Todo esto ya ha pasado…

Libros, libros, librosUn día te da por fantasear, y piensas…

Piensas…

Piensas en montar una editorial dedicada a publicar ciencia ficción, fantasía y terror. Bien para traer a España cosas más o menos recientes, del palo de las recomendadas por Mariano Villarreal en esta lista, bien para traducir títulos más bien malditos, condenados al ostracismo porque el perfil de ventas de sus autores va parejo al tema de muchas de ellas; género deprimente, depresivo, pasado de moda, subversivo pero no en el sentido molón del término.

Sea cual fuere el material de partida, tienes una idea meridiana: la compra de los derechos será estrictamente legal. Con estos temas nadie va al juzgado, es algo demostrado. Pero conoces lo ocurrido con Pulp o Ícaro; en los tiempos de internet, los enteradillos y la competencia suspicaz, conseguir información y difundirla es tan sencillo como alto el peligro de la aventura. Ahora bien, mantenerte dentro de lo estrictamente legal implica poner en cuestión tu margen de beneficios y no facilita la competencia. Un riesgo que se puede mitigar. Existen nichos para ahorrar costes, especialmente… especialmente cuando hay traductores en juego.

Aquí se te presenta una disyuntiva: puedes ser legal, hacer contrato y pagar unos cientos de euros limpios por libro entregado, o, quizás, dar unos cuantos cientos más pero hacer el trabajito sin contrato.

¡Hmmmmm!

Esta segunda opción te tira más. Si suena la flauta con algún título en concreto te evitas pagar los malditos royalties. Los derechos de autor son para los escritores y el editor que arriesgó para traerlo a España. Cualquier rédito de nuevas ediciones, en tu sello o en una venta a otra editorial, es tuyo y de nadie más. Siempre queda abierta la posibilidad de que algún díscolo perroflauta rechace estas ventajosas condiciones o, incluso, quien haga de bala perdida con comentarios peyorativos en tweets aislados, su estado de facebook y un tumblr que sólo siguen sus colegas de gremio. Escupitajos en el mar. Hay docenas de recién licenciados deseando hacer sus primeras imaginarias en el mercado, labrarse un nombre, trabajar con títulos de su género favorito… ¡Frikis! La dignidad, las ganas de pagar el alquiler, tener SS, llegarán con el tiempo, pero cada año salen de las facultades de traducción e interpretación nuevos buscadores de oportunidades. A patadas. Todo esto si quieres alguien con el título porque sin él también abunda el capital humano. Gente barata pero excitada, suficiente para suplir cualquier deserción. Incluso puedes hacerles responsables de la corrección de sus libros (¡Corrección! LOL) y condicionar sus nuevas tarifas a los problemas que te creen sus trabajos en el futuro. No se quejarán mucho porque a) les das dinero b) nadie quiere ganarse fama de problemático.

Tema selección y promoción.

Para lo primero, los pros suelen contar con su grupo de colaboradores. Por un módico precio, te hacen unos completísimos informes de lectura. Da igual de dónde sacar los títulos: premios anglosajones varios, finalistas, conversaciones en redes sociales, reseñas de expertos… Los indicios sobran. Para lo segundo, muerto el papel, hoy se estila El Portal; que el nombre de la editorial sea bien visible o esté escondido en el aviso legal es lo de menos. La clave está en el contenido. Puedes tener a tus seleccionadores, tus expertos, tus colaboradores externos… escribiendo los textos (reseñas sobre tu material entre otras de la competencia, entrevistas, artículos divulgativos de cuatro o cinco párrafos, listas y listas y más listas) y mover el tema. De las redes sociales (twitter, página de facebook, diferentes webs de tus autores…) puede encargarse el CM. Hoy en día todo esto sale barato y da pátina de respetabilidad. Incluso puedes llegar a lograrlo de gratis, salvo los inevitables costes técnicos (el servidor, el mecánico a cargo…)

No obstante, eres más de matar dos pájaros de un tiro. Pasar de cualquier estructura y moverte tú mismo por las redes sociales o foros, mezclándote con tus lectores, escuchando sus opiniones, tomando nota de sus consejos, aceptando sugerencias, mostrándote humilde con los inevitables errores… ¡Siendo uno con ellos! Escuchando o, para qué negarlo, haciendo que escuchas. Si desearas montar una antología con los mejores relatos de un autor algún internauta voluntarioso podría hacerte la selección By The Fucking Face. Simulando empatía serás el hombre bueno de la edición. Conseguirás gran parte de la promoción sin invertir un electrón voltio. Incluso llegado el caso, esa legión de seguidores se dará de piñas por ti cuando algún indeseable te eche en cara cualquier tema. Las posibilidades son proporcionales a la longitud de tu rostro y tu capacidad de emprendimiento. Casi infinitas.

Pasando a otro asunto, si algunos títulos publicados dos o tres años atrás hubiera dejado de venderse, necesitaras espacio en los almacenes, una inyección de dinero para nuevos derechos… ¡salda! Pero no llames saldo a lo que, claramente, es una “oferta” (sic). Quizás tu colección sufra las consecuencias a largo plazo, pero también tendrá sus efectos para la competencia. ¿Por qué la peña va a gastarse veinte pavos en uno de sus libros cuando puede conseguir cinco de los tuyos por el mismo precio? Además, para entonces ya habrás logrado algunos títulos y autores con ventas suficientes como para no incluirlos en esas “ofertas” (sic). Agárrate a ellos mientras sondeas nuevas posibilidades a ver si te suena la flauta. Con lo que ahorras con los sectores más débiles de la cadena puedes permitirte ciertos lujos que otros ni siquiera se plantean.

¡Y se consideran a sí mismo editores! (LOL)

Queda por tratar el tema de los libros electrónicos. En España apenas interesan a tres docenas de geeks. Aquí no hace falta ningún tipo de papelito firmado. Ningún agente te va a meter mano por los treinta ejemplares que vas a vender mientras pagues en tiempo y forma los 800, 1000 que venderás en papel. Nadie prestará atención a que tengas ahí un par de cientos de títulos, produciendo unos mínimos ingresos por obra que, sumados mes a mes, quizás den para una pequeña soldada.

Y después de haber vivido cinco, diez, quince años, cuando hayas hecho caja, podado el árbol, esquilmado el caladero y se te empiecen a levantiscar los fieles por tercera o cuarta vez, prepárate una salida. Aprovecha algún pequeño altercado para dártelas de digno, hacer mutis por el foro y poner algún muñecote para que de la cara por ti; los contratos en prácticas se hicieron para eso. Reduce el ritmo de publicaciones y desmonta la editorial poco a poco, entre bambalinas. Tu depósito tenía una capacidad, déjalo fluir gota a gota hasta dejarlo seco. Echa la persiana siguiendo el mismo proceso que cientos, miles de empresas de nuestro país durante la última década. Y aguarda tu momento para volver a comenzar.

Porque todo esto, elucubraciones de una mente calenturienta, con demasiados kilómetros de rodaje y anegada de FIAWOL, ya ha pasado. Y, sin duda, volverá a pasar.

4 comentarios en “Todo esto ya ha pasado…

  1. hola, que foto tan guay, es una librería o una biblioteca particular?

    Otra cosa, mencionas bastante las redes sociales pero y los foros? no habría manera de revitalizar sedice?

    un saludo

    • Es una foto «sacada» de internet. Tiene pinta de ser una librería.

      Cuando escribí el borrador, los foros tenían más protagonismo. Pero como quiero montar mi editorial ahora, en la corrección quedaron en segundo plano. Pasa como con los blogs. Hace diez años podías encontrar discusiones superextensas con decenas de comentarios. Hoy los reyes del mambo son twitter, facebook y alguna otra red social que seguro se me escapa. Es donde se genera la expectación y donde hay que estar para que te vean.

  2. Me ha hecho mucha gracia este sentido homenaje a una de las editoriales más entrañables de la historia editorial patria. Si montas la editorial yo apostaría claramente por bautizarla «La Casquería».

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