Aniquilación, de Jeff Vandermeer

Aniquilación

Recuerdo que una reseña de Joan Carles Planells a la antología de Robert Bloch Escalofrrríos comenzaba con una frase del estilo: “Este libro debería titularse Bosteeezos”. Le he dado vueltas a cómo empezar este texto sobre Aniquilación con un chiste en la misma línea, a lo que el título de esta novela invita tanto como su contenido, pero temo que ninguna de mis ocurrencias estaría a la altura del maestro.

Me llama la atención lo poco que se ha escrito sobre lo que supone este libro. Porque es algo así como la respuesta desde el interior del género a bastantes tendencias imperantes. Porque, seamos claros: en un mercado editorial benévolo como nunca en la historia con los géneros fantásticos, George R.R. Martin es el único de la familia, de LOS NUESTROS, que ha pillado cacho de verdad. Que si Patrick Rothfuss, que si Suzanne Collins, que si Max Brooks; advenedizos a los que leen por todas partes gente que verdaderamente no entiende del asunto. Bueno, Sapkowski también es un poco de los nuestros, pero lo suyo sigue otro derrotero distinto.

El pedigrí de Jeff Vandermeer, que se lo lleva currando unos cuantos añitos, está en cambio fuera de toda duda: escribió en fanzines, está casado con la que fuera editora de Weird Tales, ha sido finalista de unos cuantos premios del género e incluso ha ganado alguno. Hasta ha enseñado en Clarion. Es, definitivamente, uno de los nuestros. Pero también es un tipo avispado. Así que ha construido un producto a medida para conseguir esos lectores de fuera, aprovechando además que tiene un pie muy bien puesto dentro. Como ha confirmado ganando el Nebula con esta novela.

El problema es que se le ve demasiado el plumero.

AniquilaciónAniquilación es el primer y más breve libro de una trilogía que se publicó con apenas margen de diferencia, y que había vendido sus derechos para adaptarse al cine meses antes de que llegara a los lectores. De hecho, salió publicado en español prácticamente de forma simultánea a su edición inglesa. Uno casi puede imaginarse la llamada del agente de turno a los grandes editores españoles: “Tengo LO PRÓXIMO. No te lo puedes perder. Lo estamos moviendo para que salga a toda pastilla en un montón de idiomas a la vez. Van a hacer película. No te lo puedes perder. Esto va a estar vendiendo-vendiendo-vendiendo durante años mientras van saliendo las tres, no, mejor cuatro películas, porque el último libro es muy gordo y habrá que partirlo. No te lo puedes perder. Además, ya está todo escrito, no hay que esperar que haga más partes ni hay riesgo de que se muera como el gordo de Martin. No te lo puedes perder para que caiga en manos de alguna editorial de pringaos como te perdiste Juego de Tronos y Los Juegos del Hambre, TE LO ESTOY AVISANDO”. Entonces, el director de colección de la editorial española hace una preguntita, un tanto tímidamente. “Pero… ¿están bien los libros?”. Y el agente le contestaría con seguridad: “Bueno, ¿es que tú te has podido terminar Eragon? ¿Es que a los que leen estas cosas les importa realmente? ¿ES QUE VA A RESULTAR QUE TÚ ENTIENDES DE GÉNERO AHORA?”.

Con suerte, el editor español echó un vistazo en diagonal rápidamente a esta primera novela antes de pasarlo a la traductora que, también a la carrera, tradujo un gran charco de agua como un estanco (!). De esta forma, lo que vio el editor en su ansia por no perderse LO PRÓXIMO debió ser lo que ahora enumeraré. Aquí debo referirme a la otra cosa, además de lo de Bosteeezos, que me venía continuamente a la cabeza leyendo Aniquilación: lo que incluye siempre el tipo de “Sinopsis de cine” en todos sus descacharrantes escritos. Así que a las siguientes afirmaciones sobre Aniquilación que enumeraré ahora, súmenle en cada caso al final la proposición: “que es lo que le da la calidad”.

Los libros se llaman Aniquilación, Autoridad y Aceptación; los capítulos de esta novela, Iniciación, Integración, Inmolación… (¡Todos juntos! “Que es lo que le da la calidad”). Los personajes no tienen nombre propio, para dar un misterioso aire de deshumanización, sino que se refieren unos a otros por su profesión: la topógrafa, la psicóloga… (“Que es…”). No hay casi diálogos y sí muchas descripciones repetitivas, y toneladas de introspección femenina del personaje narrador. Hay un faro, una pila de libros manuscritos y delfines. El aroma misterioso es levemente lovecraftiano. Etcétera.

Pero no, no hay calidad. Hay simulación de calidad; el equivalente literario a Jorge Valdano dando el pego en una tertulia futbolera por simple contraste con Tomás Roncero. Hay uso de herramientas convencionales que hacen que parezca que el relato va en serio. Pero el libro, al menos el primero (y no me esperen para los siguientes), no aporta nada, es un tostón vacío. Porque además no ocurre en él nada ni lejanamente interesante.

Conviene señalar que resulta más que evidente que su fuente de inspiración primaria es, obviamente, la serie de televisión Perdidos. Y, en consecuencia, no existe esperanza alguna de que los hechos más o menos misteriosos que se van produciendo (¡tan pequeñitos, tan poco interesantes!) puedan tener algún tipo de explicación.

Jeff VandermeerLa otra influencia evidente es la de una temática innominada dentro de la cf de la que ya hablé aquí en mi reseña de El laberinto de la Luna: historias en las que los protagonistas acceden a un territorio de donde lo más posible es no volver, y que ha sido creado por razones misteriosas o directamente por parte de extraterrestres incognoscibles. La referencia más evidente en el caso de Aniquilación es Picnic extraterrestre, de los hermanos Strugatski, que es la típica novela que a pesar de ser buenísima en Estados Unidos la han leído cuatro y se puede saquear sin que quede feo. Sospecho que La piel fría, de Albert Sánchez Piñol (que tuvo traducción anglosajona) puede ser otra de las inspiraciones de Vandermeer, aunque tal vez se trate sólo de coincidencias.

Recuperar temas no está mal per se: el problema es que todas las obras citadas son claramente mejores que Aniquilación, y sobre todo más divertidas. Vandermeer, en esencia, naufraga en un remedo del viejo adagio hollywoodiense “exceso de tragedia igual a comedia”. Aquí va una aportación creada en el seno de mi familia: “exceso de misterio igual a me importa una higa, pelmazo: cuéntame algo con chicha y deja de hacerte el interesante”.

Cuatro investigadoras de un organismo llamado Southern Reach (nombre conjunto de la trilogía) acceden a un territorio, el Área X, que no sabemos dónde está ni qué le pasa exactamente. Tampoco por qué surgió ni qué amenaza supone realmente, salvo que hay mucha fauna y, según aprenderemos, se expande, pero de a poquito. Son la duodécima expedición, aunque no está claro qué le ocurrió a las once anteriores. Esas cuatro personas no tienen nombre, sino que atienden a su profesión, con actividades tan útiles para una exploración en terreno deshabitado y hostil como la de antropóloga o lingüista (en una novela que no tuviera calidad, mandarían a explorar un sitio peligroso a la habitual caterva de militares y científicos, pero no es el caso). Son todas chicas, que al fin y al cabo es el grueso del público lector. Proceden de un entorno exterior que no sabemos si es futuro cercano o lejano, tal vez una realidad alternativa, otro planeta, o quizá producto de un viaje astral de alguien que vio demasiados episodios de Tito Yayo pero carece de imaginación. Van por ahí de campamento y se encuentran un túnel que la protagonista llama torre sin que se explique bien por qué, dado que por él se baja. La protagonista piensa en que pese a su matrimonio es una mujer solitaria e incomprendida, pero terriblemente inteligente, tal vez como tú, amiga lectora, que eres la que conviertes cosas de género no muy bien urdidas en bestsellers. Van muriendo, a alguna la mata una presencia que no se materializa.

Cuando termine el libro, estaremos exactamente igual que cuando empecemos, salvo por esas cinco, seis horas de nuestra vida que jamás volverán.

Habría una forma de salvar esto, evidentemente: que ocurrieran cosas archimolonas. Bueno, lo que viene a ser el sentido de la maravilla, ya saben, esa cualidad de la cf de toda la vida. En Pórtico, se accedía a mundos fascinantes o muertes terribles. En El laberinto de la Luna, el capricho parecía gobernar una construcción extraterrestre obsesiva. En Picnic extraterrestre, sospechamos que los objetos que fuerzan expediciones suicidas para que los stalkers se enriquezcan no son más que desechos de inteligencias más allá de nuestra comprensión. En Solaris… Sabremos que todo es posible en Solaris. En todas estas historias, por tanto, hay cosas mucho mayores que nuestra experiencia, inexplicadas pero con un fondo de posible motivación que no llegamos a captar, pero que nos subyuga.

AnnihilationEn cambio, detrás de Aniquilación, como detrás de Perdidos, no parece existir más que la nada. Para mi sorpresa, hasta el redactor de la Wikipedia en inglés manifiesta su disgusto con la última de las novelas, sin que nadie se haya molestado en corregirle. Con la diferencia en contra de esta trilogía que, como ya he dicho, los hechos en sí que se narran tampoco tienen mayor interés. Tenemos un sitio donde una entidad escribe una especie de letanías en la pared, y lo escrito está constituido por una suerte de seres vivos que infectan. Hay un montón de diarios acumulados que se pudren. ¿Parece poco? Pues es de lo que me acuerdo 48 horas después de leer la novela. El resto era aún menos interesante.

La maniobra en torno a Aniquilación no parece haber cuajado del todo en términos editoriales, ya que las ventas arrancaron bien, pero se han quedado muy por detrás de los ejemplos a los que pretendía emular pese a unas cuantas reseñas bastante desnortadas en los medios de comunicación generales, los mismos en los que nunca saldría una crítica de un buen libro de cf por no haber sido publicado por una editorial con influencia. Me sorprende más que haya colado dentro en parte del género, aunque si ya hablamos por aquí de los Hugo, a los Nebula hace aún más años que también hay que darles de comer aparte. Aunque quién sabe lo que pasará más tarde con la adaptación al cine, sobre la que admito mi curiosidad: puede ser la primera novela de género a la que en lugar de quitarle cosas para encajarla en formato y duración cinematográfica, haya que añadirle para ponerle algo de chicha.

Aniquilación, de Jeff Vandermeer (Destino, Col. Áncora y Delfín, 2014)
Annihilation (2014)
Trad. Isabel Margelí Bailo
238 pp. Rústica. 17,50€
Ficha en la Tercera Fundación

7 pensamientos en “Aniquilación, de Jeff Vandermeer

  1. Te veo un tanto negativo ultimamente. En cuanto a esta novela (que tengo en casa en la estanteria mirando para mi esperando que la lea) ha tenido buenas criticas en parte por esos rollos molones que indicas: los personajes no tienen nombre, el misterio no se explica y hay que intuirlo, el peligro acecha pero no se sabe como ni proque.

    A mi si te digo la verdad me recuerda enormemente a Darwinia, la novela de Charles Wilson que lei hace bastante y de la que solo recuerdo que en medio de Europa hay una zona “infectada” por vida ¿alienigena? ¿extradimensional? que se va extendiendo poco a poco. Novela que por lo que recuerdo no estaba mal del todo.

  2. Había leído críticas negativas sobre la novela que no me habían gustado nada, pero esta está bien argumentada y es graciosa, sobre todo el diálogo del editor que sospecho se debe acercar mucho a la realidad.

    Dicho esto, a mí la novela si me gustó en su momento. Seguramente porque soy muy vicioso de estas historias de exploración, de artefactos misteriosos o exoarqueología, llenas de misterios, a mí el hecho misterioso me fascina muchísimo, muy por encima de las explicaciones y me lo paso muy bien calentándome la cabeza. Supongo que es algo similar a lo que les ocurre a los aficionados a los relatos de detectives tipo “habitación cerrada” o “whodunnit”. Incluso estuve pergeñando una reseña positiva y en ella me encontré con alguno de los problemas que mencionas. Por ejemplo, que las investigadoras no tengan nombre. Aparentemente es una decisión gratuita que añade misterio de manera redundante, pero es que no le veo otra razón y no ayuda que Vandermeer dijera en entrevistas que estas decisiones las tomó porque “se le aparecieron en un sueño”. Tampoco el pasado de la protagonista aporta nada en especial. Que sean todas mujeres, bueno, se puede justificar porque Southern Reach quería probar como reaccionaba el Área X a una expedición completamente femenina.

    La novela me entretuvo mucho, me la zampé de una sentada, cosa rara en mí últimamente, estaba bien escrita (la leí en inglés), cosas como la exploración del túnel/torre tenían un ambiente y una tensión bastante conseguidas. También creo que se explican unas cuantas cosas, aunque de manera apresurada, al final SPOILER (el origen del Area X es de cariz extraterrestre) SPOILER. Pero es como un juego, un whodunnit de misterio y exploración, es cierto que resulta difícil encontrarle un subtexto sólido, de qué habla la novela en el fondo, algo que en mi frustrada reseña yo atribuía a que aún faltaban las dos últimas partes de la trilogía por publicar. En general la disfruté, pero entiendo tus objeciones, aunque habría que valorar la trilogía completa para opinar mejor. El problema es que la segunda novela, “Autoridad”, me pareció directamente aburridísima, una de las novelas más pelmas que han caído en mis manos y no quise seguir con la tercera por no agravar la cara de tonto que se me había quedado.

    Finalmente, el toque pedante y proselitista. En mi opinión, aparte de las novelas mencionadas en la reseña, la mayor influencia de “Aniquilación” es el relato largo “Al otro lado de la montaña” de Michel Bernanos (publicada en la antología “Mares tenebrosos” de Valdemar), influencia reconocida por el propio Vandermeer. Esta es una alucinante historia muy lovecraftiana también, de dos náufragos que descubren una isla exhuberante de vida (como el Área X), tan exhuberante que resulta terrorífica (el título original en francés sería algo así como “La montaña muerta de vida”). Es un relato de misterios sin respuesta pero que resulta completamente acojonante y agobiante, y claro, en ciento y pocas páginas el truco no cansa y funciona muy bien.

  3. En la obra maestra de Bernanos, un cuento que por sí solo valdría el precio de toda la antología (innecesariamente, porque hay más cuentos espectaculares en ella), la explicación es el infierno. Con esos referentes que estáis dando me veo obligado a leerla cuanto antes.

  4. Julián, no te tongoyices, por favor. El tono de chascarrillo echa por tierra el valor de tu crítica.

    A mí me pareció un libro fascinante, así que no puedo estar en más desacuerdo.
    De hecho tu reseña me ha animado a retomar la lectura de la segunda parte, Autoridad, que dejé por aburrido, y darle un empujón hasta el final a la trilogía. Mira lo que has conseguido. 😀

  5. A mí me pareció un libro muy interesante, sobre todo por la calidad de la prosa de Vandermeer y por cómo construye y usa un narrador no fiable (un recurso por el que siento debilidad). Creo que a ese nivel la novela funciona perfectamente. Es curioso que lo que en la reseña señalas como elementos de un “producto a medida” a mi me parecen riesgos narrativos —que no siempre tienen un resultado positivo—. Aunque cuando leí el primer libro también pensé que era un intento por parte de Vandermeer de ampliar su base lectora más allá de su público habitual, lo cierto es que después de leer el segundo —uno de los libros de ciencia ficcion más “ásperos” de los últimos tiempos por su insistencia en retratar, deliberadamente, el tedio— cambié de idea. Es probable que, literaria y psicológicamente, el segundo sea el más logrado de los tres… pero pide paciencia. El tercero, en cambio, es el más dispar, pero tiene una tercera parte (para mí) brillante y sabe cerrar los hilos que hacía falta cerrar dejando otros en el aire.

    En conjunto me parece una trilogía muy interesante, en la que la valoración global no se corresponde exactamente con la acumulación de las de cada libro porque son muy diferentes entre sí, y tengo la sensación de que siempre mantendrán una base de lectores que hará que no caigan en el olvido (si me pongo en plan Nostradamus).

    Lo de aburrido o no, claro, es enormemente subjetivo.

    Por lo demás, me parece una reseña estupenda aunque no coincida con ella en los puntos principales.

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