Un hombre sueña despierto, de Lavie Tidhar

Un hombre sueña despiertoImaginen una Europa en 1933 donde el partido comunista gana las elecciones en Alemania y los nazis no ascienden al poder. La purga posterior lleva a sus dirigentes bien a campos de concentración bien al exilio. Entre estos últimos muchos terminan en Gran Bretaña donde un lustro más tarde sobreviven en un discreto segundo plano mientras el partido fascista británico de Oswald Mosley gana peso. Uno de estos nazis venidos a menos es Wolf. A finales de 1939 malvive como detective privado en un cuchitril del Soho rodeado de prostitutas e inmigrantes, la materia prima para alimentar el odio al otro cuando vivía Alemania. La guinda a este pequeño purgatorio llega con su nuevo caso: encontrar a una judía desaparecida que debería haber llegado desde Alemania. Con toda seguridad por la acción de sus viejos compañeros de partido.

Ésta es la ucronía que Lavie Tidhar despliega en Un hombre sueña despierto mediante varias secciones encadenadas. A través del diario en primera persona de Wolf plasma sus pensamientos y sentimientos más profundos. Es este aspecto de retrato interior, cómo ayuda a comprender a Wolf, el que da carta de naturaleza a estas secuencias. Sus motivaciones, sus frustraciones, la evolución de su pensamiento tras la derrota del nacionalsocialismo seis años antes, su percepción de las humillaciones que sufre… Y, de una manera a mi modo de ver menos lograda, el recuerdo de los años de adolescencia, su participación en la Gran Guerra, las secuelas y su relación con las mujeres en los años previos a la caída. Todos ellos necesarios para el retrato de su carácter pero introducidos un poco con calzador.

Estos testimonios se intercalan entre otros donde un narrador omnisciente completa el relato de sus correrías por Londres. Tidhar se sirve de estos fragmentos para perfilar el escenario y los personajes por medio de una mirada más objetiva. Además impulsa la historia hacia nuevos vericuetos y termina de fijar el tono criminal, especialmente al detenerse en los estallidos puntuales de violencia o sexo. Su desmesura imprime un tono hard boiled un tanto caricaturesco, una connotación esencial para el tercer hilo de la novela. La piedra angular que da sentido a la ucronía y redimensiona el calado de Un hombre sueña despierto.

Lavie TidharComo se suele mencionar en en cada reseña, y se comenta en el texto de cubierta trasera, lo que he descrito hasta el momento no es más que el sueño de Shomer, un judío autor de novelas pulp encerrado en Auschiwtz. Nuestro Auschiwtz. Entre la podredumbre y la muerte del campo de exterminio imagina una de las peores vidas posibles para Adolf Hitler. El último y único acto de venganza que se le permite contra la causa de su infierno personal y del pequeño apocalipsis planetario. Shomer aparece poco. Lo suficiente para comprobar cómo las vivencias de Wolf son un reflejo de las suyas en el campo de concentración e insinuar el por qué de ese sufrimiento figurado. La necesidad de articular un mundo ficticio tan terroríficamente real como el suyo/nuestro.

A esta verosimilitud contribuye cómo Tidhar introduce detalles sobre esa Europa especular, donde el ascenso del partido fascista llegará en el Reino Unido y un nuevo conflicto mundial se intuye como inevitable. En tiempos de crisis socioeconómicas la xenofobia y el odio al otro son los catalizadores de los que unos pocos se sirven para hacerse con cuotas de poder político. En este sentido, en Un hombre sueña despierto también se dejan ver los ecos de la actual situación europea, el resurgimiento de los partidos de extrema derecha, el triunfo del Brexit… Unos mimbres semejantes a los que Philip Roth utilizó hace más de una década en La conjura contra América, pero desde una estética opuesta, con unos códigos genéricos y un lenguaje más cercanos a los que está acostumbrado el lector de ciencia ficción. Un texto sumamente disfrutable por lo cuidado en su redacción y los niveles de lectura por los que se mueve.

Es necesario felicitar a Kailas por traer de nuevo a Tidhar a España después del pequeño gatillazo de Osama, con una buena traducción que mantiene los matices del texto original. Aunque sería recomendable una revisión más a fondo del texto donde se han colado varios gazapos como, por ejemplo, ese corazón puesto en el lugar correcto de la página 82, o la aparición de la OSS (precursor de la CIA) como OSE. Una referencia perdida al castellanizar sus siglas. Pequeños detalles que no menguan el disfrute de esta ucronía que no se limita a jugar en exclusiva con el material que compone la Historia.

Un hombre sueña despierto (Kailas Editorial, 2017)
A Man Lies Dreaming (2015)
Traducción: Puerto Barruetabeña Díez
Rústica. 328pp. 19,90 €
Ficha en La Tecera Fundación

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