en actividades más lucrativas como la bolsa o la política.

En Flores para Algernon, la cuestión de la superinteligencia se aborda desde un punto de vista moral (te encuentras más solo que la una tanto si estás por debajo como por encima del promedio, y solo la pedestre medianía te proporciona cierto calor humano), y las conclusiones a las que llega el protagonista de Limitless, consistentes en cultivar su apariencia, comprarse trajes caros y meterse a especular en la bolsa, serían cuestionables incluso para gentes con una capacidad intelectual muy inferior a la suya.

Esta reflexión viene al caso porque, puestos a examinar los efectos de una superinteligencia, Chiang no rehuye la cuestión, se mete en faena y especula, con bastante credibilidad, sobre un cerebro al que progresivamente el mundo se le va quedando más y más pequeño, y contra el que nada pueden los humanos “normales”. Cualquier intento de detenerlo está destinado al fracaso (en este sentido, la historia guardaría más relación con la histriónica Lucy (Luc Besson, 2014), que al tiempo que asimila millones de datos en un parpadeo, no deja títere con cabeza en el ámbito de la mafia taiwanesa). Ahora Greco es un monstruo, y subyacente a esta premisa se dibuja otra trama en la cual descubrimos que él no es el único que ha tenido acceso a la hormona K, y, por lo tanto, tiene que batirse con un igual que, desde el mismo planteamiento, ha llegado a conclusiones absolutamente opuestas y decidido, como él, que ambos no pueden coexistir. De nuevo, el problema planteado se agota hasta las últimas implicaciones, incluyendo una antítesis a la premisa de partida. Y ese es el gran mérito, en mi opinión, de este escritor: llegar hasta el final de cada uno de sus planteamientos.

La historia de tu vida, de Ted Chiang
Stories of Your Life And Others (2002)
Trad. Luis G. Prado
Alamut Ediciones (2015)
241 pp. Tapa Blanda. 19,95€
Ficha en La Tercera Fundación

4 pensamientos en “La historia de tu vida, de Ted Chiang

  1. Genial reseña.
    Hay otro cuento suyo en “A la deriva en un mar de lluvias …” o en “Terra Nova” no lo recuerdo ahora mismo. Que se llama “La verdad de las palabras, la verdad del corazón.” que es también una maravilla en cuanto a ideas (son dos en paralelo).

  2. Una reseña de mucho nivel, muchas gracias.

    Esta antología en su día me encantó de cabo a rabo, pero tras releer “Incrustados” se me cayó un poco “La historia de tu vida”, lo apuesta todo a lo emocional descuidando un poco el mcguffin científico, que creo que no se sostiene bien por aquello de que un cerebro de mono no estaría equipado para procesar un lenguaje alienígena que corre en otro hardware muy distinto (yo es que en temas de comunicación alienígena soy de lo que diga Stanislaw Lem). Por lo demás es una antología estupenda y aún recuerdo como “La torre de Babilonia” me dejó completamente alucinado cuando la leí por primera vez en la revista Gigamesh.

  3. Alfonso, seguramente tienes razón, pero yo diría que el objetivo de “La historia de tu vida” no era [SPOILER] demostrar que el cerebro humano puede albergar una percepción simultanea del tiempo, sino describir cómo sería experimentar dicha percepción.

    Creo que se entiende mejor si piensas que el objetivo de “Setenta y dos letras” no era [SPOILER] demostrar que la cábala funciona y la preformación es una ciencia, sino justamente describir cómo sería el mundo si así fuera.

    En otras palabras, los cuentos de Chiang son experimentos mentales de extrapolación de ideas; ideas a veces científicas, a veces fantásticas, y otras directamente desacreditadas pero atractivas.

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