Todo lo que muere, de John Connolly

Todo lo que muereEl detective Charlie “Bird” Parker ha abandonado el departamento de policía de Nueva York tras la muerte de su mujer y su hija a manos de un asesino en serie: El Viajero. Alcohólico en fase de secano, sus antiguos compañeros lo tienen por un jugador solitario de alguna manera responsable de la muerte de su familia. Él arrastra ese bagaje como un náufrago amarrado a un lastre y está en un imposible proceso reconstrucción interior durante el cual realiza pequeños “trabajitos”. Después de sobrevivir a uno que termina con cadáveres de por medio, es contratado por una mujer para encontrar a la novia de su hijastro; un tipo relacionado con una familia mafiosa tras la cual andan la policía y el FBI. Ahí arranca una investigación con insospechadas ramificaciones que le terminará llevando a reencontrarse con el responsable de su purgatorio.

Al inicio de Todo lo que muere, John Connolly entremezcla el “presente” de Parker con una serie de escenas donde se recuerda el asesinato de su familia: el descubrimiento de los cadáveres, el informe del forense o el interrogatorio al que fue sometido. Un encadenamiento que sirve de excelente presentación tanto del personaje como de su gran conflicto interno. Después llega un remanso en la forma de una narración más convencional; la presentación de los personajes participantes en la trama criminal de la primera mitad de la novela y los lugares de los que han surgido o en los que han medrado, a través de los diversos encuentros de Parker, siguiendo una estructura muy marcada. Por fortuna, esa “automatización” del relato se desvanece cuando “Bird” abandona la ciudad y viaja hasta la Virginia rural para investigar la desaparición en el pueblo de origen de la desaparecida. La narración se vuelve más dinámica, los hechos se suceden a un ritmo creciente y se acumulan las revelaciones (y los cadáveres) hasta llegar el primer gran clímax. La resolución de ese primer caso y el engarce con el segundo, a desarrollar desde el ecuador hasta el final de Todo lo que muere.

Y donde todo parecía conducir a una narración de misterio más con toques de novela negra y terror, comienzan a vislumbrares detalles que te hacen comprender mejor el entusiasmo que despierta. Cómo cobra volumen su protagonista a medida que revela sus dudas, sus fortalezas y sus debilidades; cómo crecen los secundarios a través de sus historias personales; pero, sobre todo, cómo bajo la epidermis se comienza a indagar el origen del “mal” y el por qué de ciertos crímenes; las posibles causas que arrastran a una persona a los terrenos más oscuros de la moral. Esa inmensa gama de grises que existe entre lo ético y lo inmoral, y el vacío que se vislumbra en las proximidades del extremo más terrible. Una búsqueda que conecta las dos grandes historias contenidas en Todo lo que muere.

John ConnollyEsta exploración se inicia al intentar comprender la motivación de los sádicos crímenes de El Viajero, y se realiza bien a través de los recuerdos de Parker, mientras rememora alguna vivencia de sus días como policía o algún acto oscuro de su pasado, bien mediante las anécdotas surgidas en las conversaciones con el resto de personajes. Un monólogo y unos diálogos lejos del cinismo perpetuo del Bernie Gunther de Philip Kerr o la efervescencia continua de cualquier novela de Elmore Leonard, bastante más contenidos pero sin sacrificar esos brillantes estallidos de ironía tan necesarios en este tipo de historias.

Sí que en algunas partes, sobre todo en los pasajes descriptivos, se me ha hecho un tanto rutinario. Además ciertos elementos de la trama no me han parecido del todo convincentes. En la novela hay algún pequeño elemento sobrenatural, interesante para dar color a la trama pero, en mi caso, un tanto molesto cuando se utiliza para conectar elementos de la investigación criminal cuando se está en un callejón sin salida.

Todo lo que muere es una novela brillante con buenos personajes y un tema subyacente más allá del misterio planteado. Una narración notable que arroja una tétrica luz sobre el proceloso mar de la oscuridad humana, con una violencia soterrada que me ha recordado a las dos grandes obras de Thomas Harris: El dragón rojo y El silencio de los corderos. Antes de final de año espero leer la segunda novela de la serie, El poder de las tinieblas. Tiene pinta de ir a más.

Todo lo que muere (Tusquets, col. Andanzas 531, 2004)
Every Dead Thing (1999)
Traducción: Carlos Milla Soler
Rústica. 432 pp. 18,27 €
Ficha en la web de la editorial

2 pensamientos en “Todo lo que muere, de John Connolly

  1. Me alegra que te haya gustado. 🙂 El primer tercio se me hizo algo pesado, pero en conjunto me parece una novela notable.

    Las saga va a más, el estilo mejora y depura errores como los que comentas. Las tres siguientes novelas y “Los amantes” son muy buenas. Aunque, eso sí, los elementos sobrenaturales cogen fuerza.

    • Quizás entonces me molesten menos. No soy muy puntilloso con el tema de los deus ex machina, pero cuando la presencia del elemento fantástico es tan “sutil” como aquí me cuesta aceptar su presencia; me sabe a recurso argumental para dirigir al protagonista en la dirección correcta. Pero tampoco es algo que me moleste demasiado cuando la novela es tan buena como esta.

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