Roco Vargas, de Daniel Torres

Roco Vargas

Dicen que el verano es época de relecturas. Para mantener la costumbre de publicar, durante este mes de vacaciones recuperaré semanalmente algunos artículos perdidos de mi antigua bitácora. En septiembre volveremos con más emociones. A descansar.

En Roco Vargas se recopilan los cuatro álbumes “clásicos” de “Las aventuras siderales de Roco Vargas”, publicados en los ochenta y antes del regreso a las estanterías del personaje hace ya bastantes años con el álbum El bosque oscuro. Con este regreso se trataba de convertir a Roco en protagonista icónico de una serie abierta al estilo francés, una vez que la historia del personaje había quedado completamente cerrada y resuelta al final de La estrella lejana. Por tanto, no me ocuparé aquí de esos cuatro álbumes (El bosque oscuro, El juego de los dioses, Paseando con monstruos y La balada de Dry Martini), de la época “moderna”.

La serie se inicia en 1984 con Tritón, un álbum donde Torres se encuentra todavía bajo la influencia total de Miguel Calatayud en lo gráfico, pero que sigue la escuela del tebeo de aventuras de toda la vida en lo narrativo. La historia no es más que un pastiche posmoderno de cachondeo a costa de la ciencia ficción más clásica, la de los años treinta, (el malo es un oriental del espacio que se llama Mung, no les digo más). Predominando el interés en lo gráfico, el álbum, ligero y de divertidos diálogos, es como tomarse un martini con media sonrisa y la ceja levantada mientras se lee a P.G. Wodehouse  y no presagia en absoluto lo que llegaría después. En esta historia, Roco se nos presenta como un aventurero espacial retirado (con los rasgos de Clark Gable) que lleva una doble vida regentando el exclusivo club Mongo y escribiendo ciencia ficción pulp bajo el seudónimo de Armando Mistral. Incluso tiene un mayordomo negr…, digooo, verde y marciano para más señas. La acción transcurre en un sistema solar de broma habitado por mercurianos, venusianos, marcianos…, en un ejercicio de revisión irónica de la cf de los años veinte y treinta, que abarca desde, por supuesto el Flash Gordon de Raymond, hasta los seriales de Buck Rogers pasando por la space opera de Van Vogt e, incluso, Burroughs (el de Tarzán, no el otro) bañado todo en la estética retrofuturista del Fritz Lang de Metrópolis o La mujer en la luna y los arquitectos locos de las vanguardias de los años veinte.

Posteriormente llegarían El misterio de susurro y Saxxon. Lo primero que llama la atención en El misterio de susurro es la evolución gráfica de Torres, ya totalmente alejado del maestro Calatayud. Abandonando el rotring por el pincel, este tebeo ya pertenece al estilo más reconocible de Torres; línea clara y rotunda de maneras más “clásicas” (al estilo Jacobs, para entendernos) al servicio de una trepidante historia de ciencia ficción, aventuras exóticas y espionaje en la que aún se nota el uso irónico de los elementos de la novela popular (ese detective pulp que aparece al principio) y, por supuesto, plagada de sentido del humor. Pero donde la distancia irónica se va diluyendo, el tono es diferente a Tritón, como nubes que presagiaran tormenta. Tormenta que se desata con furia en Saxxon, la segunda parte de Misterio… donde los acontecimientos ya apelan al interior de Roco como personaje, a su pasado y sus emociones. Y en el contundente final nos damos cuenta que ahora hay tragedia, la muerte y la desolación aparecen y el juego lúdico postmoderno referencial se abandona absolutamente para contarnos algo que realmente importa, que afecta a los protagonistas y, por supuesto, al lector.

Y por fin La estrella lejana. Este álbum, es sin duda uno de mis tebeos españoles favoritos de todos los tiempos, parece hecho por y para los que arrastramos una pasión por la ciencia ficción y las historietas desde la infancia como ese Vargas chaval, contemplando lleno de maravilla y asombro las estrellas mientras aferra un tebeo de Flash Gordon. Un relato crepuscular donde se revisa el pasado aventurero de Roco en un enorme flashback que abarca todos los hechos que le han convertido en quien es. Maravillosamente dibujado por un Torres pletórico, impecable, de un acabado inhumanamente perfecto y extremadamente esteticista de maravillosos colores planos a lo Chaland (esos diseños arquitectónicos de ciudades, naves, robots y demás parafernalia retrofuturista son deliciosos). Pero que a pesar de esa pulcritud formal logra emocionar, tiñendo las páginas de una profunda nostalgia y tristeza por un universo perdido, un mundo de aventuras que no volverá jamás, un pasado idealizado, cristalizado en las novelas, tebeos y películas de la infancia. Y terminado el viaje, Roco, un poco como nosotros al crecer, se alza como un personaje por fin tridimensional, en el otro extremo de aquel cliché irónico del principio. Ahora ya no es ese Flash Gordon con el rostro de Clark Gable, ni Armando Mistral el escritor y bon vivant, ni un aventurero sideral. Ahora es, simplemente, Roco Vargas, un hombre.

Roco Vargas (rec. incluye )
Norma Editorial, 1997 (1ª ed)
Cartoné, color. 240 pp. 23 €.

 

2 pensamientos en “Roco Vargas, de Daniel Torres

  1. Sólo hasta “La estrella lejana”. “El bosque oscuro”, el primer volumen de la segunda serie se publicó directamente en álbum, yo creo que había desaparecido ya incluso el Cimoc, que era donde iban apareciendo serializados los álbumes de Torres (“El octavo día”, “El ángel de Notre Dame”) después del cierre de Cairo.

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