Leyendas

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La contraportada de esta voluminosa antología informa al lector de que «Leyendas reúne once novelas cortas inéditas creadas por los escritores más aclamados de la fantasía moderna, cada una de ellas ambientada en el universo emblemático que le ha proporcionado fama mundial». Partiendo de tan singular premisa, y dada la heterogeneidad argumental, estilística y de intenciones de cada autor incluido, es lógico que las expectativas creadas sean luego muy difíciles de satisfacer, al menos de forma completa. La calidad narrativa, el desarrollo y/o ampliación de tramas y personajes, el descubrimiento de detalles relevantes de cada serie y la aparición de otros nuevos, difieren tanto de un universo a otro como disímil es el público objetivo de este libro: seguidores fieles de una saga, lectores adolescentes y/o maduros aficionados a la fantasía de calidad.

De hecho, la idea de que un lector ajeno a una determinada saga pueda hacerse una idea sobre la misma leyendo la correspondiente novela corta no siempre se cumple –varias novelas son desarrollos paralelos, muy alejados de la trama principal–. Lo cual no quiere decir que se trate necesariamente de meros «encargos alimenticios» sin valor literario, o que el autor se limite a una revisitación complaciente de escenarios, historias y personajes, aunque evidentemente de todo podemos encontrar en el libro. En todo caso, se puede afirmar sin temor a equivocarse que, salvo notable excepción, se ha desaprovechado la ocasión para extender o ampliar las líneas maestras de todas estas sagas, bien porque su creador haya preferido guardarse las mejores bazas para un próximo libro, bien por tratarse de un filón ya completamente agotado.

En realidad, se trata del segundo volumen de similares características seleccionado por Robert Silverberg, tras Leyendas negras (Debolsillo, septiembre 2000), o tercero, si tenemos en cuenta una iniciativa similar en el terreno de la ciencia ficción: Horizontes lejanos (La Factoría de Ideas, Solaris Ficción nº 6, diciembre 2000). La mayor parte de estos universos son bien conocidos por el aficionado español; no obstante, Silverberg se encarga de presentar personalmente cada uno –un resumen más argumental que crítico–, al tiempo que la edición española enumera los volúmenes publicados –pese a que deberían aparecer todos, incluso los inéditos, obviando además citar la editorial y fecha de publicación–. Once historias muy diferentes, desde fantasy a fantasía épica, de fantasía oscura o histórica a cyberpunk, algunas de las cuales satisfacen más los criterios formales que los temáticos de género, dando lugar así a narraciones profundamente realistas en donde los elementos fantásticos muchas veces brillan por su ausencia.

Por último, es de rigor agradecer a la editorial el esfuerzo de publicar en volumen único esta monumental recopilación. Un libro bien editado que cuenta con una traducción eficiente –no exenta de algunas erratas y errores gramaticales, todo sea dicho– que, además, ha sabido respetar las convenciones de cada serie. Pese a su elevado precio, posee un excepcional ratio páginas/euro, especialmente si tenemos en cuenta su reducido tipo de letra. Por tanto, quizás no sea éste un libro para leer de continuo hasta la conclusión, máxime cuando las historias, independientes, permiten alternarlo con otro tipo de lecturas sin ningún problema. Ventajas e inconvenientes de una obra que, aunque no sea superior a la suma de sus partes, supone una buena oportunidad para dejarse sorprender por la magia de algún nuevo escritor.

“Regreso al hogar”, de Robin Hobb
Serie: Los Seis Ducados ó El Reino de los Vetulus

En esta novela tangencial, Lady Carillion Carrock relata en su diario personal las vicisitudes de su duro exilio en los Territorios Pluviales, tras la inculpación de su marido en una conspiración contra el sátrapa de la ciudad de Jamaillia. La vida en el asentamiento selvático transcurre entre privaciones, penurias y calamidades, hasta que en las inmediaciones se descubren las ruinas de una antigua ciudad, un lugar poblado de espíritus de tiempos remotos que emana una magia insana.

Robin Hobb es una autora que sorprende por su alta calidad narrativa. No sólo despliega todo tipo de recursos para dotar de profundidad y consistencia real a personajes, historia y entorno -un escenario que recuerda mucho a la colonización forzosa de Australia por parte de contingentes penales procedentes de la Inglaterra del siglo XIX-, sino que enriquece el relato con un lenguaje adecuado a época y contexto –véase el vocabulario marinero– y una caracterización especialmente brillante de la protagonista, una mujer atormentada por las circunstancias que le tocaron en suerte y cuya evolución personal queda perfectamente plasmada en el citado diario. Lady Carillion se rebela contra la adversidad –embarazada, con un marido maltratador y unos compañeros de infortunio que la desprecian– para erigirse en una auténtica madre coraje, dejando atrás orgullo y prebendas de refinada dama de alta sociedad para encabezar con su fortaleza moral e inteligencia natural una pequeña comunidad de desarrapadas mujeres y niños, ajena al egoísmo materialista de los hombres.

“Regreso al hogar” es un relato de fantasía dotado de un trasfondo de ciencia ficción, algo bastante habitual en la fantasía moderna. Los personajes interpretan las maravillas que encuentran a su paso en clave de magia, pero el lector no tendrá problemas para interpretar las pistas de forma mucho más clara.

“La espada del juramento”, de George R. R. Martin
Serie: Canción de Hielo y Fuego

Son tiempos duros pese a vivir una época de relativa paz. La pertinaz sequía provoca continuos conflictos armados, como el que enfrenta al viejo caballero Ser Eustace con una joven aunque poderosa viuda por el uso del agua de un pequeño arroyo fronterizo. Un enfrentamiento desigual que obliga a Dunk, caballero errante al servicio del orgulloso noble, a intentar hallar una solución de compromiso que evite el derramamiento de sangre.

Sin apenas esfuerzo, Martin vuelve a demostrar su talento como experimentado narrador de historias. Un texto que carece en su mayor parte de esa particular magia que impregna su famosa saga épica pero en el que, pese a todo, destacan la caracterización de personajes –como Ser Eustace, un viejo caballero empobrecido y al borde de la locura, que recuerda en muchos aspectos a nuestro Don Quijote– y los afilados diálogos, especialmente por parte del lenguaraz, falso y pendenciero Bennis. Un lance definitivamente menor, que incluye una bonita historia de amor y sirve de excusa para rememorar una antigua batalla, la que dirimió la suerte del reino y por la que el viejo caballero tomó partido por el bando equivocado.

La reina del Yazoo, de Orson Scott Card
Serie: Alvin Maker

Alvin y su dicharachero amigo mulato Arturo Estuardo se encuentran en el puerto fluvial de Ciudad Cartago, un enclave esclavista. Desean viajar al sur y embarcan en La reina del Yazoo; en plena travesía, un abogado llamado Travis invita a Alvin a acompañarle en una expedición en busca de oro a tierras de los sanguinarios mexicas. Alvin tiene la habilidad de cambiar el interior de las cosas y los hombres, su «fuego interior», pero no desea meterse en problemas porque cambiar las cosas no es, a la larga, tarea fácil; pero su pupilo no opina lo mismo, e idea un plan para liberar a los esclavos que viajan en el barco.

Relato largo más que novela corta… afortunadamente, porque se trata de una historia absolutamente vacía de contenido y completamente decepcionante, que desaprovecha el rico escenario establecido. Una narración soporífera y sin gracia pese a los continuos guiños cómplices –p.e. Abraham Lincoln y Andrew Johnson son «primastros políticos» que viajan en una balsa a la deriva–, plena de hueca palabrería y diálogos interminables que denotan una falta de imaginación preocupante. Cualquier recurso parece válido con tal de alargar el texto hasta el límite prefijado, a costa de romper el ritmo y llenar la obra de pasajes absurdos. Un texto, por otra parte, sin revisar, con muchos hilos sueltos y donde ni siquiera se explica el motivo del viaje de ambos personajes.

“Lord John y el súcubo”, de Diana Gabaldon
Serie: Forastera

Septiembre de 1757. Lord John sirve de enlace entre el regimiento inglés acuartelado en tierras prusianas y sus aliados durante la Guerra de los Siete Años. Dos soldados han muerto en lo que parece el ataque de un súcubo, lo que sume a la tropa y población civil en un estado de alarma permanente. En paralelo, la vida privada del militar transcurre entre continuos sobresaltos: hospedado en el castillo Lowenstein, la princesa –casada y con un hijo pequeño– intenta continuamente seducirlo, ante la atenta mirada de su homólogo prusiano, el noble capitán Von Namtzen, por quien a su vez suspira el inglés.

Diana Gabaldon escribe una de las historias más sorprendentes del volumen, y no precisamente por razones argumentales. Una ficción histórica perfectamente encuadrable dentro del subgénero de la novela romántica pero cuyo personaje principal –magistralmente caracterizado- es un varón homosexual (1). La escritora americana demuestra ser una de las mejores estilistas del conjunto, destacando por su elegancia narrativa, riqueza descriptiva y lenguaje cultivado, a lo que suma la plasmación de un trasfondo histórico-político verosímil gracias a una eficiente labor de documentación. Pese a todo, los inicios de la novela son bastante lentos (2), incluso pesados, y la excusa argumental –porque de eso se trata– está muy por debajo de su ejecución formal. Felizmente, a mitad de relato éste adquiere ritmo, irrumpe el fino humor –la autora se ríe de algunos detalles especialmente morbosos de su propia historia– y toman protagonismo personajes que enriquecen la historia con nuevas subtramas: misterios sobrenaturales, oscuras relaciones familiares, infidelidades, un secuestro y, por supuesto, un ingenioso plan que engloba todo ello.

(1) El prólogo se encarga de presentar así al personaje, lo que evidentemente clarifica muchas situaciones ambiguas pero igualmente hace perder toda su gracia al juego de equívocos.

(2) Por ejemplo, se evita indicar la existencia de un mordisco en uno de los cadáveres… ¡hasta la página 50, de 70!

“El libro de los cambios”, de Robert Silverberg
Serie: Majipur

El príncipe Aithin Furvain, ocioso hijo menor del Pontífice de Majipur, permanece recluido en la fortaleza del bandido Kasinibon en espera del pago del rescate. El captor conoce su obra como poeta y le propone aprovechar el encierro para ultimar la gran obra por la que será eternamente recordado: “El libro de los cambios”, un largo poema que narre la historia planetaria.

El seleccionador de la presente antología incluye la que sin duda es peor narración de las once publicadas. Una historia aburrida y sin garra, mal escrita, autorreferencial y repleta de clichés y lugares comunes. Páginas y páginas de vana palabrería que, acaso, demuestran el declive definitivo de Silverberg como autor de primera fila, tras fiascos como Roma eterna. Parte de un presupuesto ridículo –nada menos que la existencia de un castillo feudal en una región inexplorada… a sólo 10 días a pie de la capital planetaria y tras diez mil años de colonización de un mundo habitado por billones de personas–; el desparpajo empleado en personajes como Kasinibon resulta burdo, los diálogos ampulosos que ensalzan las innumerables maravillas del planeta –o la excelsa lírica del reo– nunca se concretan, y la historia termina por naufragar en medio del tedio más absoluto. Una revisitación sin el menor valor añadido del escenario planteado en anteriores novelas.

“El chico muerto más feliz del mundo”, de Tad Williams
Serie: Otherland

Orlando lleva tres años oficialmente muerto. Amargado por no poder retornar al mundo físico ni evolucionar como “persona” más allá de acumular experiencias virtuales, pasa el tiempo visitando diferentes simulaciones. Es el chico muerto más feliz del mundo, pues puede experimentar todo tipo de aventuras sin el mínimo riesgo para su integridad física, o interactuar con amigos como Sam, de la que cree sentirse enamorado. Pero hay algo vivo en el núcleo y tiene sus propios planes.

Otherland es un universo con más que sospechosas coincidencias con Matrix (1999), aunque el primer libro de la saga fuese publicado tres años antes. Una suerte de País de las Maravillas donde todo es posible sin atender a lógica alguna, un entretenimiento ligero y olvidable con estética de videojuego y abundantes chistes de cara a la galería, ideal para un tipo de lector adolescente poco proclive a la lectura. Tad Williams desarrolla una historia lineal sin complicaciones, que repasa los principales argumentos y personajes de la serie hasta llegar a un desenlace de cierto interés, ideal para un relato breve pero no para la extensión de novela corta.

“Más allá del medio”, de Anne McCaffrey (Pern)
Serie: Pern

Moreta, la jinete de dragón más famosa de todo Pern, abandona por unas horas sus obligaciones para distribuir una vacuna contra la plaga en unas granjas alejadas. Cansada por la larga misión, y montando un dragón ajeno, comete un error imperdonable y se extravía en el “medio”, una dimensión de la que nadie ha retornado jamás.

La saga de Pern es un ejemplo paradigmático de cómo un escenario sugerente se malogra por las carencias de una autora mediocre. Esta historia, previsible, autorreferencial y plagada de huecas divagaciones en medio de largos diálogos, recurre al multiperspectivismo para alargar una anécdota que apenas daba para diez páginas. Un texto pésimamente estructurado, desarrollado y narrado, que reproduce estereotipos obsoletos hace 30 años. Además, el prólogo desvela absolutamente todos los desenlaces de los libros. Una decepción total.

“El mensajero”, de Raymond E. Feist
Serie: La Fractura

Tras siete años de escaramuzas, la guerra se estanca sin avances apreciables. El crudo invierno se deja sentir, y las tropas acuarteladas en las montañas del Reino de las Islas reciben orden de retirada hasta que la primavera vuelva factible la lucha. El cometido de avisar a las posiciones avanzadas del frente es encomendada a Terrance, un joven mensajero. Justo entonces, el enemigo emprende un ataque a gran escala y el muchacho, agotado, enfermo y sin apenas tiempo para retornar e informar al grueso de las tropas del peligro, ha de emplear su ingenio para llevar a buen término su misión.

Nuevo escenario bélico –tercero–, completamente realista salvo por el trasfondo futuro narrado en el prólogo. Aunque de estilo menos elaborado que el de Hobb ó Gabaldon, Feist posee dotes de narrador competente: descriptivo y prolijo en detalles de ambientación, realiza un vívido retrato del mundo castrense, centrándose en la personalidad del joven mensajero del que realiza un más que aceptable cuadro psicológico. Una trama plena de acción y emoción.

“Umbral”, de Elizabeth Haydon
Serie: La Sinfonía de las Edades

Tiempo atrás, una estrella ardiente cayó en el mar sembrando el caos y la destrucción. Ahora, el rey de Serendair ha tenido una visión en la que el fuego del cielo emerge de la faz de las aguas para destruir definitivamente la isla. Se decreta entonces el éxodo al continente, tres grandes flotas que transportan a humanos y resto de criaturas inteligentes a una nueva esperanza de futuro. En Serendair sólo quedan ya los incrédulos y los olvidados, además de cinco miembros de la Guardia Real con misión de mantener la autoridad del rey hasta el instante final; entre ellos Héctor (1), hijo de un noble. Cuando los signos del cataclismo que se avecina son cada vez más evidentes, llega a puerto un barco portador de noticias. Además, un anciano pescador cree haber encontrado una forma de evitar la devastación.

Esta autora –y van tres– supone en mi caso una nueva y agradable sorpresa. Haydon logra superar un aburrido y lento preámbulo para ofrecer una narración progresivamente más sólida, épica e interesante, en la que destaca la dosificación de la información, la coherencia interna (2) y el carácter lírico que adquieren finalmente algunos personajes, especialmente Héctor. Un tono crepuscular preside la obra, que desarrolla un drama con la madurez y humanidad necesaria, aunque en algún momento incurra en el carácter folletinesco. Un relato apenas fantástico –salvo en su tramo final–, donde se echa bastante de menos la presencia de un mapa.

(1) Nótese la elección del nombre, en clara referencia al responsable de la defensa de Troya en la epopeya de Homero.

(2) Pese a un significativo desliz: el cetro del rey ocupa un importante papel en los acontecimientos; pero, si simboliza el poder real ¿por qué no se lo llevó el rey consigo?

“El monarca de la cañada”, de Neil Gaiman
Serie: American Gods

Shadows recorre Europa, hasta que su deambular errático le conduce a la costa norte de Escocia, un paraje desolado en armonía con su vacío interior. En el modesto hotel donde se hospeda, alguien le ofrece trabajo como guardia de seguridad de una fiesta privada y, una vez allí, las sospechas no hacen sino acrecentarse: demasiadas cosas carecen de sentido, como el motivo de contratar a un vagabundo cuando el lugar cuenta con equipos profesionales para proteger a los poderosos que se congregarán por razones ignotas.

Neil Gaiman aporta la única historia que transcurre en nuestro presente. Un relato que muestra un universo cotidiano poblado de dioses, seres míticos y otras criaturas oníricas, con anhelos y miserias tan mundanos como los de los hombres. El americano emplea un estilo directo cuya fuerza reside en el dinamismo de los diálogos y la dimensión mítica de la historia de fondo –rememora un hecho acontecido mil años atrás–; fusión de fuentes pasadas y presentes que salpica con visiones producto del subconsciente y algunas notas de horror explícito. Una narración extremadamente visual, que sin duda refleja la idiosincrasia del pueblo americano, y deja sin cerrar –como la vida misma– hilos, acciones, destino de personajes, etc.

“Indómito”, de Terry Brooks
Serie: El Cantar de Shannara

Jair recibe la visita de su amiga Kimber Boh, quien le suplica se entreviste con su abuelo. El viejo maestro le confirma que una de las páginas del libro negro escapó a la destrucción, y debe retornar a la fortaleza donde los horribles mwellrets le retuvieron preso para terminar el trabajo.

Terry Brooks escribe un fantasy vulgar que recurre sin sonrojo a los estereotipos habituales del subgénero –el clan familiar con poderes mágicos, el maestro druida, malvados seres reptilescos y, sobre todo, la pareja adolescente con la que el lector, también adolescente, puede empatizar–, pero cuyo estilo maduro y finalidad transgresora (la magia puede ser peligrosa al sacar a la luz el lado oscuro del alma) consiguen interesar al lector adulto. Pese a todo, sigue siendo un ejercicio autorreferencial destinado al seguidor incondicional de la serie, lento y con unos prolegómenos insustanciales que ocupan la mayor del relato hasta la única y decisiva escena de acción final.

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