Residuos, de Tom McCarthy

Residuos, de Tom McCarthyLlego a Residuos tras la brillante Satin Island y consciente de haber encontrado a un autor capaz de aportar una visión propia sobre nuestro desorientado presente, algo complicado en un mundo a veces demasiado conservador en sus ideas. Escrita por Tom McCarthy en 2005, Lengua de trapo la tradujo al español en 2011 y pasó más o menos desapercibida en su momento hasta ser prácticamente olvidada. Ahora se vuelve a hablar de ella tras la reciente apuesta de Pálido fuego por el autor inglés.

El protagonista de Residuos ha sido víctima de la caída de un objeto tecnológico desde el cielo. No recuerda qué pasó exactamente y además firma un millonario contrato a cambio de no hablar jamás sobre este incidente. Aunque la abrumadora cantidad de dinero soluciona su futuro, el proceso físico y mental que ha dedicado a la rehabilitación le ha dejado trastocado. Su dañado cerebro se ha visto obligado a aprender a mover su cuerpo de nuevo, a ser consciente de lo que significa dar un paso, los incontables movimientos necesarios desde el cuello hasta el último metatarsiano de cada pie. El conocimiento del nivel de detalle y concentración que requiere el más mínimo gesto ha hecho mella en su percepción.

Esta obsesión por lo milimétrico, por la perfección absoluta de la recreación para lograr fluir en la realidad, es clave para entender el libro. Aunque lo primero que hace el protagonista es celebrar con sus amistades su buena –o mala– suerte y poner a salvo un dinero que no sabe cómo manejar; pronto, un abrumador déjà vu cambia de nuevo su vida. En él revive un edificio muy concreto con distintos vecinos que se dedican a sus tareas: freír bacon, arreglar una moto, aprender a tocar el piano… Su cerebro claramente divergente decide que debe dar forma a ese edificio y repetir el momento concreto. A partir de aquí, gracias a una empresa que se encarga de conseguir todo lo que quieran individuos con su poder adquisitivo, empieza la búsqueda de un edificio similar en Londres y lo reconstruye a su antojo, también contrata actores que se parezcan a los de su déjà vu y trabaja en la recreación de ese momento imaginado, o vivido, una y otra vez. Por supuesto, este no es el único proyecto en el que decide volcarse y posteriormente aumenta la complejidad de su adicción.

Residuos es una novela realista en la que se tratan algunas cuestiones de gran importancia en la actualidad desde una perspectiva que evita la óptica abrumadoramente tecnológica de nuestro presente. Una de ellas es la percepción de la realidad esencial para el ser humano que varía en función del prisma que acoja. Uno se puede preguntar qué es más real: la recreación, la realidad de la que parte para ser representada o el déjà vu de un recuerdo que no se aclara si es real o imaginario. También son interesantes las piezas de esta representación, los autónomos actores que mediante una suerte de repetición provocan placidez cuando se acerca a la perfección. Lo incómodo, en cambio, está en ese libre albedrío que es expulsado. Además se observa un análisis puntual del dinero invertido en bolsa que sufre un aumento de capital –ficticio o no– carente de sentido y tan indescifrable como el mismo azar. En fin, pese a su brevedad, la lectura permite extraer distintos temas que ofrecen reflexión a cualquier lector.

Tom McCarthyLejos de lo que puede aparentar en algunos momentos, no estamos ante una obra densa. En realidad se acerca a un tono cómico, repleto de diálogos y frases cortas, que Tom McCarthy sabe llevar con sorprendente agilidad. La novela es de rápida lectura, ideas impactantes y final perfecto. Aunque también creo que es una obra que debe ser reposada y no es adecuada para lectores de asimilación rápida que olvidan nada más acabar. Como las mejores obras, gana en la –una vez más– recreación posterior del lector.

Quizá lo peor de Residuos sea la desastrosa edición del libro en casi todos los aspectos. A día de hoy no merece la pena enumerar los fallos, aunque es una pena que obras de gran calidad como esta sufran de una única y deficiente edición en España. Visto el problema, se agradece que sea una obra menos densa en estilo que Satin Island u Hombres en el espacio.

No diré que he realizado una lectura entusiasta de la obra, pero sí que ha sido muy divertida y reflexiva. Residuos es un perfecto acercamiento a un autor que ha sido ignorado por las grandes editoriales que buscan otros enfoques más plácidos, pero Tom McCarthy aporta elementos de calidad, gran definición de personajes, temas del siglo XXI y un personal enfoque sobre la tensión entre individuo y sociedad a la hora de comprender la realidad. Resulta irónico engrandecer obras que no triunfaron en su momento, pero aquí hay un libro muy enriquecedor.

Residuos (Lengua de trapo, 2007)
Remainder (2005)
Traducción: Andrea Vidal Escabi
Rúsitca. 320 pp. 21,85 €

Un pensamiento en “Residuos, de Tom McCarthy

  1. Me gustó muchísimo cuando la leí (no en esta edición, afortunadamente, por lo que comentas).

    Tono ligero, cómico, obsesivo el protagonista. Mola como cada vez se va metiendo en berenjenales más complejos y absurdos, es como si la novela fuera creciendo como una especie de fractal.

    Dices: “Resulta irónico engrandecer obras que no triunfaron en su momento, pero aquí hay un libro muy enriquecedor”.

    No sé si es irónico, pero sí muy necesario en este nuestro ecosistema editorial en el que cuando un autor no “triunfa” con su primer libro publicado, automáticamente se convierte en un apestado, un leproso que hay que evitar a toda costa.

    Supongo que lo de “apostar” por un autor es cosa del pasado y que ahora sólo manda el “filzio lucro”.

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