Fiasco, de Stanislaw Lem

Fiasco

Fiasco

El piloto Parvis aterriza a duras penas en la minúscula base del cráter Roembden de Titán para acabar enterándose de que ha sido obligado a desviarse hasta allí por error, puesto que su cargamento iba destinado a Grial, la otra base del satélite de Saturno. Debido a la deficiente planificación y peor gestión de ambas instalaciones, Parvis, en una acción que aúna el heroísmo un poco inconsciente con la resignación del currito que se ha de comer un complicado marrón laboral, se decide a recorrer la distancia que separa Roembden de Grial con un Digla, un enorme exoesqueleto que recuerda a los megarrobotazos japoneses. Así, Parvis emprende una aventura peligrosa; en ese camino ya han desaparecido seis hombres, incluido el famoso piloto Pirx.

Después de este primer capítulo a modo de prólogo, la acción se traslada un par de siglos en el futuro. Ahora nos encontramos en la nave Eurídice, donde los médicos de abordo se enfrentan al dilema de resucitar únicamente a uno de los dos cuerpos congelados y anónimos que, por una negligencia administrativa, han sido cargados en la nave por las autoridades de Titán. Una vez resuelta la decisión, la Eurídice emprende el camino hacia el planeta Quinta del sistema Zeta Harpyiae, con la misión de establecer contacto con una civilización a punto de superar la “ventana de contacto” (es decir, que comparte un nivel tecnológico semejante a la Tierra; todavía no ha llegado a los más altos niveles de evolución galáctica ni se ha autodestruido). Una vez allí, la Eurídice, cómodamente instalada en los remansos sin tiempo de un agujero negro cercano, envía a Quinta la nave de exploración Hermes que incluye a nuestro conocido resucitado de Titán, rebautizado, amnésico y un poco alienado respecto al resto de la tripulación. Todo está calculado al milímetro por los científicos de la Tierra y el Hermes dispone de una tecnología aparentemente capaz de hacerlo todo, nada puede fallar. Pero ya desde el principio los quintanos desafían todo comportamiento previsto, impermeables a los intentos de contacto de los humanos que, cada vez más desquiciados, acaban enredándose en una peligrosa espiral de consecuencias imprevisibles.

A primera vista Fiasco asemeja un Solaris para dummies. Ambas novelas comparten temas muy similares (básicamente la imposibilidad de contactar y entenderse con entidades realmente alienígenas), pero son de ejecución muy dispar. Donde Solaris evitaba la acción convirtiéndose en un sutil y angustioso psicodrama de tres personajes y un océano sentiente, Fiasco es una novela de acción en la línea de El Invencible (la otra novela, junto con Edén, del “ciclo del primer contacto”) en la que “pasan muchas cosas”, cosas espectaculares que no tendrían nada que envidiar a todo un Banks, pero también muy negras, crueles y desesperanzadas. Una obra cuyo rigor científico en eso que llamamos “plausibilidad” haría las delicias de cualquier fanático de la ciencia ficción hard más cuadriculado para acabar matándolo de un disgusto. Porque bajo esa apariencia de accesibilidad, de ciencia ficción más al uso, a veces rozando la exageración y hasta el melodramatismo, Fiasco me parece más peligrosa, contundente y tóxica que Solaris. Fiasco es un caramelo envenenado, el puñetazo escondido en la caja de regalo, una entretenidísima novela de aventuras espaciales de primer contacto que va dejando bombas de tiempo en las neuronas del lector, que van detonando lentamente según vas leyendo, destruyendo tus puntos de apoyo uno a uno, sin que apenas te des cuenta, hasta que te encuentras suspendido en el vacío. La certeza del abismo de un pesimismo infinito abriéndose ante ti. Un análisis sin concesiones de la arrogancia de la especie humana ejecutado con un estilo preciso y nítido como un láser, que desolla capas y capas de mentiras y autoengaños hasta dejarnos ante la cruda verdad desnuda. Una narración además riquísima, plagada de ideas donde se integran disgresiones casi tecnolisérgicas con especulaciones filosóficas sobre la lógica absurda de la carrera de armamentos, la naturaleza de las máquinas inteligentes, los agujeros negros, el desarrollo de la tecnología, el fin del conocimiento…, sin dejar de lado el más puro sentido de la maravilla (dejan sin aliento las descripciones del viaje en Digla por Titán, el anillo de hielo del planeta Quinta o su desolada superficie).

Fiasco es la historia no de uno, sino de varios fracasos. En primer lugar y más evidente, la misión de contacto con los quintanos como símbolo del fracaso del hombre que, enfrentado a lo realmente alienígena, no puede escapar de las limitaciones de su cerebro de mono ante un universo hostil, incomprensible o simplemente indiferente, presa de un antropocentrismo que proyecta en los otros como un infernal juego de espejos. Es la frustración de la especie humana, arrogante hasta el extremo que, confiada en una ciencia y tecnología que asume infalibles puesto que le han permitido ejercer un poder casi ilimitado sobre las leyes básicas del cosmos, alberga la absurda pretensión de comprenderlo todo con sus inacabables teorías, teorías para explicar otras teorías, teorías que refutan las teorías anteriores y así hasta el infinito y más allá. Y cuando lo absolutamente ajeno no responde a esas teorías ni se doblega ante su voluntad, lo único que el hombre es capaz de ofrecer es el muy conocido principio de la Estupidez Humana Ilimitada, la clásica reacción en cadena de incomunicación-incomprensión-miedo-agresión llevada hasta límites ridículos y, finalmente, trágicos (le recorre a uno cierto estremecimiento pensando en el paralelismo de lo planteado en la novela con situaciones de contacto dadas entre civilizaciones de distinto nivel tecnológico en la sangrienta historia de la humanidad).

Fiasco es también la constatación del fracaso de la tecnología y la ciencia como herramientas para comprender el universo. Una ciencia y una tecnología que acaban por convertirse en un fin en sí mismas, independientemente de la cultura, la ideología, la moral o el orden social en el que surjan. “La aritmética no sirve para medir la ética” afirma en un pasaje de la novela el padre Arago, único personaje partidario de retirarse de Quinta y capaz de resistirse a la espiral de mentiras, subterfugios y métodos brutales empleados por la tripulación del Hermes para llevar a cabo su misión. Incluso los actos heroicos del protagonista que abren y cierran la novela en un bucle elegantísimo que resuena en la memoria mucho tiempo después de haberla terminado, se revelan como absurdos enfrentados a la fuerza incomprensible, superior, implacable, de la naturaleza como creadora y destructora.

Pero las malas noticias no acaban ahí. Porque leyendo Fiasco, uno no puede evitar la sensación de asistir a otro fracaso más, el fracaso de la ciencia ficción. Irónicamente, Lem, sin alejarse ni un milímetro de la parafernalia habitual del género y la plausibilidad más genuinamente hard, deja al doloroso descubierto la arrogancia casi infantil de “la literatura del siglo XX” en su ingenua pretensión de llegar a comprender el diseño último del universo, de imaginar futuros y seres alienígenas que han de ser incomprensibles para nosotros por definición, por esa misma limitación de nuestro cerebro y nuestro lenguaje. Un género que recrea una realidad donde el iluso optimismo tecnológico hace posible que naves relucientes partan a la conquista de mundos alienígenas y donde las acciones heroicas son capaces de doblegar las fuerzas del cosmos a su voluntad. Incapaz, en suma, de asumir sus límites, revolcándose fatua en sus mínimos logros y ciega ante sus enormes fracasos, desperdiciando su enorme potencial. Así reflexiona Parvis en cierto momento de la novela mientras da los primeros pasos con su Digla atravesando los hermosos paisajes de Titán:

le dieron risa los tremendos esfuerzos que hacían los artistas de la Tierra por superar los límites de la imaginación humana (…); se rió de cómo los pobres diablos se daban contra las paredes de su mente, y de lo poco que en realidad se apartaban de los tópicos, aunque se esforzaban al máximo por conseguirlo, mientras que aquí, en una sola hectárea, había más orgullosa originalidad que en cien de sus angustiadas y ansiosas muestras artísticas (pp. 39).

Fiasco, publicada en 1986, fue la última novela de ciencia ficción que escribió Stanislaw Lem, que, a partir de entonces, abandonó el género.

6 pensamientos en “Fiasco, de Stanislaw Lem

  1. Pingback: Aniara, de Harry Martinson | C

  2. Acabo de descubrir tu blog, y quedé facinado por las reseñas que escribes. Casi he leído todos los libros de Lem y me desespera no poder encontrar nuevas fuentes que sacíen mi pésimista lector interno. Mi pregunta es, ¿Existe algún otro autor con un existencialismo como el de Lem?, he leído a los hermanos Strugatsky con su “Picnic al lado del camino (?)” y aunque similar, no siento esa sensación que otorgan los libros de Lem.

  3. Hola Álex. Muchas gracias por los elogios pero me gustaría aclarar una cosilla, no es mi blog, aquí quien más se lo curra es Nacho Illarregui y además hay un montón de colaboradores que escriben bastante mejor que yo. Yo me limito a subir mis chorradas de vez en cuando.

    Bueno, libros tan existenciales como “Fiasco” van a ser difíciles de encontrar, a mí me parece el libro de cf más negro que he leído jamás. De los Strugatsky puedes probar con “Qué difícil es ser dios”, la novela no la he leído, pero la reciente película rusa de Aleksei German que se basa en el libro, es absolutamente brutal y deprimente, te la recomiendo.

    Así a bote pronto poca cf existencial se me ocurre, podríamos añadir “Aniara” del sueco Harry Martinson, un poema de cf en prosa que encajaría en lo que buscas. O “Visión ciega” (Blindsight) de Peter Watts, que es una de mis novelas favoritas de cf de los últimos años. No es exactamente una novela existencial pero su tesis central es realmente inquietante, básicamente te dice; “no eres más que un puto mono cuyo tesoro más preciado, la consciencia del yo, no es más que una anomalía en el universo que, encima, no sirve para nada”. Dicen que la última de Kim Stanley Robinson, “Aurora”, va en la línea de pensamiento de Lem, es decir, el ser humano es estúpido, la ciencia nunca llegará a explicar los misterios del Universo y vamos a morir todos muy pronto, pero tampoco la he leído, le cogí manía a Robinson con “Marte Rojo”.

    No se me ocurren más de momento, aunque seguro que hay un montón, a ver si alguien nos puede sugerir alguno más.

  4. El libro de ciencia-ficción más existencialista que yo he leído es “El hombre en el castillo”. Casi todas las obras más famosas de Dick exploran temas existencialistas.

    Vonnegut, inclasificable como es, supongo que podría encajar también.

    Ahora que me parece que están a años luz de distancia de los máximos exponentes del existencialismo general como Dovstoievski, Kafka, Camus y Sartre.

  5. Hola Alex, Probablemente conoces a Philip K Dick, pero si no, lee: Do Androids Dream of Electric Sheep? (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? – mucho mejor que la película en mi opinión), y de Kurt Vonnegut que más me gustan son Player’s Piano (1952) y Las sirenas de Titán (1959).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *