Luna de casino, de Peter Blauner

Luna de casinoAtlantic City siempre me ha parecido el primo poligonero de Las Vegas. Frente al glamour, el oropel, las actuaciones estrella o los combates del milenio, la ciudad de New Jersey apenas puede ofrecer cuarto y mitad de lo mismo, envuelto con toneladas de polipiel y martelé de colores estridentes. Atrae tu atención como lo hacen los mafiosos de las películas de Scorsese en una rueda de reconocimiento codo con codo con la estirpe de fantasía creada por Mario Puzo y Francis Ford Coppola para los Padrinos. Quizás por ese punto descastado me ha resultado tan seductor en el campo de la ficción.

Anthony Russo es el hijo adoptivo de uno de los mafiosillos del depauperado submundo de Atlantic City a comienzos de los 90. Sin demasiado éxito ha intentado mantenerse alejado de los asuntos de su padrastro, hombre de confianza de un capo venido a menos. Sin embargo no ha logrado sacar la cabeza con su pequeña empresa de construcción y, de manera irreversible, se ve empujado hacia sus negocios. Parece que pintan bastos hasta que se abre ante él una oportunidad: un antiguo campeón de boxeo quiere retornar a la primera línea y necesita un promotor para hacer valer sus intereses ante un futuro combate por el título. Es el negocio soñado para terminar de una vez con sus deudas y servidumbres. Convertirse en un ciudadano respetable.

En Luna de casino se marca el tránsito entre las viejas y las nuevas maneras de hacer dinero. La prostitución, el juego o el control de los sindicatos ya no pueden hacer sombra a las nuevas formas de negocio ante las cuales los hampones de antaño se muestran como fósiles intentando mantener un modo de vida eones por detrás de los “emprendedores” integrados en el ecosistema político y de los grandes negocios. Se puede hacer más dinero en una noche de combate que en un año a través de la protección de locales.

Peter Blauner alterna capítulos con dos perspectivas diferentes. En la mitad nos introduce en el punto de vista de Tony Russo. A través de su relato en primera persona desgrana la conflictiva convivencia con su mujer, sobrina del capo con el cual no desea ninguna relación; su relación con su padrastro, quien desea verle dentro de la familia aun cuando su posición jamás podrá ser alta porque su padre no era italiano; su incapacidad para sacar adelante su empresa… Todo un tanto previsible hasta que comienzan a torcérsele los planes y se revela como una rata cobarde capaz de vender a su madre por una bolsa de pistachos a cambio de no ver naufragar su último barco. La integridad no es para cobardes.

El resto de capítulos nos desplazan por el resto de personajes a través de un narrador omnisciente. Algunos son más atractivos, caso de Vincent Russo, el padrastro con sentimientos de culpabilidad después de lo que ocurrió con el padre de Tony. Otros resultan más corrientillos (el polizonte Peter Farley, el “músculo” de la mafia…). Aquí es necesario hacer un alto para destacar a Rosemary, la madre coraje que tiene una aventura con Tony; una stripper que no sólo ve en él la oportunidad de salir del pozo y se deja llevar por sus sentimientos… hasta estrellarse cuando su amante revela el material del cual está hecho. En su determinación y pragmatismo quizás sea el personaje mejor trabado de todos los que pululan por el libro.

Sin avasallar, Luna de casino es una buena novela criminal. Una grata lectura que, como el resto de la narrativa publicada por Es Pop, parece no haber llegado al número de lectores necesario para mantenerse en el mercado. Llevo meses lamentándolo profundamente.

Luna de casino (Es Pop, col. Pulpo Negro, 2012)
Casino Moon (1994)
Traducción: Óscar Palmer Yañez
Rústica. 400pp. 21,95 €
Ficha en la web de la editorial

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