ORA:CLE, de Kevin O’Donnell

ORA:CLEEs muy curioso cómo ciertos libros adquieren más prestigio en uno u otro país. Por dar otro ejemplo cercano, antes de entrar en materia con éste, citaré el caso bien conocido de Muerte de la luz, la primera novela de George R. R. Martin. Recuerdo que hubo un tiempo turbulento del fandom en el que Juanmi Aguilera, siempre en su papel de mediador, preguntaba al personal que circulaba por las hispacones cuáles eran sus cinco novelas favoritas. A quemarropa, sin pensar. Y junto a ciertas sospechosas habituales fáciles de imaginar, aunque también muy características de la visión española de la cf (Las estrellas mi destino, Pórtico, Dune…), aparecía con relativa frecuencia Muerte de la luz. Entonces Martin no era, ni de lejos, el escritor superventas de hoy; sólo un buen autor al que se solía colocar a la altura de John Varley, porque ambos se dieron a conocer por aquí casi simultáneamente. Pero Muerte de la luz estaba ahí, había dejado su sello.

El caso de ORA:CLE, a menor escala, es similar. Kevin O’Donnell es muy modestamente famoso en Estados Unidos por su labor interna en la gestión de la Asociación Mundial de Escritores de CF. Ninguna de sus obras está en catálogo en la actualidad en ningún país del mundo. El único premio conocido que ganó fue una cosa llamada Prix Litteraire Mannesmann Tally precisamente con este libro; si se googlea, lo que se encuentra a primera vista de ese premio francés para obras relacionadas con la informática es que lo ganó ORA:CLE, nada más. Fallecido relativamente joven en 2012, después de 14 años sin publicar nada, O’Donnell es uno más de esos nombres oscuros que sacaron unas decenas de relatos en revistas y algunas novelas en bolsillo. Pero cuando en 2002 un grupo de críticos españoles hicimos un listado con las 100 mejores novelas de cf publicadas en castellano, ORA:CLE estaba ahí, sin mayores discusiones. Publicada quince años antes y nunca reeditada, fue de las novelas que pasaron el corte de inmediato.

Era tentador volver a ella, en particular después de que Gigamesh reeditara El jinete de la onda del shock, de John Brunner. Y mi sorpresa ha sido mayúscula; funciona. La novela retiene las cualidades que yo recordaba de más de 25 años atrás: es divertida, es original, conserva un estrafalario aire de coherencia pese a lo chiflado de algunos de sus planteamientos. No sólo merece ser releída, sino reeditada; el futuro que retrata para el 2180 en realidad ahora se podría considerar como vagamente posible para el 2050.

En términos de estructura y escenario, ORA:CLE es uno de los grandes éxitos de la literatura de cf de todos los tiempos. Sin más. Es una novela de 450 páginas que ocurre íntegramente en el apartamento de un fulano anodino, Ael Elochenta, un experto en historia china del siglo XX y jardinero aficionado. Entre esas cuatro paredes se decide el destino de la humanidad. Convertir unas premisas semejantes en amenas y capaces de sostenerse por sí mismas en la lógica interna del relato (lo de verosímiles igual lo dejamos para otro día) es un logro notable.

Quizá la razón por la que ORA:CLE no ha tenido un mayor reconocimiento, pese a sus obvias virtudes, está precisamente en que las restricciones que O’Donnell se impone son tan estrechas que, de manera inevitable, afectan al tono. Es decir, que hay muchas ocasiones en las que el autor sólo puede salvar el ritmo y el desarrollo del relato, dentro de un escenario tan reducido, introduciendo un aroma de comedia. En muchos momentos de la relectura me vino a la cabeza el magistral cuento de R. A. Lafferty “Lenta noche de martes”: una breve pincelada del futuro, de apenas una docena de páginas, en las que el nuevo ritmo de la tecnología, los medios y la economía llevan a que en apenas horas se creen y derrumben famas, fortunas, imperios. Pero el cuento de Lafferty es una sátira desaforada que sólo debe suspender la credulidad del lector durante unas páginas; O’Donnell se enfrenta a un reto mucho mayor, y aunque por lo general sale con bien, no faltan los instantes en que uno da por bueno lo leído tan sólo porque la experiencia en su conjunto ha valido la pena.

ORA:CLEAsí que tal vez sea esa la razón por la que la novela no ha funcionado mejor en el fandom estadounidense; entre los lectores generales, ORA:CLE lo tenía difícil por su uso de bastantes convenciones del género, de las muy de género, de las que echan para atrás. Hablando en plata, hay una invasión extraterrestre, de la que sabemos desde casi la primera página. Cualquier lector mínimamente atento se da cuenta de que, dado que el grueso de los hechos de la novela van por otro lado, el tema de los extraterrestres cobrará importancia en el desenlace, porque el autor no puede haberlos puesto ahí de forma gratuita. Con lo que el balance de la novela no puede ser para un lector sin tolerancia a los convencionalismos del género el mismo que con una Neuromante, pongamos por caso.

Como ya podía deducirse de mi comentario acerca de la novela de Brunner, ORA:CLE también anticipa desarrollos de la informática que hoy son comunes, pero situándolos dos siglos en el futuro. De hecho, en ella viviremos una revolución convocada a través de una especie de red social, algo publicado por O’Donnell veinte años antes del nacimiento de Facebook y treinta antes de la constitución de Podemos. Y esa revolución quedará minada por el sistema desde dentro, algo publicado por O’Donnell treinta y un años antes de que Ciudadanos sacara nueve escaños en las elecciones andaluzas. Aunque, a la postre, habrá justificaciones para los bandazos como parte de un plan mayor, algo desaforado, pero con su dosis épica propia del género.

La novela tiene su otra fortaleza en el ritmo de los diálogos, ingeniosos, rápidos. Los personajes quedan definidos por sus palabras; es curioso que no haya prácticamente ninguna descripción física de alguno de ellos, ni siquiera cuando está implicado el sexo. Incluso hay numerosas páginas que reproducen diálogos online, con distintas voces incorpóreas interviniendo sin el pautado del narrador, que O’Donnell consigue que no resulten confusas.

Esos diálogos acelerados respaldan una trama a la misma velocidad, en la que un hecho se convierte en noticia que se transmite por las redes incluso antes de producirse. La presencia de esas noticias para separar capítulos, que al principio parece un remedo algo menos ingenioso de lo que se encontraba en el Todos sobre Zanzíbar de Brunner, se descubre de manera progresiva como parte integrante de la narración. Y la lectura de unas cuantas de ellas produce al lector de cf curtido ese cosquilleo de ah, ya lo veíamos venir, tan inútil como gustosillo.

¿Será recuperable en algún momento ORA:CLE? Como en otras reseñas que he hecho en los últimos tiempos sobre clasiquillos olvidados, el veredicto sólo puede ser adverso. Escribo por gusto, no porque casi nadie pueda acceder a esta novela, no porque realmente este texto pueda ser útil. Esperemos que algún día los print on demands, ediciones electrónicas y demás alcancen una viabilidad suficiente para recuperar un título tan curioso como éste. Por cierto, la traducción de Domingo Santos, como casi siempre en las faenas del veterano maestro; en castellano correcto, legible, por encima de lo que se estilaba en la época, pero con decisiones puntuales al vertir del inglés que se podrían mejorar.

ORA:CLE, de Kevin O’Donnell (Ultramar, Grandes Éxitos Bolsillo nº119, 1987)
ORA:CLE (1984)
Trad. Domingo Santos
456 pp. Tapa Blanda.
Ficha en La tercera fundación

Un pensamiento en “ORA:CLE, de Kevin O’Donnell

  1. Igualmente la leí hace un montón de años y no la he recuperado, no sé si aguantaría una segunda lectura. Recuerdo que me pareció entretenida y divertida, una curiosa obra de teatro de cf o una screwball comedy de un tío solo. O´Donnell era un narrador muy habilidoso y algo tramposete, como dices en la reseña, con muy pocos elementos era capaz de que no te dieses cuenta de que lo que estaba contando no era para tanto y que casi ni se sostenía. Otro recurso que usaba mucho era el cliffhanger, si no recuerdo mal casi todos los episodios acababan en cliffhanger, que es una herramienta muy útil de folletín de toda la vida para enganchar, que el lector se asombre, no piense demasiado y pase las páginas lo más rápido posible.

    Pero vamos, tengo buen recuerdo de Oracle y a todo el que se la presté me la devolvió encantado. No es para perder los pedales, pero si se tropieza con ella, merece la pena adquirirla y leerla, al menos pasas un buen rato, que tal como está el patio, ya es bastante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *