The Peripheral, de William Gibson

The PeripheralComo todo lector de bien, cuando supe que The Peripheral, la última novela de William Gibson, estaría ambientada en el FUTURO se me subió el hype por las nubes, babeando como un perro de Pavlov ante la palabrita mágica de marras. Resultaba además una decisión intrigante, si Gibson había abandonado la ciencia ficción en Mundo espejo porque ya resultaba innecesaria para analizar un mundo que ya parecía de cf, ¿qué le empujaba a especular sobre el futuro de nuevo? Pero sobre todo, lo que más me intrigaba era si Gibson recuperaría algo del crédito perdido con las dos últimas novelas del ciclo de Blue Ant. Confieso que, como persona que aún no se ha repuesto de la lectura de Neuromante hace ya más de veinticinco años, deseaba que así fuera. Lamentablemente, Gibson ha regresado al género con sus defectos y virtudes fuertemente acentuados y los últimos no han podido hacer que olvidara los primeros.

Bueno, no nos adelantemos. The Peripheral se estructura en dos lineas narrativas. En primer lugar, el Flynneverso, que discurre en el inmediato futuro, a unos diez años vista, en los que los EE.UU han acabado por convertirse definitivamente en un paraíso liberal, todos los servicios públicos se han privatizado y la economía de ciudades de tamaño medio se basa fundamentalmente en vivir a sueldo del cacique local que elabora y distribuye todo tipo de drogas. El lumpen (la gente normal) se busca la vida como puede, fabricando y modificando dispositivos electrónicos con impresoras 3D o, como ocurre con la protagonista, Flynne, sacándose unas perras con los videojuegos on-line, al estilo de los goldfarmers chinos. En resumen, que mientras los Estados Unidos llevaban la democracia a todos esos países de salvajes con turbante a cambio de unos contratos de reconstrucción o unos oleoductos, en casa han acabado por convertirse en Colombia o México del Norte. Una vieja ansiedad que forma parte del canon temático cyberpunk norteamericano desde sus inicios.

La segunda línea narrativa, el Nethertonverso, esta ya sí, transcurre cien años en el futuro. Tras una difusa y múltiple catástrofe global conocida como el jackpot, que ha barrido al ochenta por ciento de la población mundial y a todas las naciones soberanas exceptuando EE.UU y Nueva Zelanda, el mundo que importa, Occidente, ha quedado en manos una camarilla de antiguos mafiosos, hoy respetables industriales y oligarcas rusos (si hay algo que define al oligarca es que siempre es ruso, nunca occidental). Oligarcas que, aliados con la élite corporativa, política y aristocrática europea y mundial, manejan con guante de seda en mano de hierro el cotarro; una cleptocracia que mangonea, recalifica y reconstruye lo que queda del planeta mediante la nanotecnología. Un estado de las cosas aceptado con resignación por una población traumatizada. No es para menos, supera el apocalipsis y unas purgas que harían sonrojar a Stalin para acabar en un esplendoroso futuro que recuerda poderosamente a la realidad político-económica española pre y post-burbuja.

La acción del Nethertonverso transcurre en su mayor parte en Londres, un Londres vacío, resplandeciente y fantasmal (excepto los clubes y las fiestas pijas, que están llenas de peña), de torres nuevas de piel brillante y avenidas selváticas, donde seguiremos las peripecias de Wilf Netherton, un publicista que, después de una sonora cagada laboral, acabará envuelto en los tejemanejes de un joven cachorro de la oligarquía rusa que tiene un hobby peculiar; manipular el pasado. Sí, en ese futuro se puede viajar en el tiempo, mejor dicho, viajar mediante telepresencia gracias a los peripherals del título (ya sean sofisticados muñecos de carne o tablets adheridos a toscos Segway de dos ruedas), puesto que es posible enviar información en ambas direcciones, del futuro al pasado y viceversa, por medio de un misterioso servidor chino del que no se dan más explicaciones. Descubrimiento que ha generado un mundillo de aficionados con sus foros, sus blogs y sus cosas, dedicados a enredar con las líneas temporales sin control alguno, porque cacharreando con el pasado no te arriesgas a cargarte el futuro, sino que cuando entras en contacto con el pasado, se genera una línea temporal alternativa, o stub, y así, a la vez que te libras de las molestas paradojas temporales, puedes aplicar tu inventiva más retorcida con esos ignorantes paletos de hace cien años. O manipularlos de mil formas de las que ellos ni siquiera serán conscientes, para lograr objetivos que jamás podrían imaginar.

Por supuesto, ambas líneas narrativas se entrecruzan cuando Burton, el hermano de Flynne, le pide a ésta que le sustituya en un extraño videojuego en el que deberá manejar virtualmente un dron de seguridad. Un trabajo aparentemente fácil, que por supuesto no es lo que parece y que se complica cuando ella acaba por ser testigo on-line de un asesinato en lo que resulta ser el Nethertonverso. Acontecimiento que pondrá en marcha la complicada trama que se extenderá durante casi quinientas páginas de nada.

Paradójicamente, el arranque de The Peripheral es, a la vez, uno de los más duros y más satisfactorios que le he leído a Gibson. Como viene demostrando desde “Fragmentos de una rosa holográfica”, su capacidad para crear el efecto de extrañamiento es excepcional. Gibson es muy hábil manejando la inmersión, empleando para ello una técnica que básicamente consiste en escamotear una visión global al lector, centrándose en ofrecernos visiones fragmentadas y extraordinariamente detalladas de cómo experimentan los personajes la realidad del futuro. Los lectores alucinamos vívidamente en un entorno extraño y fascinante, recopilando datos dispersos de aquí y de allá; un diálogo aparentemente inteligible que cobrará sentido unas páginas más adelante, la descripción minuciosa de un artefacto cotidiano que parece diseñado por una computadora alienígena o un paisaje urbano de cuento de hadas cibernético. Elementos con los que los lectores nos vamos elaborando un mapa, una idea, más lírica que realista, del mundo fabulado por Gibson, como si se tratase de una caja de Cornell literaria que generara una poética poderosa y evocadora, aquella poética que deslumbraba en las historias del Sprawl. La consumada habilidad de Gibson, su dominio del oficio, sumado a que novela se vertebra en capítulos muy breves, hacen que la historia resulte intrigante, que avance a buen ritmo y que todo parezca tremendamente interesante, quizá más de lo que en realidad es.

El tema que da peso a The Peripheral es el thirdwolding, palabro que podría traducirse como “tercermundización”, la compleja relación de explotación y manipulación que se produce cuando la riqueza no está distribuida equitativamente entre naciones o entre clases sociales, una cuestión ya explorada en varias obras cyberpunk. Gibson reconoce la influencia directa del relato “Mozart con gafas de espejo”, la divertidísima sátira de Bruce Sterling y Lewis Shiner que aparecía en la antología Mirrorshades, una historia en la que las corporaciones del futuro saquean sin escrúpulos los recursos del pasado. También podríamos añadir Islas en la red, de Bruce Sterling que se zambulle de lleno en el tema, o la serie de Dryco de Jack Womack, cuya primera novela, Ambiente, vendría a ser como Taxi Driver ambientado en Mogadiscio. Serie esta de Dryco en la que Womack ya juega con las ideas del jackpot (el “Año Duende”, una catástrofe económico social que acontece únicamente en los EE.UU), la dictadura corporativa, los viajes al pasado y las líneas temporales alternativas. Incluso el propio Gibson ya se había acercado a este tema en Conde Cero por ejemplo, una de cuyas líneas argumentales resulta muy similar a The Peripheral. En Conde Cero, prósperos hackers jamaicanos viven “arriba”, en los últimos pisos de los Proyectos y mangonean a los pringados sin futuro del suburbio miserable de Barrytown allá abajo, probando con ellos software experimental, como si de multinacionales farmacéuticas en África se tratase. En el caso de The Peripheral, el Nethertonverso interviene sin demasiadas contemplaciones en el Flynneverso, con el pretexto de evitar que el jackpot tenga lugar, modificando y manipulando estructuras económicas y políticas sin miramientos, tal y como actúa ese primer mundo que vive ya en un Futuro de ciencia ficción cuando interviene a su antojo para salvar el bien y la democracia en un tercer mundo cuyo retraso tecnológico lo convierte en Pasado (“el futuro ya está aquí pero desigualmente distribuido” decía Gibson en una entrevista). La duda que se plantea es si un mundo “corregido” por la intervención de un ente superior, ajeno, incluso perverso, puede crear un lugar más justo y mejor (o simplemente viable), o si las buenas intenciones no son suficientes. No todo el mundo desea que le impongan un futuro que no es el suyo.

Con todo, sigue siendo un tema interesante aunque no se baste por sí solo para sostener la novela. Cuando el extrañamiento pierde su fuerza, ya has descifrado las claves del universo planteado por Gibson y es el argumento el que tiene que tirar de la historia, ésta se enfanga en la típica y confusa trama gibsoniana de novela policíaca que a mí personalmente me resulta extremadamente cansina y de la que Gibson no quiere, o no puede, prescindir de una vez. Y los elementos que habían jugado hasta ese momento en favor de la novela se vuelven en su contra; la brevedad de los capítulos obliga a un excesivo desarrollo de la acción que acaba por afixiar la historia, lo que sumado a la acumulación de detalles descriptivos y personajes y situaciones muchas veces innecesarios, convierten la lectura de la segunda mitad de The Peripheral en algo francamente aburrido. Como Gibson es un gran observador del mundo que nos rodea no faltan ideas interesantes, como esa que afirma que “la Historia es pop” o los algoritmos bursátiles de alta frecuencia que acaban siguiendo sus propia dinámica independiente, ajena a las intenciones de sus diseñadores humanos. Ideas que conviven junto a otras algo más obvias, como la privacidad como artículo de lujo o la omnipresencia de drones. Pero no son suficientes para mantener el interés, incluso el propio Gibson parece cansarse del argumento, que acaba convirtiéndose en un estorbo hasta que finalmente el mcguffin se tira directamente a la basura en un final de coña que parece sacado de Los Vengadores (la serie británica); una reunión de villanos que encadenan a los héroes en una torre victoriana. Por no hablar de unos personajes que, como viene siendo habitual en las novelas post-Sprawl, no son especialmente carismáticos ni memorables; Flynne recuerda mucho a la Chevette de Luz virtual, Netherton es Case sustituyendo las anfetaminas por el alcohol, Lowbeer ha salido del mismo molde que Hubertus Bigend; el del magnate Virek de Conde Cero, el personaje cuasi omnipotente que proviene de un mundo anterior al presente de las novelas en las que aparece. La sobreabundancia de personajes secundarios convierten la historia en un incómodo vagón de metro en hora punta y no tienen demasiado interés: aparte de su papel como mecanismos de la trama, resultan perfectamente olvidables.

En fin, que yo quería que me gustase, de verdad. Pero como fan de toda la vida, me gustaría mucho más ver a Gibson atreviéndose a abandonar la zona de confort en la que se encuentra instalado desde hace ya demasiadas novelas, donde la repetición de técnicas, argumentos y personajes resultan ya demasiado evidentes. Que se adentrara aún más en el naturalismo de ciencia ficción que siempre ha buscado, quizá algo parecido a lo que cultivaran en su momento autores como Thomas Disch en 334 o incluso lo que hace ahora un discípulo como Tim Maughan. Que tuviera el valor de dar el salto y borrara de una vez el recuerdo de Neuromante.

The Peripheral (Penguin, 2014)
Tapa dura. 485 pp. 17,50€

8 pensamientos en “The Peripheral, de William Gibson

  1. Gran reseña, pardiez. Me temo, por lo que dices, que entonces es un hecho: Gibson ha perdido el toque. “Mundo espejo” me pareció su segunda mejor novela, precisamente porque algo había cambiado, pero las dos posteriores han ido en picado. La última ni la acabé. Una lástima.

  2. Muchas gracias, me alegro de que te haya gustado.

    Bueno, evidentemente el Gibson de Neuromante no volverá nunca, es lo lógico, la persona que escribió las historias del Sprawl ya no existe. Pero sí, podría haber intentado un cambio a lo Mundo espejo, después de las dos desastrosas últimas novelas de Blue Ant. Al principio parece que sí, y casi vuelves a creer, pero es como si The Peripheral se le hubiese ido de las manos y al final se la pega en lo de siempre, con el añadido además de la hipertrofia y la repetición.

    De todos modos yo no pierdo la esperanza de que se descuelgue con un novelón en el futuro, porque es un gran escritor y talento le sobra (después de Ancillary Justice, leer a Gibson fue como de pasar del sucedáneo de chocolate a los bombones Godiva). Es todo cuestión de que reflexionara y asumiera ciertos riesgos.

    Y ya en conversación de fan, Mundo espejo es mi tercera novela favorita (aparte de algunos relatos) porque tengo una enorme debilidad por Conde cero, que sería la segunda, casi la primera según el día.

  3. Yo, hasta “Historia cero”, me había leído todo lo de Gibson en solitario: las tres del Ensanche, las tres del Puente y las dos de lo que hasta ahora había llamado (según descubro en tu texto, equivocadamente) trilogía de Bigend, más “Quemando cromo”. ZH no la pude acabar. No digerí bien el cambio de traductor en los dos últimos. Para mí Gibson siempre ha sido cómo lo cuenta más que lo que cuenta, el viaje, y en estos me pareció que perdía todo el atractivo. Porque, encima, lo que cuenta en las dos últimas de Blue Ant no me interesaba en absoluto. Creo que es el único escritor de cf al que he seguido plenamente. “Neuromante” es de esa novelas que te atrapan de por vida, y comparto el gusto por “Conde cero”, De la segunda trilogía me quedo con “Todas las fiestas de mañana”.

  4. Bueno, puse “trilogía de Blue Ant” porque escribí sin pensar mucho, creo que lo leí por ahí, no sé cuál es el nombre “oficial” :). También tuve una temporada que a la trilogía del Ensanche la llamaba “trilogía del Finlandés”. Hablando de traducciones, te entiendo perfectamente, imagínate leer Neuromante con Finés en vez de Finlandés. O simplemente “el Finn”. Es como cuando murió el doblador de Homer Simpson y tuvieron que poner a un sustituto.

    Coincido contigo, probablemente sea el escritor de cf que he seguido con más devoción desde un lejano domingo de 1989 en el que me leí Neuromante de un tirón en una tarde y me estalló la cabeza. Yo venía de ser fan de Tolkien, Lovecraft o Ray Bradbury (aunque podría argumentarse que Gibson pone al día el lirismo de cf de Bradbury) y me marcó como lector (unos días más tarde me leí “La sombra del torturador” de Wolfe y ya fue el acabose). Yo creo que te atrapaba por esa poética tan potente que tenía, ese detallismo tan vívido que explico en la reseña, potenciado por aquella prosa tan lírica. Era tremendamente evocador, a mí me tenía alucinado. Y eso que la leímos con una traducción queeee…

    Conde Cero fue otra que me leí de un tirón en una noche, lo típico que te vas a la cama a leer y hasta que no la acabé, no paré. Lo que me gusta de Conde Cero es que creo que es la novela donde Gibson mejor logra ese naturalismo de cf; un suburbio sin futuro, las calles de París, la casa del hermano de Turner… Y eso que ya empezaba con las tramas flojeras, pero como dices tú, que el viaje era tremendo. En Mona Lisa Acelerada empiezan a verse síntomas de cansancio, pero bueno, no estaba mal. Ah, leí en no sé donde que para después de Neuromante tenía planeada una space opera, pero que al petarlo, se decidió por una continuación. Joer, eso sí que es todo un WHAT IF… porque me imagino un “Regiones apartadas” ampliado y me derrito y me muero.

    De la trilogía del Puente coincido, la mejor es Todas las fiestas, es que formalmente esa novela es brutal, y eso que no recuerdo nada del argumento, jajaja. Luz virtual no es que no me gustase, es que me llevé un disgusto y todo. Idoru se me ha olvidado completamente.

    Sí, Mundo espejo es estupenda, da un cambio de estilo, de tono, de todo y le sienta fenomenal, hasta el final está bien. No tiene aquel aliento poético de las historias del Ensanche, pero casi mejor. Las otras dos no las he leído, en los comentarios de tu reseña de País de espías me dijiste que era todavía peor que Luz virtual y no quiero pasar por eso otra vez. De Historia Zero leí críticas en medios guriis que eran muy condescendientes y eso me jode muchísimo, así que me abstuve.

    Del resto he leído todo lo que he podido, desde The Difference Engine hasta el guión de Aliens que rulaba por la red. Me falta el libro de artículos pero quizá se haya quedado pelín desfasado. Ah, y el guión que hizo para Expediente X, que tampoco lo he leído.

    En fin, que vaya brasa, parece que he escrito la reseña de The Peripheral como excusa para soltar todo este rollo en los comentarios. Lo cual es absolutamente cierto.

  5. Pues este ha sido mi primer libro de gibson. No lo conocia hasta ahora. Me ha costado mucho entrar en la historia. He tenido que releer 50 paginas porque mis interpretaciones eran erroneas. A mi me gusta que las cosas tengan explicacion. Y este señor se fuma las explicaciones. Mete personajes y conceptos hasta medio libro. No puedo asimilar la historia si no para de introducir elementos nuevos y desconocidos. Y ademas que tonteria es esa del jack pot. Como se le ocurre poner un nombre de loteria a lo que paso. Y no hablemos del muñon. Algo que ver con un muñon? Por no hablar de los mini capitulos. Absurdo ser incapar de dar un poco de continuidad a la narracion. Narracion? Pero si es inexistente! Descripciones eternas y aburridas de los pendientes de Flyne. “Se levanta da un paso abre la puerta que es verde y debio ser pintada con pintura del muños de Lev ( quin es Lev?)” SOCORRO!
    Mi primer y ultimo libro de Gibson. Bye

    • No he leído esta novela y, después de leer la opinión de Alfonso o la tuya, se me han evaporado las ganas. Aunque creo que Gibson tiene libros que bien merecen una lectura. No ya por obras tan conocidas como Neuromante o sus relatos de Quemando cromo. Tiene una novela que ha ido ganando enteros en mi recuerdo por cómo nos acerca al emergente mundo de la cultura popular en los tiempos de internet, los fenómenos virales y el nacimiento de nuevas mitologías: Mundo espejo (Pattern Recognition). Pocas narraciones puedes encontrar tan elocuentes a la hora de describir el extrañamiento de nuestro presente. Si la encuentras, dale una segunda oportunidad.

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