La maldición de Hill House, de Shirley Jackson

La maldición de Hill HouseMerced a sus adaptaciones a la gran pantalla (Robert Wise, 1963; la manifiestamente olvidable de Jan de Bont, 1999), La maldición de Hill House pasa por ser la obra más conocida de Shirley Jackson. Y junto a La casa infernal forma la dupla regente en el trono de la gran novela de casa encantada contemporánea. Tal consideración se debe a cómo manejan una serie de elementos recurrentes en estas historias: el grupo de investigadores reunidos para experimentar los sucesos paranormales; la caracterización de cada personaje se enriquece al ritmo de los encuentros con esas manifestaciones; se profundiza en el conocimiento del pasado de la mansión y sus antiguos habitantes… Sin embargo, a diferencia de la novela de Matheson (y los delirios de la adaptación de de Bont), La maldición de Hill House destaca por sus excelentes retratos psicológicos y su deliberada ambigüedad.

Dentro del grupo de exploradores de lo extraño, la posición central la ocupa Eleanor “Nell” Vance. Una mujer que vivió durante su infancia un supuesto suceso paranormal y, tras pasar años enclaustrada al cuidado de su madre, es incapaz de valerse por sí misma, sojuzgada a la voluntad de su hermana y su cuñado. Aunque La maldición de Hill House está contada en tercera persona, el narrador de Shirley Jackson sigue a Nell en todo momento. Es a través de ese acercamiento subjetivo mediante el cual entramos en contacto con el resto de personajes y sus experiencias en la mansión. Esta perspectiva deliberadamente sesgada fuerza al lector a preguntarse sobre la interpretación de numerosos acontecimientos, conversaciones o las relaciones entre unos personajes perfilados con maestría.

Es paradigmática la cercanía inicial de Nell con la otra mujer del grupo, Theodora, una joven voluble con la que parece entablar una amistad con pequeños visos de atracción hasta que se atisba un pequeño triángulo con Luke, el futuro heredero. Este magnífico ejercicio de caracterización se ve redondeado cuando entra en escena la esposa del responsable de su presencia en la mansión, el Doctor Montague. Contra lo que pudiera parecer, domina por completo a su marido y cambia la percepción que el lector podría tener hasta el momento. En este sentido son llamativas las alteraciones en el guión de la adaptación dirigida por Robert Wise. No sólo desaparece cualquier interpretación en las relaciones más allá de la camaradería (de hecho, toda la soterrada sexualidad del texto se elimina sin dejar rastro) sino que la mujer de Montague termina desempeñando un papel opuesto al de su original en la novela.

Otro aspecto donde Jackson muestra sus credenciales está en cómo conecta las cualidades arquitectónicas de la casa, los sucesos paranormales y la propia narración. Cuando levantó la edificación, Hugh Crain le dio un diseño peculiar: los ángulos entre las paredes no eran de 90º, los pasillos y escaleras no seguían patrones convencionales… La orientación en su interior no es trivial y desencadena una serie de efectos ópticos, acústicos, desequilibrios, que el lector puede experimentar en varios pasajes, especialmente cuando Nell asiste a visiones de diversa índole.

Tal y como ocurría en Siempre hemos vivido en el castillo o “La lotería“, vuelve a ser indicativa la soterrada hostilidad de los lugareños caracterizada por el paso de Nell por el pueblo y los cómicos guardianes de Hill House, el señor y la señora Dudley. Una pareja obsesionada por mantener su modo de vida, sus rutinas, usos y costumbres y para los cuales los recién llegados resultan un estorbo, cuando no una amenaza. Al final quizás son los que más claro tienen que el verdadero peligro se sustancia cuando a Hill House llega alguien ajeno. Un escenario a priori espléndido que, página a página, revela sus deformidades de la mano de unos visitantes cuyos dobleces, aristas y extravagancias resuenan al son de ese diapasón fantasmagórico que es la casa… y la novela.

La maldición de House Hill (Valdemar, col. Gótica nº72, 2008)
The Haunting of Hill House (1959)
Traducción: Óscar Palmer
Tapa dura. 256pp. 22,50 €
Ficha en la web de la editorial

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