The Phoenix and The Mirror, de Avram Davidson

The Phoenix And The MirrorDesde que leí las dos listas de libros de David Pringle hay un puñado de títulos no traducidos revoloteando por mi cabeza a la espera de confirmar si merecen o no estar ahí. Dentro de un hipotético Top-5 junto a The Complete Roderick de John Sladek, The Dancers at The End of Time de Michael Moorcock, The Dream Years de Lisa Goldstein y The Centauri Device de M. John Harrison estaba The Phoenix and The Mirror, de Avram Davidson. Con la evolución del mercado era del todo imposible verla traducida (como el resto), así que armado de paciencia y un buen diccionario he dado cuenta de esta, en palabras de Pringle, excéntrica obra maestra.

Ya desde sus primeras páginas, The Phoenix and The Mirror muestra su carácter. Sitúa al lector ante una fantasía en tiempos del Imperio Romano, pero no el más verosímil reconstruido a partir del trabajo de historiadores de los dos últimos siglos sino uno recreado a partir del ideal que de él se podía tener en los estertores de la Baja Edad Media; una hibridación entre el primer Imperio de Augusto, la memoria macerada tras mil años de descomposición de su recuerdo y la inevitable sublimación de su carácter legendario, mitológico, mágico. Una tarea abordada por Davidson desde los valores de una modernidad ahora mismo fuera de onda.

Su protagonista, Vergil (nuestro Virgilio) aparece tal y como se le veía en ciertos círculos en plena Edad Media: un mago iniciado en los misterios de la nigromancia, las artes oscuras y la alquimia. Cornelia, la esposa del rey de Carsus, necesita de un espejo mágico elaborado con los materiales más puros y fabricado mediante un procedimiento durante el cual no puede reflejar figura humana. Bajo estas condiciones, la primera persona que se sitúe ante él podrá observar dónde se encuentra una persona determinada. Cornelia desea utilizarlo para encontrar a su secuestrada hija, a la que pretende casar con el Emperador, huido de Roma con su amante en un affair que probablemente termine con su matrimonio. Vergil no está muy por la labor de colaborar, así que Cornelia le roba una parte de su alma, el acicate para embarcarse en la tarea.

El primer tercio de The Phoenix and The Mirror, enclavada en una ciudad de Nápoles fuera de toda lógica histórica, depara un auténtico festival de imaginación. Vergil se mueve por sus alcantarillas, sus palacios, sus calles, los bosques cercanos… mientras Davidson pone en juego su habilidad para las descripciones ayudándose de un lenguaje rico, colorista, ocurrente y deliciosamente culto, con un gusto exquisito por la precisión en los detalles. Por tanto, exigente con los menos versados en su lengua, en mi caso obligado a tirar del diccionario más de lo habitual. Este deslumbrante ejercicio de erudición se extiende más tarde al Este del Mediterráneo a donde Vergil debe viajar en busca de cobre en unos mares controlados por los piratas Hunos, y en el tramo final de la novela a un Sáhara mítico repleto de extrañas criaturas y rodeado de lugares de leyenda.

The Phoenix And The MirrorEste arte en la elaboración del escenario y cómo se transmite al lector se extiende a la recreación de la esencia cultural de esa Edad Antigua. Se habla de historias que mezclan Historia y leyenda caso del delirante recuerdo de una Guerra de Troya trasladada a Tiro con Alejandro jugando el papel de Menelao/Agamenón. O de la mencionada huida de Augusto a Avignon, a imagen y semejanza de los Papas del siglo XIV, todo hay que decirlo, por unos motivos más vulgares. O, durante la visita a la isla de Chipre, aparece un culto donde el sacrificio de un hijo obtiene de Zeus la recompensa de transformarse en un Licántropo. Un reconocido mago se ha transformado en un oso y es incapaz de revertir el cambio. Existe un culto perseguido que sigue a un tal Daniel Cristo. Hay referencias al zoroastrismo. Etcétera. Etcétera. Etcétera.

El libro está plagado de lugares donde detenerse y disfrutar de esta labor de orfebrería. La ausencia de peripecia se ve bien suplementada con esta ganancia… salvo cuando Davidson parece embriagarse en su escritura, abandona las riendas de la narración y se detiene más de la cuenta en sus descripciones. El caso más evidente, las 30 páginas antes del viaje final donde sacrifica el avance de la trama para relatar el proceso de fabricación del espejo. A ratos un placer, a ratos un pequeño tormento porque la historia demanda a gritos avanzar de una vez hacia el último acto. Un último acto que, cuando llega, termina haciéndose apresurado, muy satisfactorio pero exageradamente fugaz.

Veinte años después de esta novela, Davidson retomó a Vergil en una segunda novela, Vergil in Averno. Aunque no está tan bien considerada como The Phoenix And The Mirror, seguramente la termine leyendo. Frente a una fantasía actual con tintes medievales demasiado focalizada en la aventura, la conspiración y el manierismo, viene bien sumergirse en una historia sencilla escrita con virtuosismo y asentada sobre el poder de la descripción.

The Phoenix And The Mirror; or The Enigmatic Speculum, de Avram Davidson
Gollancz, 2013 (publicada originalmente en 1966)
228 pp. Bolsillo. £9,99

Un pensamiento en “The Phoenix and The Mirror, de Avram Davidson

  1. Lastima que ninguna de las cinco obras que mencionas esté traducida. Gracias por una reseña que me ha dejado con los dientes largooos…!!

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