Tierra de campos, de David Trueba

Tierra de camposTierra de campos, la última novela de David Trueba publicada por Anagrama, es la historia de Dani Mosca, un músico que viaja en coche fúnebre durante el traslado del ataúd de su padre al pueblo de la infancia. Acompañado por el chófer de la funeraria, el reservado músico que vive esa época de la vida donde la vejez ya amenaza, recorre las carreteras secundarias españolas hacia su pasado. Dividida en dos partes bien diferenciadas, el viaje a la pequeña población y la breve estancia en ella, esta historia de larga extensión y corte intimista se mueve en dos niveles que van intercalándose: los actos presentes y un repaso a la vida del protagonista desde que formó el grupo de música en la adolescencia hasta ese viaje.

Tras el ligero traspié de Blitz, aquí reconocemos al mismo autor de Saber perder, además con momentos que recuerdan a Cuatro amigos en las reflexiones sobre la amistad y la mala leche hacia/con el entorno rural. La narración, en primera persona con un protagonista de voz aparentemente sincera y valiosos secundarios bien dibujados, nos transmite la calidad literaria de un autor solvente y con carrera detrás.

Esta novela, con el traslado de un cadáver y la retrospectiva vital, empuja a la nostalgia y a la valoración del pasado. La mirada del protagonista es reposada y alejada de dramatismo, cuenta sus vaivenes sentimentales, el mundo de la música, la relación con sus padres y tres décadas de una vida que podría ser cualquier otra. Todo esto mientras realiza un acto topográfico por los barrios de Madrid. La historia, como se puede ver, es terreno idóneo para la reflexión y la posibilidad de lanzar sentencias desde la perspectiva que ofrece la edad, la del personaje y la del autor.

Hablamos de nada un rato mientras yo pensaba que en la primera mitad de la vida lo que más importa es la apariencia externa, pero cuando entramos en la segunda mitad sólo nos sostienen los cimientos, los pilares ocultos donde se asienta la estructura de nuestra personalidad.

David TruebaAunque Tierra de campos está lejos de ser alegre, tampoco hay un exceso en el melodrama. El mensaje de la novela se dirige hacia el valor de la amistad y el deber de cumplir el camino deseado a sabiendas de ser un fracasado en la vida. No hay redención, sí muerte, pero siempre queda la posibilidad de acelerar al máximo y caer, de disfrutar con los riesgos de la vida y los vicios.

Las dos partes de casi idéntica extensión no sufren un cambio de estilo, aunque queda la sensación de que la primera se alarga demasiado y tiene menos gancho en los temas tratados. Resulta más típica y algo hosca por momentos. Tierra de campos gana al alcanzar la madurez del protagonista. Su mayor problema es que transmite la sensación de que le sobra una cuarta parte y la falta de rotundidad exige paciencia al lector.

Lloraba porque estaba lejos, porque me había negado tantas veces un vínculo sanguíneo con esa cosa llamada tu ciudad, tu gente, ahora en cambio sentía que los había abandonado a su muerte.

Las referencias al mundo artístico nacional son múltiples y están centradas en la música, donde recorre su historia cercana y convierte en protagonistas a cantantes como Serrat. No juzgaría como adecuado hacer una metanarrativa con la vida de autor, pero más allá de eso, queda la sensación de que David Trueba ha captado parte de la esencia del país: la tensión entre modernidad e historia, campo y ciudad, resignación y ambición… y, al final, amor y odio a una patria no siempre agradecida.

Esta novela cuenta con una notable factura estilística que a pesar de la forzada contención logra transmitir distintos sentimientos al lector. Puede que se haga demasiado extensa en algunos tramos, pero así funcionan las biografías –ficticias o no- y queda claro que no hay detalle poco importante cuando se trata de tejer una historia que contenga toda una vida, aunque no esté predestinada a la gloria. En definitiva, como bien sentencia Dani Mosca ante el paso de los años: Nos hacemos mayores, pero no nos hacemos mejores.

Tierra de campos (Anagrama, Colección Narrativas hispánicas nº584, 2017)
Rústica. 408 pp. 20.90 €
Ficha en La web de la editorial

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *