Correr, de Jean Echenoz

Correr

Correr

No recuerdo el año olímpico (¿1992?) en que el segundo canal de Televisión Española programó un añejo documental que, en diversas entregas, relataba el auge de Paavo Nurmi, Abebe Bikila, Alberto Juantorena y otras glorias del atletismo. De todos ellos se me quedó grabado el nombre de Emil Zátopek, el único desportista capaz de ganar los cinco mil, los diez mil y la maratón en unas mismas olimpiadas. Un portento que dominó durante cerca de una década las carreras de fondo, acumulando récords como solo hacen los tiranos y que fascinó con su sencillez en los años más crudos de la guerra fría.

En este breve libro, Jean Echenoz hace un ejercicio de síntesis muy parecido a Relámpagos (posterior en el tiempo pero que he leído antes): en apenas centenar y medio de páginas desgrana los momentos clave de la biografía de Zátopek haciendo uso de unas elipsis brutales que prescinden de todo lo accesorio (años, nombres, referencias históricas explícitas…) para capturar la persona detrás del personaje. El enfoque es muy diferente ya que Zátopek carecía de la extravagante personalidad de Nikola Tesla; un héroe del proletariado hecho a sí mismo, vital, gris, convertido en icono de un sistema político que lo usaba a su capricho sin que él se rebelase.

Los mejores momentos de Correr vienen con la narración de las diversas competiciones en las que participó Zátopek y del inevitable contraste Este-Oeste. Su primer viaje para competir en Berlín donde irrumpió desde la más absoluta carencia de medios; esa manera que tenía de correr, tan extraña, con una técnica heterodoxa donde parecía enfrentarse exclusivamente consigo mismo; la narración de lo que suponía la vida al otro lado del telón de acero y el opresivo control al que estaba sometido;… Quizás el pasaje más representativo sea la visita por parte de un corresponsal extranjero encargado de escribir un artículo sobre su figura, frustrado con la cruel sutileza que sólo los regímenes totalitarios son capaces de lograr.

Aunque en este aspecto acongojan más las últimas 10 páginas, el necesario crepúsculo del héroe que define los últimos relieves. Ya de por si es terrible la manera en que se aplastó la primavera de Praga, como el resto de Correr narrada de una manera engañosamente sencilla, pero es todavía más espeluznante el terrible castigo de Zátopek por su participación en ella. Cómo sufrió sucesivos castigos que le llevaron de ser basurero por las calles de Praga a trabajar en una mina de uranio, con todo lo que ello supone.

La pena es que Correr no deja de ser una breve biografía novelada sin personajes, que establece su discurso sobre cómo se puede sobrevivir a una dictadura desde la soledad del corredor de fondo. Una simple sucesión de acontecimientos bien escrita pero, literariamente, una narración menor.

4 pensamientos en “Correr, de Jean Echenoz

  1. Pingback: Aburreovejas » Blog Archive » Relámpagos, de Jean Echenoz

  2. Tanto este como el de Tesla me apetece leerlos bastante. Ahora solo hay que encontrar eso tan difícil: tiempo.

  3. Buenas.

    También despiertan mi interés estas biografías “destiladas” de Echenoz.

    Por qué una narración es literariamente menor cuando ‘no hay personajes’ es algo que no acabo de entender. En literatura no todo son personajes, me atrevería a decir, y este libro en concreto parece que por lo menos tiene un personaje, ¿no?

    ¿Por qué los personajes hacen que una narración sea mayor?

    • Gracias por la puntualización, porque está cargada de razón. Eso sí, se me olvidó comentar alqo que ya escribí sobre Relámpagos y que se me olvidó dejar por escrito en esta pequeña impresión (que no llega a reseñilla). Hay momentos que más me parecía estar leyendo un contenido especial del Reader’s Digest dedicado a la figura de Zátopek que una novela en sí. Aunque Echenoz despoja el texto de muchos elementos que serían imprescindibles en una semblanza biográfica y usa figuras retóricas que son propias de la novela. Cosas de mis prejuicios.

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