Evenmere, la gran mansión, de James Stoddard

Evenmere

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La magia en las casas viejas, en las grandes mansiones, se ha tratado de diversas maneras dentro de este pequeño mundo que es la literatura fantástica. Unas veces para sembrar el terror puro y duro como la malsana Mansión Belasco recreada en el clásico La casa infernal de Richard Matheson; otras para incorporar un argumento quizás más próximo a la ciencia ficción –el magnífico cuento, “La casa del doctor Pétalo” de César Mallorquí es un buen ejemplo–; en cambio en ocasiones estos caserones enigmáticos son tratados desde un punto de vista más fantástico, más irreal y mágico. Los pasadizos y las sombras esconden secretos magníficos y las puertas no siempre dan a habitaciones cerradas. El propio autor dedica esta novela a obras como Las crónicas de Narnia o Gormenghast. Las influencias, pues, están ahí y no se esconden. Al final del libro se encuentra un completo artículo de Arturo Villarubia sobre las obras que han influido y encaminado a James Stoddard a la creación de Evenmere, la gran mansión. La cuestión es que Stoddard ha sabido cultivar muy bien la faceta de la casa fantástica en un argumento con elementos clásicos que beben de las mencionadas fuentes y de otras más novedosas, a veces irreales, pero que entran con una facilidad pasmosa en nuestros cerebros.

Evenmere es un gran misterio. Unos dicen que fue construida por Dios, otros que controla el destino de centenares de mundos, incluso del universo entero. Para Carter Anderson es el hogar donde vivió de pequeño, al lado de su padre y de sus criados y para él sólo es un lugar donde jugaba hasta que, por su seguridad, fue exiliado al exterior, en el mundo real.

Las aventuras de Carter Anderson serán de cariz iniciático: parecen una nueva versión modernizada y más adulta de Alicia en el País de las Maravillas. Carter tendrá que entender el funcionamiento de la mansión, su esencia, hacer frente a los miedos de la infancia y combatir el caos. Porque el mismo universo puede correr peligro ahora que la corriente anarquista –paradójicamente representada por un policía– está tomando el control de diversos reinos integrados en el interior de Evenmere. Una lucha entre el Bien y el Mal que esta vez cambian de nombre para convertirse en el Orden contra la Entropía, o, lo que es lo mismo, la anarquía y el desorden. Y estas dos fuerzas de la naturaleza confluyen en un punto determinado, la mansión de Evenmere, donde su señor tiene que mantenerlas en equilibrio. El problema es que el señor hace años que ha desaparecido dentro de la casa.

Stoddard plantea un argumento complejo, escrito con buenas palabras y con una prosa muy franca. Aporta unas pequeñas pinceladas de la niñez de Carter pero hasta el retorno de su exilio no comprendemos la importancia real ni el alcance que tiene la mansión. Posee centenares de pasadizos secretos y de puertas que te llevan a otros mundos, a otras partes de la casa, aparentemente extendiéndose hasta el infinito. La mansión se despliega hasta donde la imaginación de Stoddard es capaz de llegar. Así pues, el gusto por lo desconocido y el misterio están servidos y si encima encontramos a un personaje que va perdido y que tiene que descubrir los secretos que anidan en Evenmere el sentido de la maravilla y la aventura cobran forma y se convierten en protagonistas.

La fantasía se mezcla con la metafísica, los corredores y los pasadizos conducen a menudo hacia más preguntas, que no a obtener respuestas. Los escasos personajes que pueden resolver el misterio, caso del genial Jormungand, el dinosaurio-dragón del ático, no tienen especiales ganas de concretar sus ambiguos discursos. Todo esto puede hacer pensar que la mansión de Evenmere, la verdadera protagonista de la novela, es una alucinación caprichosa de un autor seguidor de Dick, pero no es así. Las explicaciones de los porqués no vienen al caso cuando podemos disfrutar de una aventura fantástica como ésta.

A pesar de la extrema desmesura de sus planteamientos, el argumento está bien ligado ya que el autor realiza grandes esfuerzos por dotar de coherencia la historia. Sin embargo a veces parece poseer un estilo cargante y barroco, pero pronto nos damos cuenta de que eso no es cierto y que las descripciones de las innumerables salas, las imágenes a veces incomprensibles que nos llegan, fluyen y son aceptadas por nuestra mente con toda facilidad. Parece que la misma prosa del autor se adapte a nuestras expectativas, como la misma casa.

Muy recomendable, pues, para todos aquéllos que deseen disfrutar de un sentido de la maravilla que tenían olvidado con una historia singular que a buen seguro obtendrá en la mente del lector un rincón, un espacio propio donde ser recordada.

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