13 Minutes, de Sarah Pinborough

13 MinutesPor su manera de acercarse a la literatura juvenil y tratar temas sensibles como la enfermedad y la muerte, sentía curiosidad por los otros libros escritos por Sarah Pinborough tras La casa de la muerte. Aprovechando una ofertilla conseguí su última novela, 13 Minutes. Una nueva historia juvenil, esta vez alejada de los pagos de la ciencia ficción, la fantasía o el terror, mucho más cercana al día a día de los adolescentes en su aprendizaje de extras de Al salir de clase, Compañeros y Física o Química. Aquellas series que daban tres vueltas y media a la aburrida vida de los institutos a base de introducir en sus argumentos carretadas de drama y exceso.

La veda de la anormalidad se inicia en 13 Minutes cuando Tasha, una joven popular de la muerte, es descubierta en un arroyo próximo a una ciudad en la Inglaterra profunda después de haber tenido el corazón parado. Este hecho milagroso se explica por las bajas temperaturas del invierno y la fortuna de cruzarse en el camino de un hombre paseando a su perro. Las causas que la han llevado hasta allí son el gran misterio detrás de la novela, pero ni mucho menos son el único acicate para azuzar la curiosidad.

Mientras una Tasha en el filo entre la vida y la muerte pasa sus primeras horas en el hospital, Pinborough expone las premisas de su historia. Becca, su mejor amiga de la infancia, la visita y, sin buscarlo, entra de nuevo en un mundo del que quedó apartada durante la pubertad cuando fue reemplazada por otras compañeras más próximas a la onda predominante en el instituto. Un abandono del cual Becca no ha salido perdiendo; mantiene una relación con Aideen, un chico mayor de edad al que Tasha dio calabazas.

En 13 Minutes no hay ni trampa ni cartón y ya desde sus primeros compases su corazón de culebrón adolescente queda al descubierto.

La vida en el instituto con sus grupillos y amistades traicionadas, el éxito y la popularidad en las comunidades jóvenes, las víctimas colaterales en los duelos de poder, los secretos siempre revelados en el momento más inoportuno, los prejuicios en las bases de las percepciones sociales… son la gasolina de 13 Minutes. No obstante, donde mejor se desenvuelve Pinborough es a la hora de retratar a unos adolescentes encerrados en unas burbujas de confort a prueba de bombas, y al mostrar unos padres fuera de la realidad bajo el shock de la xenogénesis que observan en sus casas, presas del recuerdo de unos niños que ya sólo existen en su recuerdo.

Sarah PinboroughAparte de su manejo de los recursos argumentales, Pinborough se muestra como una consumada manipuladora al estructurar su relato. Entre los fragmentos en tercera persona intercala conversaciones vía servicio de mensajería, entrevistas con psicólogos o la policía, alguna noticia de prensa… Este enfoque múltiple explota la curiosidad por las incógnitas, las diferentes hipótesis y los aspectos más morbosos desde una fugacidad y una superficialidad que fomentan una lectura compulsiva. Bajo su piel se adivina un reality literario donde el montaje sibilino libera la información y los conflictos con una cadencia cerebral, domeña la atención y alimenta la intriga con puño de hierro.

También, como en cualquier programa hipereditado, no es difícil observar las trampas destinadas a potenciar ciertos efectos y alterar la percepción del lector. Algo más que evidente después del giro central de la historia cuando, por ejemplo, se introduce a la secuencia de acontecimientos un nuevo foco, oculto hasta ese momento para no interferir en la recepción y mantener el flujo de unas sorpresas que bien podrían haber saltado antes. Este gusto por alejarse de un marco narrativo honesto, esta atracción por el efectismo gratuito, es lo que más me ha molestado de 13 Minutes. Quizás por el recuerdo de la pasmosa sencillez ajena a los trucos con la que funcionaba La casa de la muerte. Sin embargo el talento de Pinborough para el manejo de la curiosidad y las emociones, unido a cómo surgen en la historia algunos de los temas más espinosos del acoso escolar, convierten 13 Minutes en una gran lectura para el público entre los 14 y los 18 años. Ahora que Netflix la está adaptando al formato de película, alguna editorial se podría fijar en ella para ponerla en el mercado. Espero que orientada al público que mejor podrá disfrutarla.

13 Minutes, de Sarah Pinborough
Gollancz, 2016
412 pp. eBook. 5,49€

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